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Para no sufrir pensando en sus dos hijas mientras estaba en prisión, Roger Reyes se propuso no pensar en ellas. Terminó olvidándolas. Cuando las vio por primera vez, después de más de un año, no recordaba sus nombres y mucho menos sus rostros.
Hace poco más de diez meses, Reyes fue desterrado junto a otros 221 presos políticos hacia Estados Unidos, y desde que bajó de aquel avión se prometió a sí mismo reencontrarse con su familia y sanar emocionalmente. Lo primero ya pudo hacerlo, y lo segundo, todavía está en proceso.
En esta entrevista, el abogado y activista opositor Roger Reyes habla sobre cómo sobrelleva el destierro junto a sus hijas y su esposa, además de los problemas de memoria que tiene tras el encarcelamiento sufrido por el régimen de Daniel Ortega.
Tras su destierro, no ha podido dedicarse a su profesión de abogado, y actualmente trabajaba con niños de Hyatsville, Maryland. También ha continuado en su activismo político, recordando a su primo hermano asesinado en las protestas de 2018 y también porque cree que “apartarse de la lucha es lo peor que puede suceder para nuestro país porque quienes tenemos que solucionar esto somos los nicaragüenses”.
¿Cómo se encuentra diez meses después de su destierro?
Lo más importante es estar en libertad y estar con la familia. No ha sido fácil adaptarse a un nuevo sistema, a un nuevo país, pero el ánimo de querer salir adelante hace que uno tenga el impulso.
¿Cómo fue pasar de abogado a trabajar con niños?
Un cambio bien drástico. Estoy trabajando como coordinador de jóvenes en la municipalidad de Hyatsville, que es una ciudad del estado de Maryland. Yo tenía ya una experiencia de trabajo con jóvenes y niños en Nicaragua, pero era voluntario, no recibía ningún salario. Hacíamos campamentos, charlas con jóvenes, pero todo voluntario. Esa experiencia que tuve en Nicaragua me ayudó para aplicar a este trabajo.
En Estados Unidos el tema de trabajar con niños es bien complicado. Son muy cuidadosos y hasta para poder ingresar a este tipo de trabajos te investigan antecedentes penales, que no hayas tenido alguna denuncia.
¿No tuvo problemas al aplicar por haber estado detenido en Nicaragua?
No, no tuve problemas. Creo que cualquiera de los 222 que fuimos desterrados no tendríamos algún problema porque este es un país completamente democrático, que respeta los derechos, y una sentencia del régimen de Ortega no es tomada como válida. Mi jefa desde un inicio conoció mi caso y no lo consideró como un obstáculo.

¿En qué momento de su vida usted decidió convertirse en abogado?
Me convertí en abogado hace unos quince años. Estudié en la Universidad Central de Nicaragua, en la sede de Jinotepe. Hubo un caso muy personal en la familia. Una abuela estaba llevando un proceso y tenía que sacar una partida de nacimiento y el abogado que estaba llevando el proceso no estaba siendo nada legal, simplemente estaba cobrando el dinero y no estaba resolviendo el caso. Luego escuché de otros casos de abogados que se aprovechaban de su profesión, entonces miré que era una oportunidad para poder ayudar a otros, y me gustaba la profesión, miraba algunas películas o escuchaba algunas noticias relacionadas con abogados.
¿A usted lo detienen en Nicaragua únicamente por ser abogado defensor de Félix Maradiaga?
No fue solamente por representar a Félix. En el 2018, como la mayoría de nicaragüenses, nos levantamos para alzar nuestra voz contra todas las violaciones. Ya en 2019 ingresé a la plataforma de la Unidad Nacional Azul y Blanco, y en el 2021 fui electo como parte del Consejo Político, y todo eso venía acumulando. Esto no se trata sobre el valor de acciones para estar dentro del radar de Ortega. En la medida que vos vas alzando tu voz en contra de Ortega, por mínima que sea tu acción, vas a estar en el radar y tenés como resultado a un exiliado o un preso político.
La razón (de detención) es por tratar de defender los derechos de otras personas que estaban siendo condenadas por el sistema de Ortega, y luego viene lo de representar a Félix Maradiaga en la cita que le hicieron ante el Ministerio Público. Todo esto fue sumando.
Al involucrarse con grupos opositores, ¿tuvo temor en algún momento de ser encarcelado?
Sí, por supuesto, pero la necesidad de justicia en Nicaragua era el motor que me impulsaba. Tenía temor que mis hijas se quedaran sin su padre, temor en hacer vulnerable a mi familia, pero tomé la decisión precisamente por la necesidad de que las personas alzaran su voz, y también por un caso más personal. Yo tengo un primo hermano que fue asesinado en julio, en Jinotepe, en la llamada Operación Limpieza. Eso provoca que yo sienta un deber de seguir alzando su voz. Hasta la fecha no se tiene justicia a como todos los que fueron asesinados en Nicaragua en 2018.
¿Cómo se llamaba su primo hermano?
Se llamaba Gerald Barrera. Tenía unos 26 años. Nosotros recibimos la noticia durante el ataque. Él fue asesinado cerca de la casa, donde hubo la mayor cantidad de asesinados. Con mucho dolor sabiendo que dejaba unos niños huérfanos. En ese momento tenía una niña como de cinco años y otro de nueve años.
¿Cómo cambió su vida involucrarse con los movimientos opositores?
Completamente hubo un cambio. Desde el momento en que tomé la decisión fue muy evidente. No me preocupaba mucho por ocultar mi cara, porque yo decía: no tengo porqué ocultarme. No estoy cometiendo ningún delito ni ninguna acción a que me lleve a sentir vergüenza de lo que estoy haciendo.
Hubo muchas cosas que cambiaron, no solo en mi vida personal, si no también en mi familia. Había fines de semana en que no podía salir porque llegaba la Policía y no me permitían salir de la casa y ya había que cambiar cualquier plan o salida familiar. Por un momento no me permitían ir a la Iglesia cuando realizamos una misa en honor a los asesinados del departamento. En mi profesión, algunos jueces ya hacían que las resoluciones tardaran o que no salieran ajustadas a derecho. Algunos de mis defendidos por miedo a las represalias me abandonaban como abogado.
¿Previó que podían llegar a detenerlo?
Sí, desde el primer día que me involucré, pero ya en junio de 2021 que empezaron las detenciones, yo sabía que la orden ya estaba dada contra todos los que estaban siendo un poco más mediáticos. Era una bomba de tiempo. Estaba a la espera. Recibí algunos consejos de personas que me exiliara, y yo respeto a todas las personas que decidieron exiliarse, pero en mis planes nunca estuvo exiliarme.
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¿Cómo describiría sus días en El Chipote?
Horribles. Es lo peor que a cualquier persona le puede suceder. Para mí, eso es lo peor, estar en un lugar donde no tenés que estar. Estar preso por defender los derechos y estar frente a un sistema que te violenta todos tus derechos humanos y constitucionales, que tratan de humillarte y dañar a tu núcleo familiar
¿Cuánto tiempo pasó hasta que pudo ver a sus hijas?
Más de un año.
Hubo un momento en que se dijo que usted no reconoció a sus hijas
Sí, fue en diciembre de 2022. Cuando me llevaron detenido, las primeras semanas fue difícil entender que estás ahí y poder conocer lo que hay a tu alrededor. Cuando yo pensaba en mis hijas me sentía mal, era mi debilidad, entonces tomé la decisión de no recordarlas, de no pensar en ellas porque me dañaba más. Fue como un autobloqueo. Ya en diciembre hubo un momento donde se dio todo eso, de no recordar los nombres, luego los rostros, el no recordar lo que había sucedido, entre otras cosas.
¿Aún tiene problemas para recordar cosas?
Tengo problemas para retener muchas cosas que estoy conociendo. Es no poder guardar datos, información.
Usted estuvo dos navidades en prisión
Es muy triste. Es un cementerio. El pasillo solo. Es muy triste no estar con la familia, no saber cómo están y tratar de hacer algo con tu compañero de celda, buscar cómo compartir a como se podía porque estaba prohibido comunicarse con las otras celdas. Cuando escuchábamos que se estaba haciendo alguna campaña por nosotros afuera, eso nos daba esperanza, de que aún se estaba luchando por nosotros.

¿Cómo fue para usted salir de prisión y en cuestión de horas estar en Estados Unidos?
Yo lo que hice fue hacerme un auto compromiso: “No voy a regresar a Nicaragua así como estoy entrando a Estados Unidos”. Ingresamos sin nada, solamente con la ropa que llevábamos puesta. Fue un compromiso de esforzarme, dedicarme a traer a mi familia y regresar a mi país en diferentes condiciones, tanto emocionales como en todos los aspectos.
¿Cómo fue el reencuentro con su familia?
Los más hermoso. De total felicidad porque ya no teníamos controlado el tiempo. Las visitas eran de dos horas, la última de cuatro horas y no tenía conocimiento de cuándo iba a volver a ver a mi familia porque no teníamos un rol, así como en los sistemas penitenciarios, y reencontrarme con mi familia en libertad, fue muy hermoso.
¿Cómo le gustaría regresar a Nicaragua?
Quisiera regresar a Nicaragua emocionalmente sano, libre, con mucha confianza
¿No se siente emocionalmente sano?
Es un proceso, la verdad es un proceso paso a paso. Creo que es algo que tenemos que tratar de aceptarlo. Es algo que nadie va a olvidar, pero yo me he propuesto recordar sin dolor porque no se puede olvidar y, aunque vos querás, no lo vas a olvidar. Es un dolor que cuando uno emocionalmente se sienta sano va a poder ayudar a otros que están pasando por ese proceso. Otros están lejos de su familia o con familiares todavía presos, pero no podemos ayudar si no estamos nosotros bien.
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