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A sus 20 años, la única prioridad de Martín Espinoza Tercero son sus hijos. Tiene uno de dos años y otros dos gemelos recién nacidos que en cualquier momento le pueden ser arrebatados en caso de que él y su esposa Jacqueline Talavera, de 24, incumplan las condiciones que les pusieron las autoridades del hospital Rafael Ángel Calderón Guardia, de San José, Costa Rica.
Lo primero es que tienen que vivir en el lugar que recién acaban de alquilar, y que, según Martín, no es tan diferente al lugar donde estaban antes y era la razón principal por la cual las autoridades del hospital no quisieron entregarles a los niños en principio. Y lo segundo, es que deben contar con una tercera persona que les ayude a cuidar a los menores.
Eso último lo resolvieron el pasado viernes 15 de diciembre cuando llegó la mamá de Jacqueline a Costa Rica para ayudarles con el cuidado de los niños. Fue hasta entonces que las autoridades del hospital entregaron a los gemelos a sus padres.
Martín y Jacqueline son dos jóvenes que se vieron forzados a salir de Nicaragua por la persecución de la dictadura de Daniel Ortega. Él es hermano menor de la actual presa política Adela Espinoza, y la casa de la familia en Managua fue allanada por agentes policiales. En el caso de Martín, se llevaron su teléfono celular, computadora y demás cosas que había en su cuarto y fue amenazado con ser detenido.
Esto provocó que saliera huyendo hacia Costa Rica junto a su hijo de dos años y su esposa embarazada de gemelos, la madrugada del 31 de agosto de 2023. La familia se alojó en la sala de la casa del padrastro de Martín, en las periferias de San José, la capital costarricense, y dos meses más tarde, el 24 de octubre, los gemelos sorprendieron a la pareja.
Nacieron con siete meses de gestación y la pareja recién exiliada no estaba preparada para recibirlos. Martín explica que la idea que tenían era que los gemelos nacerían en diciembre y él tendría tiempo de encontrar un empleo, alquilar un lugar más cómodo y estar preparados para cuando nacieran. No pudo ser así.
Mientras vivieran en la sala de su padrastro, las autoridades del hospital no estaban dispuestas a ceder. Los jóvenes padres explicaron de todas las maneras posibles que eran exiliados, que estaban recién llegados a Costa Rica, que eran un caso especial y que podían hacerse cargo de los niños, pero la respuesta siempre fue la misma: “No podemos entregarlos porque la prioridad es el bienestar de los menores”, les decían.

“Los derechos de los niños valen más, pero nosotros somos sus padres y en ese momento, ¿qué podíamos hacer? Ellos no estaban dispuestos a soltar a los niños”, relata Martín, quien hasta el pasado lunes 18 de diciembre pudo llevar a sus hijos a la nueva casa que están alquilando y que se parece mucho al lugar donde estaban con su padrastro, dice. La única diferencia es que ya no están alojados en una sala y pueden ocupar un cuarto.
Recibirán la visita de una funcionaria del hospital cada ocho días para supervisar las condiciones en que están viviendo los niños. El pasado martes 19 de diciembre, un día después de que fueron entregados, tocó la primera visita hecha por la doctora Zambrano del departamento de Trabajo Social del hospital Calderón Guardia, la misma que por semanas trató de convencerlos que dejaran a los bebés en una casa hogar.
Aunque la visita fue de sorpresa, Martín cuenta que encontró a los bebés bañados, comidos, abrigados y la casa limpia. Todo en perfectas condiciones, así que no les hizo observaciones.
La pareja teme que en cualquier momento las autoridades del hospital los vuelvan a separar de sus hijos. “La frustración fue enorme. Dejamos toda nuestra vida de lado para poder estar bien en un país desconocido. En nuestra cabeza no teníamos la idea de irnos a otro país y encima de eso que nos iban a quitar a nuestros niños. Eso es algo traumático, bastante fuerte”, comenta Martín.
Son gemelos
Jacqueline y Martín se conocieron a través de unos amigos en Managua y al poco tiempo formaron una familia. Su hijo mayor, Elián Eduardo nació en 2021 y en ese año, Martín tuvo que dejar sus estudios de Ingeniería Electrónica para dedicarse a trabajar y mantener a su familia.
Desde entonces trabajó en restaurantes y para inicios de este 2023 le estaba yendo bien en su empleo. Su esposa le dio la noticia de que esperaría un segundo hijo, así que fueron a una consulta médica, se practicó un ultrasonido y ahí se dieron cuenta que no era uno, si no dos hijos más los que venían en camino.
Él recibió la noticia con alegría, cuenta. “No estaba desempleado, no estaba separado de mi familia, ni nada. Me sentía bien, me sentía preparado para atender a mi esposa y a mis niños. También tenía el apoyo de mis hermanas, mi mamá, y la familia de mi esposa”.
Todo cambió cuando la Policía detuvo a su hermana Adela Espinoza el 19 de agosto de 2023 y posteriormente allanó las casas de sus familiares, incluyendo la de Martín. “La casa la teníamos rodeada de policías. No teníamos planeado salir de nuestro hogar. Más bien teníamos pensado recibir a los niños en la casa allá en Nicaragua”, detalla.
Como la Policía amenazó con detenerlo, Martín no dudó en que tenía que salir de Nicaragua. “Venimos a buscar vida en Costa Rica, pero no fue por gusto que salimos de nuestro país de origen”, insiste.
Se alojaron en la casa del padrastro de Martín y al joven se le dificultó encontrar empleo pronto, principalmente porque no tenía documentos ni permiso laboral. Actualmente, el joven continúa desempleado. “Solo rumbitos que me salen”, comenta.
A veces se va a trabajar en instalación de vidrios y ventanas con el hermano de su padrastro, pero no es nada fijo. Lo suyo, dice, es la atención al cliente en restaurantes, pero en Costa Rica necesita un certificado de manipulación de alimentos para trabajar en ese rubro y todavía no ha podido conseguirlo. Su esposa todavía no está en condiciones de trabajar, y aunque lo estuviera, señala Martín, debe quedarse en casa con los tres niños porque así lo demandan las autoridades. De lo contrario, pueden perder la custodia de los gemelos.
Ahora que sus niños están en casa, Martín está enfocado en tratar de conseguir trabajo. “Hay que pulsearla aquí en Costa Rica, pero es bastante difícil”, comenta el joven. Él dice que además de restaurantes, él puede trabajar en ventas y servicio al cliente, pero hasta el momento no ha encontrado un puesto laboral.

Nacimiento repentino
Jacqueline empezó con los dolores y malestares de parto en la noche del 23 de octubre.
–Ya van a nacer – presintió Martín
–No estés bromeando – respondió ella
Entre las náuseas y el dolor de cabeza insoportable, la joven rompió fuente en la mañana del día siguiente, así que tuvieron que ir de emergencia al hospital. El mayor de los gemelos, Dorian Eduardo nació a la 2:26 de la tarde y Johan Alejandro, a las 2:31.
Los gemelos nacieron con al menos 17 problemas de salud diferentes, propios de haber sido sietemesinos. Uno tenía problemas para respirar y el otro se había puesto amarillo. Con los cuidados especiales fueron mejorando y ya se encuentran sanos, dice Martín.
Una de las razones por la cual no querían entregarles a los niños, es porque los jóvenes no tenían cuna, leche, ropa, ni nada para atender a los bebés, y encima de ello, no tenían un espacio propio en donde vivir. Martín explica que eso sucedió porque no tenían previsto que los gemelos nacieran antes de tiempo, además que tampoco estaba en sus planes salir del país.
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Martín relata que la doctora Zambrano les dijo que no serían capaces de criar a sus hijos y que debían dejarlos en una casa hogar entre seis meses y un año mientras terminaban de acomodarse. Los jóvenes se negaron y empezaron a hacer todo lo posible para que les entregaran a sus bebés.
Como los niños no podían salir del hospital, Jacqueline y Martín llegaban a verlos diariamente, sobre todo ella, pese a no estar recuperada de la cesárea y con mucha dificultad subía y bajaba las escaleras de los buses. “Como no tengo trabajo, los pasajes se nos hacían imposibles conseguirlos”, cuenta Martín, quien a veces no podía acompañar a su esposa ni visitar a sus hijos.
Los jóvenes prestaron dinero y pudieron mudarse a un lugar un poco más cómodo y que cumpliera con las condiciones que le explicaron las autoridades del hospital. Consiguieron dos cunas, leche, y demás utensilios para los bebés, y cuando creyeron que estaban listos para recibirlos, el caso pasó al Patronato Nacional de Infancia (PANI), un órgano gubernamental encargado de velar por el bienestar de los niños en Costa Rica.
Una funcionaria del PANI hizo una inspección al nuevo hogar de la familia y no vio ningún problema porque no hay situación de drogas o alcohol. “Las señoras del hospital han sido bastante toscas y erradas con su idea, que no podemos criar a nuestros hijos. Esa es la visión que tienen la doctora Zambrano y las muchachas de Trabajo Social”, señala Martín.
Lo que sí les advirtieron los funcionarios del PANI es que necesitaban de una tercera persona que les ayude con el cuidado de los menores. “En el momento que nos pidieron eso, no teníamos la capacidad y tampoco podíamos mandar a traer a alguien que nos ayudara. Era quitarle la vida a alguien para solucionar la de nosotros”, expresa Martín.
Los jóvenes prestaron más dinero y la madre de Jacqueline dejó su trabajo en Nicaragua para ir a ayudar a los muchachos a Costa Rica. Tres días después, las autoridades del hospital aceptaron entregar a los gemelos, pero los jóvenes quedaron advertidos: si no cumplen alguna de las condiciones, los pueden separar de sus hijos y pueden perder la custodia.
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