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La noche del 13 de julio de 2018, Nydia Elisa Monterrey y Kevin Hernández pensaron que sería la última de sus vidas. Ambos estaban refugiados en la parroquia Divina Misericordia, en Villa Fontana, después de ser desalojados por paramilitares de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN Managua) que mantenían tomada junto a otros estudiantes y manifestantes desde el siete de mayo de ese año.
Ella con el seudónimo de “Siria”, y él con el de “Zebra”, ninguno conocía sus verdaderos nombres. Se habían hecho amigos desde hace varias semanas. Protestaban juntos y ahora estaban de cara a la muerte, juntos.
Las ráfagas de paramilitares no cesaron durante la noche del 13 y madrugada del 14 de julio. Hasta que salió el sol, una comitiva de la Iglesia Católica pudo mediar y sacar a los jóvenes sobrevivientes del lugar. Los llevaron a la Catedral de Managua, pero algunos no se sentían seguros por lo cual decidieron partir al exilio. La misma decisión tomaron Nydia y Kevin con otros tres exatrincherados.
Cinco años después de aquel evento, Nydia y Kevin son más que amigos. Ambos tienen 29 años y un hijo de tres. Fundaron el restaurante de comida nicaragüense en Costa Rica, La Gigantona, ubicado en el distrito de Zapote, en San José, frente a la Casa Presidencial. Casi todos los días se ve desde el restaurante a la caravana del presidente Rodrigo Chaves entrando y saliendo del lugar.
El nombre surgió porque la pareja quería que el restaurante evocara a Nicaragua, pero sin necesidad de mencionar al país, y tras varios días pensando, escogieron La Gigantona. En honor al título, las porciones de sus platos son bastante grandes. “Queremos demostrar grandeza en todo lo que producimos”, comenta Nydia.

La Gigantona abrió sus puertas el 23 de septiembre de 2023, pero antes de eso ya ofrecían comida a domicilio, pues, a pesar que tenían todo listo para abrir las puertas al público, todavía les faltaba un permiso por parte de la municipalidad de San José para echar a andar el negocio.
En su menú, además de las típicas carnes asadas de res, cerdo y pollo, también ofrecen la “Tremenda enchilada”, el “Gigantaco” y “La taconuda”. Este último es una bandeja de tacos. También está la “Carreta Nahualt”, que es un surtido para cuatro personas que lleva gallo pinto, aguacate, dados de queso, tortillas palmeadas, carne desmenuzada y demás. En fines de semana ofrecen indio viejo, y otros platos de la gastronomía nicaragüense.
Como Nydia y su familia son originarios de la Costa Caribe, hay una sección llamada The Monkey Man que reúne algunos platos de esa zona del país como la carne de cerdo asada ahumada y las enchiladas costeñas que son hechas de tortillas rellenas con algo parecido al indio viejo.
También venden artículos fabricados por otras mujeres exiliadas nicaragüenses como llaveros, tazas, camisetas, y bebidas en polvo como cacao y semilla de jícaro. Su horario de atención es de miércoles a lunes, de 11 de la mañana a ocho de la noche. Los fines de semana cierran un poco más tarde en dependencia de la cantidad de clientes que llegan y los martes es el único día que se toman de descanso.
Exilio
Nydia es originaria de Bluefields y se unió a las protestas junto a su hermano menor Carlos Andrés. Ambos se atrincheraron en la UNAN Managua y ella era la que le cocinaba a una buena parte de los jóvenes que se mantuvieron en el recinto por más de dos meses.
Por su parte, Kevin es de la capital y desde hace mucho tiempo se dedicaba a trabajar en un call center hasta que decidió renunciar para involucrarse de lleno en las protestas. Eso lo llevó a atrincherarse en la UNAN en donde conoció a Nydia.
Una vez que fueron desalojados por los paramilitares el 14 de julio de 2018, ambos decidieron huir por veredas hacia Costa Rica por temor a ser encarcelados. Salieron con otro grupo de jóvenes por puntos ciegos y llegaron a una zona llamada Golfito, en el pacífico costarricense. Días después, se trasladaron a San José y empezaron a vivir con algunos conocidos que les dieron alojamiento.
Nydia relata que recién llegada buscó empleo como trabajadora doméstica, pero también estuvo tomando fotografías, atendiendo una floristería y luego consiguió empleo para una plataforma de noticias nicaragüense.
En el caso de Kevin, también trabajó haciendo fotografías en eventos y junto a Nydia y otros amigos se iban a tocar guitarra y otros instrumentos musicales en el centro de San José para pedir dinero.
Ambos terminaron enamorándose y en julio de 2019 decidieron establecer una relación. Un año después, nació su hijo, pero también se vendrían nuevos retos para la pareja, sobre todo por los estragos que ocasionó la pandemia del Covid19 en 2020.

Kevin había conseguido empleo en un call center, pero lo perdió cuando la pandemia obligó a la empresa a hacer un recorte de personal. Mientras, Nydia se encontraba embarazada y pensaba en el resto de sus familiares que estaban en Nicaragua. “Allá se estaba llevando tan mal la pandemia que yo pensé que mi familia iba a morir y jamás los iba a volver a ver”, relata.
Ese mismo año, la pareja decidió empezar a vender comida a domicilio. No les iba muy bien, pero les permitía generar ingresos para sobrevivir y una vez que la pandemia fue convirtiéndose en algo cotidiano, Kevin pudo regresar al call center donde trabajaba.
La pareja no dejó de vender comida a domicilio y más bien empezaron a ahorrar y a pensar en la posibilidad de poner un restaurante, hasta que finalmente, lo que empezó como una idea se convirtió en realidad.
La Gigantona
La Gigantona nació “por las ganas de superarnos”, comenta Kevin. Todo ha sido un proceso de prueba y error. “Hicimos varios intentos de crear marcas para vender comida y que fracasaron, pero que no dejan de ser parte del proceso de aprendizaje”, señala, mientas que Nydia considera que el restaurante lo inauguraron en un momento donde no pueden permitirse fallar. “No tenemos otra opción. Nos tiene que ir bien”.
Lo más complicado para la pareja fue conseguir los permisos para abrir el restaurante. “Es un proceso bien tedioso, bien burocrático, pero que se puede hacer”, explica Kevin.
Otra cosa que se complicó fue el encontrar un local en donde les alquilaran para poder establecer el negocio. Nydia confiesa que en varias ocasiones se desanimó porque había lugares con los que estaban a punto de firmar contrato, pero en el último momento les cancelaban. “Kevin fue más perseverante en eso porque él se puso a buscar y a buscar hasta que encontró aquí”, cuenta.
La búsqueda del local les tomó cerca de un mes y la pareja se ve feliz con el lugar seleccionado. Como están frente a la Casa Presidencial, sus clientes normalmente son personas que llegan a protestar semanalmente al lugar, o si no, personas de establecimientos comerciales que se encuentran en la zona, y por supuesto, nicaragüenses que habitan en las cercanías y llegan para degustar la sazón nica.

Además de la comida, otro de los atractivos del lugar, es un enorme mural en una de las paredes donde aparece La Gigantona con el Enano Cabezón, marimbas y demás animaciones representativas de Nicaragua. “La gente viene y se toma fotos. Les gusta mucho el diseño”, comenta Nydia.
Este mural fue hecho por Kevin, quien estudió Diseño Gráfico, y también se ha encargado del diseño del logotipo y la línea gráfica del restaurante, en el cual colaboran, además de la pareja propietaria, sus familiares cercanos.
Según Nydia, el restaurante está pensado para que las personas que lo visiten se sientan en un ambiente alegre, como el que provoca La Gigantona en Nicaragua. Por ello, la pareja apostó por pintar las paredes del local con colores chillantes como rosado fucsia, amarillo y celeste.
La Gigantona lleva dos meses abierto al público, pero sus propietarios ya están apuntando a lo más alto, pues esperan abrir más sucursales en otras zonas de la ciudad y que el restaurante se convierta en una referencia de la gastronomía nica en Costa Rica. También, dice Kevin, espera que en Costa Rica se elimine el estigma de que los nicas solo llegan a ese país a delinquir.
“Los ticos dicen que los venezolanos son trabajadores, que los chinos vienen y te ponen un supermercado. Pues que digan también que los nicas vienen a trabajar y que hay algunos que ponemos restaurantes”, señala.
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