Los diputados de la bancada nicaragüense en el Parlamento Centroamericano (Parlacen) presentaron el lunes 8 de abril el informe de su “trabajo” más reciente, en el cual destacan sus esfuerzos para incorporar al parlamento (Duma) de Rusia como observador permanente extrarregional. Así lo informó LA PRENSA este miércoles 10 de abril.
El Parlacen, de acuerdo con su reglamento, tiene dos clases de observadores, permanentes y originarios. Los “permanentes” son los parlamentos de Estados fuera de la región centroamericana, que actualmente son los de México, Venezuela, Puerto Rico, Marruecos y China, que por la propuesta de Nicaragua desalojó a Taiwán en 2023. Y los observadores “originarios” son el Parlamento Europeo (PE), el Parlamento Latinoamericano (Parlatino) y el Parlamento Andino.
Pero, ¿a qué se debe el empeño de la dictadura de Nicaragua para incluir a Rusia, además de China, entre los observadores permanentes en el Parlacen? Obviamente es por su afinidad ideológica con las grandes potencias autoritarias que avanzan con su penetración en el hemisferio occidental a fin de desplazar la influencia de Estados Unidos y del Occidente democrático.
Lo que no está claro —porque en los informes del Parlacen no se dice nada de eso— es el beneficio específico y material de la presencia de los observadores permanentes en general.
En realidad, el mismo Parlacen que fue creado hace más de 30 años, en octubre de 1991, por sí mismo no ha reportado ningún beneficio tangible a Centroamérica. Lo que ha creado es mala fama, pues se le considera —y en efecto lo es— un refugio privilegiado de exgobernantes corruptos y premio de consolación, pero muy bien pagado económicamente y con inmunidad, para políticos de oficio que no alcanzan en las planillas de diputados nacionales.
La inutilidad del Parlacen más su mala reputación política es la razón principal por la cual Costa Rica y Belice han rehusado integrarse en ese elefante blanco parlamentario. Costa Rica claramente ha rechazado las invitaciones a integrarse en el Parlacen con múltiples razones políticas, económicas, técnicas y éticas, entre ellas la de que los salarios de los diputados son demasiado altos y que el nombramiento de los expresidentes de la República al terminar sus periodos, con los altos sueldos y la inmunidad que llevan consigo, se presta para fomentar y proteger la corrupción.
Sobre tales privilegios monetarios el periódico salvadoreño La Prensa Gráfica informó oportunamente que a principios de 2013 los diputados del Parlacen decidieron “soberanamente” incrementar su propia remuneración al equivalente de 5 mil dólares, mil de ellos para gastos de representación.
El Parlacen dice en su página oficial que “promueve una concepción comunitaria de la integración centroamericana y rechaza la tendencia de realizarla como un proceso intergubernamental… Propugna una concepción integral del desarrollo y la integración de Centroamérica para el beneficio de los pueblos en las esferas política, económica, social y cultural, y no comparte las tendencias economicistas que reducen la integración a sólo el intercambio libre de comercio”.
Pero en la realidad lo que se ve es el “economicismo” de los parasitarios diputados parlacénicos, que disfrutan de excelentes sueldos, viáticos e inmunidad a cambio de hacer nada. Y como añadidura, el Parlacen es utilizado como un instrumento político para facilitar la penetración maligna de las grandes potencias autoritarias y hegemonistas de China y Rusia.