El escritor colombiano Gabriel García Márquez con Daniel Ortega a principios de los 80.

Escritores que se enamoraron y (luego) se decepcionaron de la revolución sandinista 

En los años ochenta Nicaragua fue la musa de grandes exponentes del “boom latinoamericano”. Autores como Gabriel García Márquez, Eduardo Galeano y Carlos Fuentes apoyaron la revolución sandinista, que la final les resultó mal amante.

Estafaron a Gabo 

Gabriel García Márquez fue un gran aliado de la revolución sandinista. El vínculo vino por el escritor nicaragüense Sergio Ramírez Mercado, que en agosto de 1977 lo buscó en Bogotá para solicitarle ayuda en la conspiración para botar a Anastasio Somoza Debayle. 

No fue difícil convencer al colombiano de que “el triunfo de la revolución sandinista se hallaba a las puertas” y era necesario que “fuera a Caracas a plantearle al presidente Carlos Andrés Pérez el reconocimiento del nuevo gobierno que presidiría Felipe Mántica, dueño de una cadena de supermercados en Managua”. Esto narra Ramírez en su Homenaje a Gabriel García Márquez. 

Gabo “fue cumplidamente a Caracas, le contó aquella historia inverosímil al presidente, quien la creyó”. El triunfo llegó casi dos años después, el 19 de julio de 1979, pero Mántica no presidió ningún gobierno.

Para entonces el escritor de Aracataca ya estaba encariñado con la revolución. Había hecho gestiones de todo tipo en el mundo, políticas y diplomáticas y entrevistado a dos comandos guerrilleros, el que se tomó la casa de Chema Castillo y el que asaltó el Palacio Nacional. De la primera entrevista salió un guion para una película que nunca se filmó; de la segunda, su memorable crónica El Asalto al Palacio. 

En los siguientes años visitó Nicaragua en varias ocasiones, hospedándose siempre en casa de Ramírez y su esposa Tulita, a veces más de un mes. Estuvo aquí en 1980, 1981, 1982… “La última vez que vino fue para la toma de posesión en enero de 1985, que vino con Fidel Castro. Esa fue la última vez que estuvo. Pero siempre mantenía su atención sobre Nicaragua. Conversábamos sobre la situación”, relató el escritor masatepino en entrevista con LA PRENSA, allá en mayo de 2014, poco después del fallecimiento del nobel. 

A Gabo no le gustó el curso que tomó la revolución que tanto había apoyado. “A mí me estafaron”, solía decir, lacónicamente, siempre que le preguntaban su opinión sobre los resultados obtenidos. Por eso ya no quiso volver. Había trabajado por un proyecto de liberación, pero a cambio le entregaron un gobierno autoritario más.

Carlos Fuentes, de México.

Carlos Fuentes, un espíritu crítico 

El mexicano Carlos Fuentes, otro de los grandes del “boom latinoamericano”, también pasó por la Nicaragua de los ochenta, aunque con un entusiasmo más precavido que el de Gabriel García Márquez o el del argentino Julio Cortázar, quien murió en 1984 y no tuvo tiempo para ver en qué se convirtió su amada revolución nicaragüense. 

Fuentes visitó Managua por primera vez en 1984, “en medio del fervor de la fiesta revolucionaria”, y lo primero que llamó su atención “fue el carácter inacabado de la ciudad”, escribió 25 años después del triunfo de la revolución. “Los destrozos del gran terremoto del año 1972 no habían sido reparados -ni por la dictadura somocista antes ni por la revolución sandinista ahora-. La catedral era una ruina. Las calles no tenían nomenclatura. La ciudad le daba la espalda al lago. Lo usaba, además, para vaciar en él las aguas negras”.

“Pregunté a diversos funcionarios del sandinismo el porqué de este abandono. La respuesta estaba en sus miradas antes que en sus palabras. Nicaragua estaba en guerra. La pequeña nación centroamericana, tantas veces invadida y humillada por los gobiernos de los Estados Unidos de América, se defendía nuevamente contra el Coloso del Norte”, relató en su texto “Sergio Ramírez y la revolución sandinista”, pues él también fue amigo del escritor nicaragüense.

No obstante, en su visión romántica de la revolución también hubo espacio para la crítica. El gobierno sandinista, escribió Fuentes, “se equivocó al amordazar periódicos e imponer dogmas, sobre todo económicos, que, con o sin agresión norteamericana, no habrían sacado a Nicaragua de la pobreza, sino que aumentarían la miseria. La reforma agraria fracasó porque no se escuchó a los interesados, los propios campesinos. No se les dio confianza suficiente a los que la revolución quería beneficiar. E, innecesariamente, se le retiró la confianza a quienes no se oponían, sino que diversificaban a la revolución: la incipiente sociedad civil”.

En 1988 volvió a venir al país y, en una plática con Tomás Borge, advirtió que la izquierda podía ser derrotada y que, de hecho, ya lo había sido, en Chile y Guatemala. Cuando Borge replicó afirmando que ningún partido de oposición podía llegar a ganar a los sandinistas en las urnas, Fuentes dijo: “Ahora no, pero en el futuro, ¿por qué no?”. 

Así como Gabo jamás volvió a Nicaragua, Carlos Fuentes “quiso nunca regresar por la misma razón”, expresó Sergio Ramírez en 2014. Dos años antes, en mayo de 2012, había muerto el escritor mexicano y el régimen de Daniel Ortega extendió un comunicado lamentando su fallecimiento.

Eduardo Galeano, de Uruguay.

Galeano tampoco volvió 

El escritor uruguayo Eduardo Galeano, autor de Las venas abiertas de América Latina, amaba la literatura, la política, el futbol y a Nicaragua. “A Nicaragua la adoró”, dijo en 2015 la poetisa Claribel Alegría, quien fue gran amiga de Galeano. “Él creyó mucho en los nicaragüenses, pero luego se decepcionó de los robos y ya no quiso volver… Ya no quiso volver”. 

Pero en 1979 todavía podría creerse en esa revolución conducida por jóvenes idealistas. “Tiene unas horas de edad la Nicaragua recién nacida en los escombros, verdor nuevito entre las ruinas del saqueo y de la guerra; y la cantora luz del primer día de la Creación alegra el aire que huele a quemado”, escribió Galeano en su libro Memoria del Fuego III, publicado en 1986, describiendo aquella época. 

En el libro hay hermosos pasajes sobre la caída de la dictadura somocista y el nacimiento de la nueva Nicaragua. “La estirpe de los Somoza marcha al destierro mientras Augusto César Sandino pasea por toda Nicaragua, bajo lluvia de flores, medio siglo después de su fusilamiento. Se ha vuelto loco este país: el plomo flota, el corcho se hunde, los muertos se escapan del cementerio y las mujeres de la cocina”. 

En 1998, Galeano, que tanto había apoyado la revolución y tantas veces había estado en Nicaragua, reflexionó sobre lo que había ocurrido. “Al fin, los sandinistas perdieron las elecciones, por el cansancio de la guerra extenuante y devastadora. Y después, como suele ocurrir, algunos dirigentes pecaron contra la esperanza, pegando una voltereta asombrosa contra sus propios dichos y sus propias obras. Mucho habían cambiado los tiempos, en tan poco tiempo”. 

Una de las últimas expresiones de Galeano fue sobre Nicaragua. En 2013 el régimen de Daniel Ortega entregó la soberanía del país a un empresario chino desconocido que prometía un canal interoceánico. Meses antes de su muerte, ocurrida en abril de 2015, Galeano escribió su texto “Preguntitas”: ¿Qué cuento chino está comprando la familia reinante en Nicaragua? ¿Cuánto está pagando ese pueblo heroico a cambio de un Canal fantasma? ¿No sienten ni un poquito de vergüenza los que han puesto bandera de remate a la memoria de la dignidad del pueblo que supo plantarle cara al más poderoso de los imperios de la época contemporánea? Disculpas pido, por el atrevimiento”. 

Sergio Ramírez y Mario Vargas Llosa.

La condena de Vargas Llosa 

En los años ochenta Mario Vargas Llosa tuvo muchas conversaciones cordiales con Daniel Ortega, líder la revolución sandinista. “Vine aquí hace muchísimos años para escribir unos reportajes, estuve bastante con él”, relató en 2010 en entrevista con el periodista nicaragüense Fabián Medina. 

En ese momento, el nobel de la literatura no tenía a Ortega en su lista de personajes “despreciables”. “El sandinismo llamó a elecciones y respetó un veredicto negativo del pueblo nicaragüense. Para mí, eso establece una diferencia bastante importante, considerable, entre el sandinismo y el castrismo”, explicó, refiriéndose a la derrota electoral de 1990. 

No obstante, desde que el régimen de Ortega se reveló, ya sin máscaras, como una dictadura represiva, demencial y totalitaria, Vargas Llosa la ha condenado sin medias tintas. 

“Hay un caso muy dramático que ha sido presentado en este foro que es el caso de Nicaragua. En Nicaragua hay una dictadura que está asesinando, que está encarcelando, que está reprimiendo de una manera sistemática”, denunció en 2019 durante el XXII Foro Atlántico “Iberoamérica de cara al futuro”, realizado por la Fundación Libertad en Madrid, España. El escritor, de 87 años de edad, también se ha pronunciado en respaldo a su amigo Sergio Ramírez Mercado, despatriado y desnacionalizado por la dictadura. Y en febrero de 2023 fue uno de los casi 500 intelectuales y artistas que firmaron una carta exhortando a Ortega a detener la represión contra el pueblo nicaragüe

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COMENTARIOS

  1. Hace 2 años

    Los Estados Unidos de America nunca invadió ni ocupó a Nicaragua. Del mismo modo que Arabia Saudita solicitó la intervención y ayuda militar de los Estados Unidos asi el gobierno conservador de Adolfo Diaz Recinos solicitó la presencia del ejercito de los Estados Unidos en el territorio nicaraguense para ejercer funciones de policía puesto que el país era un caos con la revolucion liderada por los Liberales en contra del gobierno Conservador.

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