Luego de ganar dos triples coronas en pitcheo, lanzar un juego sin hit ni carrera, conquistar 149 victorias y convertirse en pieza clave de la Selección Nacional, Diego Sandino parecía un lanzador destinado para el éxito. Sin embargo, él jamás lo hubiera imaginado de no ser por el empuje que recibió de su patrón en la finca en la que trabajaba.
“El hombre clave en todo lo que me pasó, después de Dios, es don Vladimir García, quien incluso me llevó al Granada para que me probaran como lanzador”, reveló Sandino en una entrevista a Gerald Hernández. “Mi mundo era el campo, yo trabajaba en la agricultura y a pesar de mi falta de fe, don Vladimir sí creía en mí”, agregó Diego.
Nacido en Dolores, Carazo, en 1974, Sandino fue incorporado a los Tiburones de Heberto Portobanco en 1994, pero no ganó juego. Tampoco lo hizo en las dos temporadas siguientes con el Carazo. Así que se regresó a la finca a trabajar y no lanzó en 1997 ni 1998, pero don Vladimir lo empujó con más fuerza y reapareció en Granada en 1999.
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Y después de registrar balance de 7-8 y 6.02 con los Tiburones ese año, fue dejado libre. Entonces se marchó a León, donde, seis años después de estar intentando mostrar el material del cual estaba construido, tuvo éxito. Terminó la temporada con 14-4 y 1.15, con 82 ponches, todo bueno para su primera triple corona como lanzador.
Fue tan grande su repunte en ese año 2000, que incluso llegó a la Selección Nacional y tras concluir con 2-0 y 0.87 en 10.1 innings, con un equipo que cerró con 3-1 en el Premundial de Panamá, fue nombrado el mejor lanzador del torneo, mientras a nivel local resultaba una pieza valiosa en títulos nacionales para los Leones y también el Bóer.
Sandino incluso, repitió una triple corona en 2007 desde la colina de los Tiburones, cuando terminó con 8-0 y 1.34, con 48 ponches. De esa forma, se unió a Porfirio Altamirano como los únicos dos lanzadores nicaragüenses con dos triples coronas. Los leoneses Julio Moya y Antonio Chévez también ganaron triples coronas en una ocasión.
Su obra cumbre a nivel nacional fue su juego sin hit ni carreras 7-0 contra el Estelí en 2002. Debió ser un juego perfecto de no ser por un error del intermedista Silvio Silva en el segundo episodio. Además de sus triples coronas, fue dos veces líder en efectividad, tres veces líder en victorias y cuatro veces líder en ponches.
En 2007, lanzando para el San Fernando en la Liga Profesional, Sandino terminó con marca de 10-0 y 2.06 en 78.2 innings. Para colocar en perspectiva el impacto de Diego aquel año con el equipo de Masaya, hay que recordar que esa temporada fue de 52 juegos. Ese récord de diez victorias, solo fue nivelado (dos veces) por Julio Raudez.
Cuando Diego se retiró luego de 24 temporadas, lo hizo con balance de 149-123 y 3.10 a lo largo de 2,215.2 innings en los que ponchó a 972 bateadores y solo concedió 301 bases, lo que resalta su habilidad para tirar que strikes, que fue el fundamento de su éxito. Un éxito más y cerraba con 150 triunfos y 28 ponches, le privaron de llegar a 1,000.
“Pero estoy contento con lo que conseguí. El beisbol me ha dado todo lo que tengo. Pasé de ser un trabajador en una finca, a tener yo mis propiedades. He ayudado a mis hijos y tengo uno que es licenciado y otro ingeniero. Así que agradezco al beisbol y a don Vladimir por haberme empujado. Sin él no hubiera conseguido nada”, indicó Sandino.
Pícaro, bromista y sonriente siempre, Diego solo lucía serio en el montículo. Después, estaba relajado. En una ocasión es Canadá, mientras los muchachos del equipo de Nicaragua estaban preocupados por un juego clave en 1995, Sandino tenía otra cosas en mente: ¿me pregunto, a qué horas es que duermen las gallinas en este país si mirá que son las diez de las noche y hay sol?
Esos eran sus pensamientos como hombre del campo, pero gracias a don Vladimir tomó la decisión que cambió su vida para siempre y se hizo un gran lanzador.