El retorno de Trump y la falsa oposición nicaragüense

Donald Trump está de regreso. Sea o no culpable de todo cuando bueno o malo se diga de él, sin lugar a dudas ha demostrado ser un bisonte sin frenos y ha logrado sortear y vencer prácticamente  todos los juicios a los que la «justicia» demócrata en Estados Unidos lo ha arrinconado contra jueces y casos de los que luego no solo sale victorioso sino que además se dispara favorablemente en las encuestas.

También ha pagado fianzas.  Sin embargo durante su mandato presidencial (2017-2021), no llenó las expectativas de muchos nicaragüenses realmente adversarios a Daniel Ortega y al sandinismo en general, a quienes más bien, según ellos, los apoyó al no tener un conocimiento a fondo de Nicaragua.

Es un hecho que el sistema presidencialista está en decadencia. En muchos países del hemisferio americano (Centroamérica entera, por ejemplo), se hunde entre el mugriento populismo y la podredumbre moral, Estados Unidos también atraviesa severas crisis siendo una de ellas la política exterior a través del Departamento de Estado, tradicionalmente con sólidas estructuras de izquierda en sus funcionarios al frente de la diplomacia mundial, lo que no permite que en periodos republicanos estos logren hacer valer más sus posiciones.

Eso en gran medida ocurrió con el 45to. presidente de los Estados Unidos de América, Donald Trump y el manejo de su diplomacia con quienes se autonombraron la «oposición» a Ortega desde la insurrección de 2018 incluso hasta la fecha.

La oposición, que así se sigue pretendiendo autoerigir desde sus plataformas —palabrita irritable de moda en el actual glamour de la también mal llamada sociedad civil—, fue y sigue siendo un fracaso total, ya descubierto por moros y cristianos pero que, agarrada únicamente de su torre mediática así como del fiasco y compadrazgo empresarial con el régimen de Managua,  sigue manteniendo cierta presencia en los ejes de la geopolítica, esporádicamente superada por la nueva fuerza  partidaria de derecha  que viene emergiendo.

Es bajo este contexto que la Administración Trump no satisfizo las necesidades de muchos nicaragüenses, así como tampoco de muchos cubanos, a pesar de que sí ejerció más presión sobre la isla luego de que su antecesor, Barack Obama, enalteciera a Cuba y a sus comandantes comunistas como nadie más lo había hecho desde la llegada violenta de Fidel Castro al poder.

El caso de Venezuela es más parecido al de Nicaragua. Para algunos quien ejerció una influencia negativa sobre Trump no fue el Departamento de Estado, sino el senador republicano Marco Rubio, quien lo asesoró mal al endosarle a figuras endebles de la oposición al chavismo como Leopoldo López, Henrique Capriles y el propio Juan Guaidó, quienes en conjunto, al igual que la «oposición de sociedad civil» de Nicaragua, fueron los interlocutores del fracaso y la miopía política al pretender salir del castrocomunismo en ambos países, aunque contando con enormes recursos financieros para la manutención de sus gustosos gastos domésticos y turísticos.

En el próximo mandato presidencial de Trump, ese terremoto humano odiado y repudiado por la izquierda Demócrata y mundial pero visto por otros, republicanos y anticomunistas, como un héroe y como el  más grande presidente de Estados Unidos en los últimos tiempos,  quien logró renovar fructíferamente la economía y subsanar aparatosos e invasivos armamentismos en diversas partes del mundo, la situación para Nicaragua será otra. Esta vez habrá operadores políticos y no aprendices mediáticos de oenegés ni camaleones traidores, quienes, proviniendo del sandinismo usurpador y estalinista de los  80, ahora se ofertan y promueven como los nuevos adalides de la democracia, recibiendo además grandes donaciones de entidades y oscuros personajes como George Soros, por ser los «progres» de la casta política nicaragüense.

Otros, lo que es peor, viniendo de partidos democráticos liberales y conservadores, se han refugiado en las enaguas de ese sandinismo oportunista, que solo ve cómo salir de Daniel Ortega, pero para volver ellos a gobernar, como ocurrió con la Alianza Azul y Blanco, como ocurre ahora con el defenestrado Monteverde y como se puede ver en aquellos que por diferencias no pertenecen a ninguno de estos sectores ni a Unamos, pero son vivaces rumiantes de una nueva administración sandinista, hoy día esa falsa oposición, que por sus hechos lo demuestra en la práctica.

En esa nueva correlación de fuerzas de cara a un segundo periodo de Trump, muchas cosas cambiarán para todo lo que huela a sandinismo. Las diferencias y divisiones se incrementarán entre estos y el eje de la visión y cooperación cambiarán en elevados porcentajes. Además, el surgimiento de la nueva oposición política partidaria, ocupará el papel que merece por el bien del país.

Otro hecho notable en la política estadounidense, inconcebible,  que instituciones como el Instituto Republicano Internacional (IRI), financie a grupos provenientes del sandinismo. Ronald Reagan, el otro gran presidente americano y clave en la lucha de la Contra quien lo fundó en 1983, se estará revolcando en la tumba de saber que esto es así con el dinero de los contribuyentes. 

¿Llegará este momento de poner orden en la casa, presidente Trump, y que de paso aquellos nicaragüenses incómodos con usted —aunque no enemistados—, puedan abrazarse cuando la libertad y la democracia nos cobije a todos por igual?

El autor es poeta y periodista nicaragüense exiliado en Estados Unidos. Columnista internacional.

COMENTARIOS

  1. Hace 2 años

    Ariel, sin lugar a dudas tus escritos denotan un tecnicismo literario de periodista, pero a la hora de enfocarte en el mundo real de la tragedia oprobiosa de nuestro actual andar en donde carecemos de unidad y un estado derecho; no es solamente de la oposición, sino todo el espectro social, a los cuales se les ha sido vedado sus derechos y locomoción para funcionar como un estado moderno. Sin lugar a dudas tus enfoques están cimbrados de fatalismo y no aportan nada a la ruta y estrategia que a proseguir

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