El sábado 6 de abril el régimen de Nicaragua rompió relaciones diplomáticas con Ecuador, al calificar como “flagrante violación al derecho internacional” el allanamiento policial de la Embajada de México en la capital ecuatoriana ejecutado en la medianoche del viernes anterior.
¿Ideay? ¿Acaso lo que ha hecho el Gobierno de Ecuador en la Embajada de México no es lo mismo que hizo el régimen de Nicaragua en diciembre de 2021, cuando se apoderó mediante la fuerza policial de la sede de la Embajada de la República de Taiwán en Managua, confiscó la propiedad y luego se la dio a China comunista con la que estaba comenzando relaciones diplomáticas?
¿Y no fue igual lo que hizo en abril de 2022, cuando allanó policialmente la sede de la OEA y confiscó después el edificio? En realidad, lo de la OEA fue peor porque una Embajada es parte del territorio solo del país que la ha acreditado, pero una misión de la OEA lo es de todos los países que integran la organización hemisférica.
El Gobierno de Ecuador alega que allanó la Embajada de México para capturar a Jorge Glas, el exvicepresidente ecuatoriano que se había refugiado en esa sede diplomática para escapar de la justicia que lo condenó por delitos comunes de corrupción. El Gobierno de México le concedió asilo a Glas, pero el Gobierno de Ecuador no lo reconoce como perseguido político, sino como un delincuente común que estaba prófugo de la justicia.
Es bien sabido que el derecho de asilo no aplica para perseguidos por delitos comunes. Pero quien califica si la solicitud de asilo es por motivos político o no, es el gobierno del país que debe o no otorgar la protección.
Por otra parte, la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas establece en su artículo 22, numeral 1, que las sedes de las misiones diplomáticas “son inviolables” y que “los agentes del Estado receptor no podrán penetrar en ellas sin consentimiento del jefe de la misión”. Todos los Estados partes de esta Convención están obligados a respetar esa disposición. De manera que cualesquiera que sean las razones que invoque el Gobierno de Ecuador para justificar el allanamiento de la Embajada de México, la verdad es que ha violado el derecho universal de inviolabilidad de las sedes diplomáticas.
Por lo tanto es comprensible la reacción airada del Gobierno de México ante el allanamiento de su embajada en Quito. Y se entiende también que condenen por eso a Ecuador los demás gobiernos latinoamericanos, a la cabeza los de izquierda, tanto la autoritaria como la democrática.
Lo que no se explica y menos que se justifique, es que no hubiera la misma reacción cuando el régimen de Nicaragua allanó la sede de la OEA en Managua, que como cualquier embajada estaba amparada por la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas y en particular lo que manda el artículo 22 numeral 1 antes citado.
Pero además, con igual fuerza de derecho internacional existe un Acuerdo sobre Privilegios e Inmunidades de la Organización de los Estados Americanos (OEA), cuyo artículo 3 determina que “los locales de la Organización y de sus Órganos serán inviolables. Sus haberes y bienes, en cualquier parte y en poder de cualquier persona, gozarán de inmunidad contra allanamiento, requisición, confiscación, expropiación y contra toda otra forma de intervención, ya sea de carácter ejecutivo, administrativo, judicial o legislativo”.
Nicaragua ya no es parte de la OEA, dejó de serlo por decisión de sus gobernantes en noviembre de 2023. Pero cuando la sede de la OEA en Managua fue allanada por la fuerza policial y luego confiscada, todavía era Miembro de la Organización y el régimen tenía la obligación de acatar el mencionado instrumento de derecho internacional americano.
Cabe recordar que expertos independientes en derecho internacional dijeron en aquella ocasión que habría “profundas repercusiones” para el Estado de Nicaragua por el atropello cometido contra la sede de la OEA. Pero la verdad es que no las hubo, ni profundas ni superficiales, porque los gobiernos de México y demás países que ahora claman contra el allanamiento de la Embajada mexicana en Ecuador, ante lo ocurrido en Nicaragua “se hicieron los de a peso”, como se dice coloquialmente de aquellos que fingen no ver lo malo que ocurre para no asumir responsabilidades.