Terremoto y ejemplaridad de Taiwán

El terremoto de 7.2 grados en la escala de Richter que el miércoles 3 de abril sacudió a la ciudad de Hualien y sus alrededores, en Taiwán, con mínimas consecuencias mortales y de destrucción material para la potencia del sismo, ha mostrado la ejemplaridad de ese pequeño pero gran país también en la adversidad de una calamidad natural.

Un bien informado colaborador y gran amigo de LA PRENSA nos envió algunos datos comparativos de este terremoto en Taiwán, con el ocurrido en Managua en diciembre de 1972 que fue de menor potencia, pues solo alcanzó el grado de 6.2.

La diferencia comparativa de más significación entre ambos sismos y países es la de que mientras el del 6 de abril en Taiwán causó la muerte de solo 10 personas y heridas a otras 900, y destruyó o dañó seriamente únicamente 176 edificios, en cambio el de Managua en 1972 arrasó el centro de la ciudad y dañó severamente casi todos los demás barrios capitalinos. Y, “aunque no se sabe con exactitud se estima que causó más de 19,000 muertos y 20,000 heridos”.  Además, la eficacia de los servicios públicos de Taiwán, y la eficiencia de sus autoridades, quedó demostrada también en que el terremoto dejó unos 371,3275 hogares sin corriente eléctrica, pero al día siguiente ya había sido restablecida en alrededor del 99 por ciento de ellos.

Nuestro amigo, quien nos pidió escribir sobre este tema y nos compartió algunos datos básicos comparativos, subrayó que lo “más importante es que Taiwán está preparada en cuanto a edificaciones y educación general para afrontar desastres naturales”.  A lo cual nosotros agregamos que Nicaragua, a pesar del gran desastre material y humano del terremoto de Managua en diciembre de 1972 no se ha preparado debidamente para otra eventualidad igual o parecida, a pesar de que los sismólogos advierten la probabilidad de que en cualquier momento pudiera ocurrir.

Cabe recordar que en 1999 Taiwán fue sacudida por otro terremoto de fuerza parecida a la del pasado miércoles 3 de abril, por el cual murieron 2,416 personas. Para entonces ya había requisitos estrictos para la construcción de edificios e  infraestructuras, pero después de aquel desastre las autoridades taiwanesas decidieron ser más rigurosas. Y lo han logrado, pues de otra manera el terremoto recién pasado hubiera derrumbado una mayor cantidad de edificios y causado muchos más muertos y heridos.

Como ya lo dijimos, pero debemos repetirlo, Taiwán es un país ejemplar también en la reducción de consecuencias de las catástrofes naturales debido a la  superioridad de su sistema socioeconómico y político que se funda en la economía capitalista de libre mercado, las libertades individuales y públicas, la democracia y el Estado de derecho.

Según ha reportado la prestigiosa revista británica The Economist, este año Taiwán sigue siendo el país más democrático del continente asiático y el décimo de todo el mundo. En Asia, solo Japón y Corea del Sur acompañan a Taiwán en el rango mundial de las democracias plenas. Y en cuanto a la libertad de prensa —que como dijera Pedro Joaquín Chamorro Cardenal es la primera condición de todas las demás libertades—, Taiwán ocupa el primer lugar en Asia y en el mundo está encima de España, Italia y Estados Unidos, según información del organismo Reporteros sin Fronteras.

Además, Taiwán es la 14ª economía más desarrollada del mundo, su producto interno bruto (PIB) per cápita es de 32,756 dólares, cuenta con reservas monetarias que superan los 560,000 millones de dólares y la calidad de vida de sus habitantes es de las más altas en el mundo. Para hacer otra comparación y ver la enorme diferencia entre Taiwán y Nicaragua, basta mencionar que el PIB por persona aquí es apenas de alrededor de 2,371 dólares, inferior inclusive al de Honduras.

Lamentablemente Taiwán podría perder su libertad y prosperidad, pues está bajo la amenaza de ser anexada a China comunista por medio de la fuerza militar. Esto podría ocurrir ante la indiferencia cómplice de la comunidad democrática internacional, que ya en septiembre de 1971 traicionó al pueblo taiwanés al aceptar que fuera excluido de las Naciones Unidas como Estado independiente.

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