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En memoria de un ciudadano

El martes 26 de marzo, casi en la medianoche, a los 91 años y 10 meses de edad falleció el eminente jurista, educador, académico, diplomático, escritor y político nicaragüense, doctor Carlos Tünnermann Bernheim.

Al informar sobre su deceso, LA PRENSA destacó que el ilustre intelectual nicaragüense fallecido donó su biblioteca personal de más de diez mil libros y otras piezas selectas, a la Escuela de Derecho de la Universidad Politécnica (Upoli) y el Instituto de Historia de la Universidad Centroamericana (UCA). Debe haberle dolido mucho al doctor Tünnermann Bernheim que ambas instituciones de educación y cultura superior fueran confiscadas y arrasadas por el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo.

El doctor Tünnermann (como se le llamaba afectuosamente) fue hasta muy  poco antes de su muerte colaborador regular de LA PRENSA en sus páginas de opinión y cultura. Apenas hace un mes, el 2 de marzo recién pasado, publicamos el último artículo del doctor Tünnermann en la edición especial por el 98 aniversario de LA PRENSA. “Aprovecho esta efemérides de LA PRENSA para despedirme, con mucho pesar, de los lectores de mi columna sabatina”, expresó el doctor Tünnermann. Y agregó que sus artículos publicados por LA PRENSA fueron su “respuesta a un deber cívico que me imponían las circunstancias, a veces difíciles que atravesaba el país. Mis aportes a la Página de Opinión de LA PRENSA queden como mi granito de arena en la magna tarea que tenemos por delante: la reconstrucción de la Nicaragua justa y democrática que todos ambicionamos”.

Cabe mencionar que el régimen, al consignar en una breve nota de prensa el fallecimiento del doctor Tünnermann Bernheim invocó la conocida expresión de origen francés, “nobleza obliga”, para reconocer sus aportes a la Revolución Sandinista como ministro de Educación, embajador en Estados Unidos y miembro del Grupo de los 12 que ayudó al FSLN a tomar el poder en julio de 1979. Tal  declaración ha sido calificada por personas opositoras como una burla a la memoria del doctor Tünnermann, cuya familia en los años recientes ha sido tratada de manera grosera y arbitraria por este mismo régimen.

Sobre todo este régimen debe haberle causado al doctor Tünnermann un gran dolor emocional, en sus años postreros, al quitarle a las universidades públicas la autonomía universitaria institucional, académica y administrativa, de la que él fue uno de los incansables promotores y defensores.

El doctor Tünnermann se sentía orgulloso particularmente de su participación en la planificación y conducción de la Cruzada Nacional de Alfabetización de 1980, que sacó del analfabetismo a más de cuatrocientos mil nicaragüenses. Pero por la verdad histórica debemos recordar que aquella Cruzada no tenía solo la encomiable intención de sacar a la  gente de la oscuridad del analfabetismo. Su propósito esencial era aprovechar la alfabetización para adoctrinar a la gente en la ideología y la política de la Revolución. Así lo reconoció el mismo doctor Tünnermann en su libro autobiográfico Memorias de un Ciudadano, en el que hizo propio el concepto fundamental del pedagogo cristiano-marxista brasileño, Paulo Freire, adoptado también por la Unesco que es dominada por el marxismo cultural, de que “La alfabetización no es un hecho pedagógico con implicaciones políticas, sino un hecho político con implicaciones pedagógicas”.

El doctor Tünnermann renunció a la militancia en el FSLN cuando —según lo dice él mismo en la obra mencionada—, cobró conciencia de los graves abusos cometidos por la dirigencia sandinista; cuando se percató por fin de que él y muchas otras personas que de buena fe habían apoyado a la Revolución, fueron traicionados por la dirigencia sandinista. De allí que desde mucho tiempo antes de morir el doctor Tünnermann fuera un firme opositor a la dictadura sandinista de Daniel Ortega y Rosario Murillo.

En ese orden el doctor Tünnermann ejerció un destacado liderazgo público desde la sociedad civil y desempeñó un brillante rol en el diálogo nacional de  2018 en el Seminario de Fátima, y particularmente en el de 2019 en el Incae, en el cual se logró la firma de acuerdos fundamentales para la transición democrática. De haberse cumplido pudieron haber sacado a  Nicaragua de la crisis sociopolítica que persiste hasta ahora, pero lo único que quería el régimen era ganar tiempo para poder sobrevivir. 

El doctor Tünnermann dijo a la revista Magazine de LA PRENSA en abril de 2019, que su deseo era ser recordado como un ciudadano. “El título más honroso que puede tener un ciudadano es que le digan que es un ciudadano que cumplió con sus deberes y que supo reclamar sus derechos. Por eso, si me quieren recordar a mí que lo hagan como ciudadano”, expresó el doctor Tünnermann.

Pero ciudadanos son todos los nicaragüenses que están en edad de ejercer sus derechos constitucionales y cumplir sus deberes cívicos, y el doctor Tünnermann fue más que eso. Él fue un ciudadano en el sentido que definió el enciclopedista jurídico Guillermo Cabanellas: “Un hombre bueno, de comportamiento digno, noble, liberal, justiciero y culto…”

Así lo recordará la sociedad nicaragüense democrática y no por su participación en la Revolución Sandinista, que tantas consecuencias nefastas tuvo para Nicaragua, independientemente de la buena voluntad de muchos que la apoyaron y hasta dieron su vida por ella creyendo que traería la libertad, la prosperidad y la felicidad a los nicaragüenses.

Que descanse en paz y goce para siempre de la gloria del Supremo Creador, el ciudadano Carlos Tünnermann Bernheim.

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