Hay que irse preparando, desde ahora, para el día en que la dictadura dé paso a la democracia. Nadie sabe ni el cuándo ni el cómo. Algunos analizan la edad de los gobernantes, la descomposición interna, el descontento generalizado dentro de sus filas, el aislamiento y otros factores, y concluyen que puede ser relativamente pronto, posiblemente en las próximas elecciones. Otros piensan que estamos ante un proyecto de dictadura dinástica de largo plazo, como la de los Somoza.
Lo que es cierto es que el día llegará y que esto podría pasar cuando menos se espera. Si algo enseña la historia es la frecuencia y rapidez con que ocurren cambios tremendos e inesperados. Conviene por tanto estar siempre preparados, lo que exige tener una oposición bien estructurada y un adecuado plan de nación.
Para un país que ha estado flagelado por la reincidencia en dictaduras y por una crónica pobreza, tal plan debe contener, tanto medidas para evitar la concentración del poder y limitar el poder del Estado, como para poder saltar hacia una prosperidad sostenida. Una gran ayuda en la búsqueda de estas últimas es aprender de otros. No hay necesidad de inventar el agua helada. Existen en el mundo un puñado de naciones que han saltado en relativamente pocos años de la pobreza a la prosperidad, como Singapur, tema que abordé el lunes pasado: en 1965 era más pobre que Nicaragua y hoy es de los más ricos del mundo. Hay otras naciones que, al revés, han pasado de ricas a pobres, como Venezuela, Cuba y Argentina. Unas enseñan lo que conviene hacer y otras lo que hay que evitar.
Entre la lista de exitosos pueden incluirse Singapur, China Popular, China Taiwán, Corea del Sur, Irlanda, India, España, Noruega y otros más. Entre los factores que han contribuido a su éxito figuran: liberalización económica (capitalismo competitivo con pocas trabas), estímulo a la inversión extranjera, reducción de impuestos, apertura a los mercados, estabilidad macroeconómica, manufactura orientada a la exportación, e inversión en capital humano (educación de calidad).
Es importante, sin embargo, no sobrestimar estos factores olvidando la cultura. Los valores, creencias, costumbres y estructuras familiares pueden facilitar o frenar grandemente el desarrollo. Hay, por ejemplo, culturas perezosas y culturas diligentes. Antes de entrar en la ruta de la prosperidad, la mayoría de los países exitosos contaban con una población trabajadora. En ninguna de ellos hubiera podido producirse el famoso merengue El negrito del Batey: “el trabajo es para mí un enemigo; el trabajar yo se lo dejo todo al buey, porque el trabajo lo hizo Dios como castigo”. Otro factor importante es el nivel de honestidad. Otro, es la responsabilidad personal; no atribuir a fuerzas externas nuestros éxitos o fracasos sino a nuestras propias decisiones y desempeño. Pero el más importante, sin duda, por ser la primera escuela de valores, es la familia.
Hay una correlación, probada, investigada, bien establecida, entre cómo la solidez o fragilidad del grupo familiar afecta las probabilidades de éxito o fracaso de sus miembros. Varios autores, entre ellos Patrick Moynihan y Thomas Sowell, han demostrado como la desintegración familiar —y no el racismo— es la causa principal de la pobreza de los hogares negros de Estados Unidos. No es casualidad, por tanto, que los hijos de familias del oriente asiático, que son las más estables del mundo, exhiban los mejores estudiantes, y habiten los exitosos tigres asiáticos (Singapur, Taiwán, Corea del Sur y Hong Kong).
Pero tampoco hay que caer en el error opuesto de sobrestimar los factores culturales. El caso de Corea es muy emblemático. La norte y la sur comparten culturas y, sin embargo, la primera sufre hambre y la segunda goza del ingreso per cápita 13, entre 196 países. Si Corea del Norte adoptara la política económica de su vecina, su base cultural le permitiría, sin lugar a dudas, prosperar igualmente. Lo que esto enseña es que ambo factores —los políticos y los culturales— son importantes e interdependientes. Para una nueva Nicaragua hay que darles a ambos la debida atención.
Humberto Belli, sociólogo, fue ministro de educación y autor de “Buscando la Tierra Prometida”, Historia de Nicaragua 1492-2019, de venta en Amazon y librerías locales.