Desde que en el 2015 se implementó el sistema de Statcast, apoyado en cámaras y radares para medir todo tipo de acciones en el beisbol de las Grandes Ligas, se acabaron las conjeturas. Ahora se sabe concretamente quién batea más duro una pelota, quién la envía más lejos, quién la lanza más rápido y quién la hace rotar más.
En nuestro beisbol no existe ese tipo de tecnología que, además, nos permitiría saber quién tiene mejor velocidad de salida al impactar la bola, la máxima velocidad y eficiencia en la ruta de un jardinero mientras persigue un elevado y tantos otros detalles que se aprecian en un juego y que solo pueden ser calibrados en base a la experiencia.
Entonces, ¿quién tiene más poder entre todos estos chavalos que jugaron el Premundial con el equipo de Nicaragua? ¿Es Freddvil Chévez es artillero más poderoso de esta generación o en realidad ese calificativo le pertenece a Godwin Bennett? Y, ¿qué hay de Elián Rayo o de Róger Leytón, otros dos artilleros que tronaron con fortaleza?
Chévez sacó una pelota en Managua que superó hasta el muro perimetral del estadio y se fue a perder en la oscuridad. Bennett metió un bombazo en Masaya que aseguran que fue a rebotar en la casa de la familia Suazo, donde hacen las hamacas, detrás de los jardines. Y los bombazos de Rayo no fueron con las completas. Fueron tablazos.
“El batazo que más me impresionó fue la línea de Bennett que rebotó en la cerca del jardín central. Qué clase de misil”, comentó el mánager Aníbal Vega, ante los periodistas luego del duelo contra México. Y en realidad, la pelota no se llevó mucho tiempo en salir del bate y estrellarse en la pared y rebotó para terminar convertida en un doble.
Pero, entonces, ¿quién tiene más poder? Esa es una pregunta sin respuesta concreta por el momento en el beisbol nacional. En el pasado, las miradas fueron para Ernesto López, Pedro Selva, Ariel Delgado, Apolinar Cruz, Próspero González, Norman Cardoze, Ramón Padilla, Justo Rivas y Juan Carlos Urbina, hasta llegar ahora a Luis Montealto.
“A mí no me importa mucho quién tiene más poder, es decir, quién manda más lejos la bola. Hay bateadores que no saben usar su poder al bate. Me gusta más el más jonronero y eso es sencillo, es el que más jonrones conecta en la menor cantidad de turnos y punto”, solía decir con mucho sentido práctico, el gran cronista nica Tito Rondón.
En las Grandes Ligas, de acuerdo a Statcast, Ronald Acuña, de los Bravos, fue quien tuvo la mejor velocidad de salida este año con 121.2 millas y un promedio de 94.7, superando a Giancarlo Stanton (119.5 y 93.3), pero el batazo más largo fue un bombazo de 493 pies salido del bate de Shohei Ohtani, mientras Stanton daba uno de 485 pies.
Al final del día, Acuña conectó 41 jonrones, Ohtani 44 y Stanton quedó con 24. Y lo más curioso, es que Matt Olson, de los Bravos, aparece quinto en velocidad de salida (118.6) y 18 en distancia recorrida por sus jonrones (411 pies, promedio), pero con 54 jonrones lideró las Grandes Ligas y fue pieza clave en Atlanta y sus 104 victorias.
¿Para usted quién es el más potente entre estos chavalos? Por ahora tenemos que conformarnos con la observación. Mi escogencia es Freddvil Chévez, el inicialista de 6’5 pies que además ha mejorado en su mecánica y envía la bola lejísimo, pero no perdamos de vista a Bennett, Rayo o Leytón, quienes tienen un fuerza impresionante y están chavalos.