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Las protestas en Cuba, rebeliones y revoluciones

El fin de semana pasado se produjo un nuevo estallido de protestas populares en Santiago de Cuba y otras poblaciones de ese país cautivo del comunismo, contra la insoportable crisis económica y específicamente por la aguda escasez de alimentos y los cortes diarios y prolongados de la energía eléctrica.

Las protestas del pasado fin de semana no fueron tan masivas como las de julio de 2021, que pusieron en jaque a la dictadura comunista de Díaz Canel y las reprimió ferozmente. Pero aunque no fueron tan masivas, son una muestra de que la gente sigue indignada y lo seguirá mientras no se resuelva o al menos mejore su dramática situación.

Igual que en julio de 2021, ahora la dictadura comunista volvió a acusar al “imperialismo yanqui” de causar la crisis y señaló a los “terroristas” de Miami como provocadores directos de las protestas. Un disparate que ni ellos mismos lo creen.

A pesar de que la dictadura cortó el limitado servicio público de internet que hay en Cuba, muchas personas lograron divulgar imágenes de las protestas y mensajes de condena al sistema comunista. Algunos dijeron que ha sido una nueva rebelión y que así como Santiago de Cuba fue la cuna de la Revolución, ahora podría ser su tumba. Sin embargo, la verdad es que hace falta mucho más energía popular en la calle para derribar a la dictadura u obligarla a una apertura hacia el cambio democrático.

Lo que sí han indicado las nuevas protestas populares es que la situación material del pueblo cubano se ha vuelto insostenible, y que en cualquier momento podría ocurrir una rebelión de grandes proporciones.

De acuerdo con las ciencias políticas y la experiencia histórica, una rebelión popular solo persigue la sustitución de los gobernantes. Mientras que la revolución  apunta a la transformación radical de la organización económica, social y política del Estado.

El politólogo Rodrigo Borja recuerda al respecto que José Ortega y Gasset (1883-1955)  explicó que una revolución es la insurgencia popular  â€œcontra los usos” mientras que la rebelión es un alzamiento de la gente “contra los abusos”. Lo que quiso decir el eminente filósofo español, según Borja, es que la rebelión busca poner fin a los abusos de los gobernantes, en tanto que la revolución es para “cambiar el ordenamiento jurídico, las instituciones vigentes, los regímenes imperantes, las bases estructurales de la organización estatal”.

Actualmente en Cuba por la profundidad de la crisis y la enorme dimensión de los abusos del Gobierno, una rebelión fácilmente se podría transformar en una revolución para eliminar el sistema comunista y abrir el camino hacia una transición democrática.

“Los que hacen imposible la revolución pacífica harán inevitable la revolución violenta”, expresó el expresidente de Estados Unidos, John F. Kennedy, cuando propuso a principios de la década sesenta del siglo pasado el programa de reformas económicas, sociales y políticas en América Latina denominado Alianza por el Progreso. Su propósito era evitar que estallaran más revoluciones comunistas como la de Cuba en 1959.

El plan de revolución pacífica impulsado por Kennedy fracasó porque lo asesinaron, por la resistencia de las oligarquías latinoamericanas y los golpes militares de los generales llamados “gorilas”. Pero Kennedy tenía razón y su advertencia sobre la revolución violenta que puede tener lugar si no se hace una revolución pacífica, sigue teniendo plena actualidad y validez.

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