Las pandillas criminales que se han apoderado de Haití lograron derrocar al primer ministro Ariel Henry, quien en realidad casi no gobernaba y ni siquiera estaba en el país cuando renunció.
Henry informó que renunciaba en un mensaje de video en el que dijo que cesará en el cargo en cuanto se instale un consejo de transición que se haga cargo del Gobierno. Pero de hecho renunció ante los gobernantes de la Comunidad del Caribe (Caricom), que estaban reunidos en Jamaica con el secretario de Estado de Estados Unidos, Antony Blinken, precisamente para buscar una salida a la profunda crisis haitiana.
Los líderes caribeños emitieron un comunicado apenas conocieron la renuncia de Henry y precisaron que el consejo de transición será integrado por siete personas: seis que representarán a varias agrupaciones políticas haitianas y el séptimo a la empresa privada. Además, distintas organizaciones de la sociedad civil tendrán derecho a un representante con derecho a voz, pero sin voto.
El gobierno de Ariel Henry carecía de legitimidad pues él se adueñó del poder el 7 de julio de 2021 cuando el presidente elegido de Haití, Jovenel Moïse, fue asesinado junto con su esposa en su residencia de Puerto Príncipe, la capital haitiana. El asesinato lo perpetraron unos sicarios colombianos, pero nunca se aclaró quién o quiénes fueron los autores intelectuales, ni siquiera se investigó de verdad pues el poder judicial está desmantelado.
Haití es lo que los expertos llaman Estado fallido, en el que no existe orden legal-constitucional, las “autoridades” no tienen el monopolio de las armas, no hay seguridad pública ni personal, las necesidades básicas de la gente no son satisfechas, las bandas de criminales armados dominan en todas partes, etc.
Se puede decir que la historia de Haití es una interminable tragedia, en el sentido que tiene esta palabra de catástrofe, desastre, desgracia, infortunio, fatalidad, etc. Y no debería ser así, pues Haití fue la primera colonia de la América Latina que logró su independencia nacional, en 1804, y la segunda en las tres Américas después de Estados Unidos que se independizó en 1776.
Además, cuando Haití conquistó su independencia era la colonia más rica de Francia y una de las más prósperas de las Américas, gracias a su gran producción de azúcar. Pero ahora, 220 años después de su independencia Haití es el país más atrasado y pobre de las Américas, además de que es un Estado fallido como hemos dicho antes.
Se dice que Haití sufre semejante desgracia histórica, social y humana porque ha sido víctima del colonialismo francés y del neocolonialismo también de Francia, pero sobre todo de Estados Unidos, por las invasiones armadas del imperialismo norteamericano y el saqueo de las empresas transnacionales, etc. Es decir, todo por culpa de factores externos ajenos a los haitianos.
Pero eso es cierto solo parcialmente. La verdad es que en general los haitianos son los principales responsables de sus desgracias, sobre todo porque no han podido o no han querido romper con tradiciones y costumbres religiosas, culturales y políticas anacrónicas que los mantienen atrapados en el pasado. De Haití ni siquiera se puede decir que ha desperdiciado oportunidades —como Nicaragua— pues nunca las ha tenido. Y de nada le sirve a los haitianos culpar a los factores y fuerzas extranjeras por sus desgracias, cuando es muy poco o nada lo que han hecho ellos mismos por adecuarse a los tiempos modernos, por alcanzar por ellos mismos su progreso y prosperidad, así como fueron los primeros latinoamericanos en conquistar la independencia nacional.
Los haitianos fueron ejemplo e inspiración para todos los pueblos hispanoamericanos a fines del siglo 18 y comienzo del 19, cuando liderados por los esclavos patriotas Toussaint Louverture y Jean-Jacques Dessalines, libraron una heroica guerra de diez años contra el imperio francés hasta derrotarlo y conquistar la libertad. Louverture no alcanzó a disfrutar la victoria, pues murió en una prisión francesa antes del triunfo de la guerra de liberación que inició. Dessalines siguió la lucha hasta vencer, pero lo primero que hizo fue entronizarse como emperador e imponer un régimen despótico a los haitianos a quienes Louverture les había ofrecido libertad, igualdad y fraternidad.
Muy mal comenzó la República de Haití, por caminos igualmente equívocos siguió después y, asombrosamente, de la misma manera sigue hasta hoy. Pero si acaso es cierto que las crisis y desgracias también ofrecen oportunidades, talvez ahora Haití pueda por fin encontrar la ruta hacia su redención y renacimiento. Ojalá.