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A pesar de la feroz cacería que desató el régimen de Daniel Ortega en contra de sus críticos en los últimos años, el sociólogo Freddy Quezada nunca dejó de emitir su opinión ni de denunciar los abusos de la dictadura en sus redes sociales.
Lo hacía principalmente desde su cuenta de X (antes Twitter), en donde aparece como El Uliteo, “la página de nadie (Ulises) y de todos (Proteo)”, describe en su perfil. Uno de los últimos comentarios publicados contra la dictadura, cuestionaba la manera en que el régimen mostró a monseñor Rolando Álvarez el pasado 28 de noviembre.
“La dictadura tuvo presas a 222 personas que luego se vio obligada a excarcelar y expatriar (a Estados Unidos). Todas han contado su experiencia y las escenificaciones que sufrieron. ¿Cómo cree, ahora, esa dictadura cabeza de zorro (mentirosa) que alguien le creerá esa “mise à scene” (puesta en escena) del obispo Rolando Álvarez?”.
Esto valió para que un día después, hombres vestidos de civil acompañados de Policías asaltaran la casa en donde vive, en el barrio El Pilar, en Managua, y se lo llevaran detenido. Su familia pudo confirmar que permanece encarcelado en las celdas del Sistema Penitenciario La Modelo, pero aún no les han permitido verlo.

“Fue detenido por ser un hombre inteligente y crítico hacia un gobierno tonto y absurdo que cree que pensar y defender los derechos es violentar o incitar al odio”, señala un familiar de Freddy que estuvo presente al momento de su detención. Daniel Ortega y Rosario Murillo, insiste, “son gente que vive con miedo de la gente inteligente”.
Freddy Quezada, de 65 años, es reconocido como filósofo, sociólogo y maestro de varias generaciones de comunicadores graduados de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN Managua). También dio clases de Sociología en la Universidad Centroamericana (UCA), en la Universidad Americana (UAM), la antigua Universidad Politécnica de Nicaragua (UPOLI), entre otras.
Es autor de libros que hablan sobre la ética, el pensamiento contemporáneo, la comunicación y sociología. Según Javier González, un excompañero de trabajo de Freddy, él ahora preso políticos es “medio anarquista”. Siempre crítico con el sistema, nunca conforme con las injusticias y valiente para expresar sus opiniones en público.
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Por su forma de ser desde joven, Freddy fue detenido por la Guardia Nacional y perseguido por los sandinistas en los años ochenta. Ahora, bajo la dictadura de Daniel Ortega, el sociólogo sufre cárcel nuevamente y todavía no existe acusación en su contra.
“Nunca dejó de criticar los desmanes y los abusos del gobierno. Él tiene una conciencia crítica y el gobierno detesta eso, detesta la inteligencia, el criterio propio y que las personas hablen de los abusos que cometen ellos. Por eso cayó preso, por denunciar”, dice su excompañero de trabajo.
Dictaduras
Cuando uno le preguntaba a Freddy Quezada cuándo había nacido, él respondía orgullosamente que llegó a este mundo un 21 de marzo de 1958. En esa fecha se celebra el Día Mundial de la Poesía y entre sus aficiones está el leer poemas, pero jamás se atrevió a escribirlos.
Desde muy joven, Freddy participaba en las campañas de Navidad sin Presos Políticos y otras actividades que organizaban algunos movimientos a mediados de los años setenta. Él estudiaba Sociología en la UNAN y ahí empezó a ser colaborador del Frente Sandinista. “Él andaba metido en los movimientos juveniles regando boletas en favor de la revolución”, relata una familiar.
Por sus actividades contra la dictadura de Somoza, la Guardia Nacional lo detuvo varias veces. En la última ocasión, estuvo detenido por quince días a inicios de 1979 y nadie daba razón de él. Su familiar recuerda que la madre de Freddy anduvo buscándolo en todas las delegaciones de la Guardia junto al rector de la UNAN y con el entonces arzobispo de Managua, Miguel Obando y Bravo.
En una entrevista que dio a la revista DOMINGO en 2018, Freddy Quezada contó que para aquellos años era hippie, al igual que Rosario Murillo y otros miembros del Frente Sandinista. “Eso del 75 al triunfo de la revolución”, cuando ya era dirigente estudiantil en la UNAN.
Su excompañero de trabajo Javier González, comenta que Freddy en varias oportunidades le contó sobre las detenciones que le hizo la Guardia. “Él usaba el pelo largo y la Guardia cada vez que lo detenía le cortaba el pelo. Cuando llegaba la abuelita a sacarlo de la cárcel, ya iba pelón”, comenta González.

Cuando fue liberado por la Guardia a inicios de 1979, Freddy salió muy golpeado y desde entonces padece de otitis crónica en el odio derecho. También quedó con problemas en un pie. “Tuvo que ser intervenido quirúrgicamente y quedó impedido del pie derecho y tuvieron que hacerle un corte en la falange de los dedos porque los tenía totalmente desbaratados”, relata una familiar.
La madre de Freddy lo mandó a vivir con su padre, de quien se había separado, según ella para que estuviera resguardado. Tres meses después, los sandinistas asumieron el poder y a los pocos meses, Freddy ya estaba preso nuevamente por criticar los lineamientos de los comandantes revolucionarios.
“Él fue uno de los primeros presos políticos de los ochenta. Para entonces, se definía como un marxista radical y eso rayaba en el anarquismo”, relata González.
Maestro estricto
Freddy Quezada empezó a dar clases de Sociología en los años noventa y desde entonces, cuenta González, se caracterizó por ser un profesor estricto, pero que se ganaba el cariño de sus estudiantes.
González lo considera “uno de los grandes pensadores a nivel latinoamericano”. Es un hombre de muy buena memoria. Le gustaba contar chistes en sus clases y a nadie le regalaba puntos. En su oficina en la UNAN tenía una frase en la pared que decía “Se prohíbe prohibir”. En las reuniones, estaba casi siempre en contra de las autoridades de esa universidad, pero mantenía opiniones moderadas hasta antes de 2018.
En las universidades que trabajó, Freddy impartió mayormente clases teóricas como Ética, Teorías de la Comunicación y Metodología de la Investigación, “la asignatura más detestada por los estudiantes en el planeta”, describió entre risas el mismo Freddy en su entrevista con DOMINGO en 2018.

Su bigote poblado es algo así como su marca personal desde hace mucho tiempo, a como lo es su lenguaje coloquial. Le encantaba beber café y “siempre se manchaba la camisa. Eso era característico de él”, dice González
En su casa, a Freddy también le gustaba hacer chistes, poner apodos y reírse de situaciones absurdas. Según su familiar, es un hombre de rutinas, ordenado, mañanero y trataba de llevar una vida sana. Todos los días leía, y de vez en cuando escribía, pero donde no faltaban sus pensamientos eran en redes sociales, desde donde criticaba al régimen de Ortega.
“Ortega dice tantas mentiras que ni él sabe cuándo está diciendo la verdad. No se puede negociar con una persona así, a menos que lleve una pulsera electrónica y anuncie, a base de pequeñas descargas eléctricas, cuando las dice o no”, dijo en julio de 2018 en el contexto del Diálogo Nacional.
Ese año, Freddy fue despedido de la UNAN por criticar al régimen y apoyar las protestas estudiantiles de los manifestantes que se tomaron el recinto de esa casa de estudios.
Detención
Fue el miércoles 29 de noviembre cuando llegaron a echarlo preso. Los vecinos de la cuadra habían notado desde temprano que una moto y un vehículo Suzuki Alto color celeste pasaba constantemente por el lugar. La moto, incluso, se detuvo frente a la casa por un momento.
A las 4:45 de la tarde, mientras Freddy veía una película en la sala de la casa, dos hombres vestidos de civil se acercaron al portón y preguntaron por él.
–¿Aquí vive Freddy Quezada?
–¿De parte de quién? – preguntó el mismo Freddy
–¿Usted es Freddy Quezada?
–Sí, pero ¿quién es usted?
De la nada, aparecieron tres policías e irrumpieron en el hogar. Uno de ellos le pidió la identificación a Freddy y lo llevaron a su cuarto de habitación.
–¿Tiene computadora, tableta o algún dispositivo tecnológico? – preguntó una agente policial
–No, solo mi teléfono
Los Policías siguieron revisando el cuarto de Freddy, mientras una familiar insistía en saber qué pasaba. Según ella, quien dirigía la operación era uno de los civiles y este mismo le advirtió que si seguía preguntando qué estaba pasando, se la llevaría detenida también.
Los policías revisaron su ropa, su cama, sus papeles de la universidad, su título universitario y demás cosas que un profesor jubilado puede guardar en su armario. No encontraron nada. Todo esto duró unos 15 minutos y al finalizar la inspección le dijeron que sería llevado a la estación tres de Policía.
Esa fue la última vez que los familiares de Freddy pudieron verlo. Desde entonces, no han sabido nada de él y lo último que conocieron es que fue trasladado a La Modelo. Su familia ha hecho de todo para poder verlo, pero los funcionarios de la prisión les dijeron que no tienen permitido ni siquiera gestionar el carné de visitantes.
A sus familiares le preocupa la salud de Freddy, que a sus 65 años tiene glaucoma, es diabético tipo dos y todavía tiene el problema de otitis crónica en su oído derecho.
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