En una de las mayores resurrecciones del año deportivo, la estadounidense Simone Biles reclamó en 2023 su trono de superestrella de la gimnasia y apunta a un regreso olímpico todavía más estelar en los Juegos de París de 2024.
Biles, que ya posee siete medallas olímpicas, se tomó un descanso de dos años para concentrarse en su salud mental después del bloqueo que sufrió en 2021 durante los Juegos de Tokio, donde tuvo que renunciar a la mayoría de pruebas.
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Las numerosas especulaciones que surgieron sobre el futuro de Biles durante esa larga pausa acabaron en junio.
La federación estadounidense anunció entonces que la atleta, quien ya tenía asegurado un lugar en el olimpo deportivo estadounidense, volvería a la competición en agosto en el U.S. Classic de Chicago.
Este evento, uno de los más señalados del calendario de gimnasia estadounidense, se convirtió en una fiesta de bienvenida para Biles, que no tardó en confirmar que no ha perdido un ápice de su extraordinario talento.
Aclamada por más de 10.000 aficionados, la gimnasta ahuyentó los fantasmas de los «twisties» (pérdida de orientación en el aire) que la azotaron en Tokio y no encontró rival para ganar el concurso.
La victoria de la prodigiosa atleta de 1,42m de altura fue el primer escalón de su vuelta a la cima a los 26 años.
Tres semanas después ganó por octava ocasión el concurso completo del Campeonato de Estados Unidos, récord para cualquier gimnasta.
El triunfo le abrió las puertas a participar en el Campeonato Mundial de septiembre en Amberes (Bélgica), el mismo escenario donde Biles debutó en una cita mundialista diez años atrás.
Aunque la brasileña Rebeca Andrade la derrotó en la final de salto de potro, Biles reinó en la competencia con cinco medallas, cuatro de ellas de oro (suelo, viga de equilibrio, concurso general y equipos).
Con esta cosecha, la estadounidense acumula 23 oros mundialistas, de un total de 30 medallas, en sus seis participaciones, signo de una longevidad poco habitual en este exigente deporte.