Un menú para el periodismo de América Latina

Este año he participado en diferentes encuentros de periodistas y comunicadores en al menos cinco países de ambos lados del Atlántico y una de las frases que se repite constantemente es que hay un “manual del dictador” y una especie de menú para los gobiernos de América Latina, lo que me ha llevado a preguntarme cómo llegó a ocurrir esto y la necesidad de que exista un menú para el periodismo en la región.

Inicio con algunos elementos que contiene, según mis colegas, el llamado manual del dictador, dedicando este artículo a lo referido a periodistas y comunicadores.

Paso uno: cooptación de medios y periodistas: Sacar a periodistas “peligrosos”, por no decir hábiles y capaces de los medios de comunicación, llevándolos a trabajar en medios o instituciones del gobierno.

Un segundo paso, agresiones verbales y físicas para expulsar a periodistas molestos del espacio público: es comenzar la desacreditación de los periodistas y comunicadores señalando que no son periodistas, pertenecen a “panfletos de la Carretera Norte”, son “prensa canalla”, entre otros que no pongo porque hay que respetar el espacio para estos artículos de opinión.

Paso número tres, exilio de hombres y mujeres de prensa: si no ayuda que no estorbe, sacar a periodistas y comunicadores del país, dejando claro que “afuera pueden decir lo que quieran” y así la redacción de LA PRENSA con 98 años de existir en Nicaragua salió al exilio, se exiliaron también periodistas de El Faro, de El Salvador, de Guatemala y otros países.

De este manual recuerdo a un periodista de Costa Rica decir “al menos a nosotros no nos va tan mal”, bueno, para ese entonces ya había yo escuchado lo de “prensa canalla” y me dio una especie de deja vu de haber visto a otro mandatario ofendiendo a periodistas.

El punto es que más que manual es una especie de menú donde cada quien toma lo que le sirve para mantenerse en el poder o librarse de periodistas y comunicadores que no obedecen. Supongo que para algunos es romántico y para otros molesto que te digan que un medio está “al servicio de la verdad y la justicia”.

En fin, el tema es: si es más un menú para mandatarios, gobernantes, dictadores, y otros nombres que colocan a quienes ostentan el poder en los países de la región, me pregunto por qué en el restaurante mediático o comunicacional no ha surgido un menú para defender a periodistas, a comunicadores y a un gremio que ya se cuestiona su relevo generacional, al menos yo lo hago.

Qué platos debería tener este menú. En la entradas aclarar quién es y quién no periodista. Entendiendo desde lo básico, como la indicación de colegios de periodista. Recuerdo que para Nicaragua se decía que periodista era aquel que salía de la carrera de periodismo, comunicación o similares y aquellos que ejercieran por cinco años el oficio.

También podríamos hacer un análisis de quién es periodista por lo que hacen. Algo como dime qué produces y te diré quién eres.

Creo que en ese menú tendría que haber un espacio para los platos fuertes como: cómo lograr ese relevo generacional; cómo sostener medios de comunicaciones de larga trayectoria y recientes en el exilio; nueva formas de hacer periodismo para explicarle a la gente este menú de gobernantes, entre otros.

No sé, si de postre o ensalada, el menú debería idear una estrategia para romper con un discurso único, uno que se quiere imponer al tener el control de los medios en el país y poder decir a mediodía o cualquier hora lo que crees que la gente quiere oír.

Ya he abordado en otros artículos la necesidad de que sobreviva el periodismo y la comunicación como profesión, como oficio, como vocación, pero sobre todo quiero recordar que se trata más de una última voz, por eso cierro recordando el poema de Martin Niemöller, Guardé silencio:

Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas,
guardé silencio,
ya que no era comunista,

Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,
guardé silencio,
ya que no era socialdemócrata,

Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,
no protesté,
ya que no era sindicalista,

Cuando vinieron a llevarse a los judíos,
no protesté,
ya que no era judío,

Cuando vinieron a buscarme,
no había nadie más que pudiera protestar.

De igual manera, para los que no dijeron nada porque no trabajaron en un “panfleto de la Norte”, si no eran una “urraca parlanchina”, o formaban parte de “la prensa canalla”, podrían irse preguntando en qué momento querrán expresarse y no habrá nadie que diga nada.

La autora es licenciada en Ciencias de la Comunicación.

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