Por segundo año consecutivo la Semana Santa se está celebrando en Nicaragua sin procesiones. Las tradicionales y hermosas manifestaciones populares de fe, propias de estos días, fueron prohibidas por el régimen y las autoridades de la Iglesia católica han debido acatar la prohibición para proteger a los fieles y a la propia institución eclesial.
Es cierto que la celebración de la Semana Santa se puede hacer dentro de los templos, como de hecho ha estado ocurriendo. Pero las procesiones son el complemento externo de la celebración religiosa y prohibirlas significa de hecho mutilar la Semana Santa.
De acuerdo con la doctrina católica las procesiones son manifestación de la piedad y la religiosidad popular. Las procesiones representan “el resultado de la acción eterna con que el Padre produce al Verbo, y con que estas dos (divinas) personas producen al Espíritu Santo”, explica el diccionario del español. Y el Catecismo de la Iglesia católica establece que “en el Ofertorio el pan y el vino se llevan en procesión hasta el altar donde el sacerdote en nombre de Cristo los convertirá en su cuerpo y su sangre”.
El origen de las procesiones de Semana Santa se remonta a los inicios del siglo IV después de Cristo, cuando el emperador Constantino legalizó la religión cristiana. Y entonces los peregrinos a Tierra Santa realizaban los viacrucis para recorrer el camino de Cristo hacia el Calvario y sentir su dolor.
Pero las procesiones de la Semana Santa como las conocen ahora se comenzaron a realizar hasta principios del siglo XVI. Eso fue como una reacción a la reforma religiosa impulsada por el clérigo católico alemán Martín Lutero, que dividió a la Iglesia católica y generó el nacimiento de numerosas iglesias cristianas llamadas protestantes.
Precisamente para que los fieles defendieran directamente y afuera de los templos a la Iglesia católica, las autoridades eclesiales los llamaron a exteriorizar masivamente su fe durante todos los días de la Semana Santa y otras ocasiones que fueran propicias.
Además, como explica la periodista venezolana Claudia Papareli, colaboradora regular de National Geographic en Español, “la procesión se deriva del verbo latino procedere, y del sustantivo procesio, que quiere decir marchar, caminar, ir adelante, salida solemne, cortejo religioso entre otros. Las procesiones tienen su origen en la Sagrada Escritura, donde se resalta la caminata como una acción común en la historia de la salvación”.
De manera que no es cualquier cosa lo que ha quitado el régimen a la Iglesia y a toda la gente católica de Nicaragua, al prohibir las procesiones sin ningún fundamento legal, político ni moral, únicamente por abuso de poder.
Según la abogada de derechos humanos, Martha Patricia Molina, quien investiga y documenta la persecución religiosa en Nicaragua, en 2023 el régimen prohibió la realización de 3,176 procesiones de Semana Santa. Y en este año asegura que la cantidad de procesiones prohibidas aumentó a 4,800.
Los católicos compensan la falta de procesiones en las calles con más devoción, fervor y oraciones dentro de los templos. Pero eso no le quita importancia al hecho de que la prohibición de esas manifestaciones legítimas de fe popular constituye una grave violación de la libertad religiosa y los derechos humanos de los nicaragüenses.