No se vive de los likes

Recuerdo cuando me tocó elegir carrera y saber qué haría el resto de mi vida. Mis opciones eran Administración de Empresas como mi papá, Derecho o Comunicación. Mi mamá lo tenía más claro que yo. Desde antes que visitáramos la Universidad Centroamericana (UCA) para analizar las opciones, ella sabía que yo iba a ser periodista.

Desde el primer año de la carrera yo soñaba con escribir y publicar, y así como una carrera universitaria estaba casada con estudiar en la UCA, este sueño estaba amarrado al de algún día firmar en LA PRENSA. Solamente otro colega y yo decidimos este camino, mientras mirábamos a nuestros compañeros soñar, en su mayoría, con ser presentadores de televisión.

Nuestra afinidad nos hizo ser compañeros de monografía, manteniendo ese interés por la prensa escrita los cuatro años de carrera. Cuando yo estudié no teníamos Google, Instagram, Facebook, Twittter, ni Tik Tok, lo más visible era la televisión. Creo que por eso muchos de mis compañeros se trazaron esa meta de ser presentadores.

Cuando retomé estos artículos me plantearon el tema de los influencers y el que no se vive de los likes. Pues bien, entiendo el sueño de ser “famoso”, pero hay muchas cosas que han cambiado. Ya este sueño no se amarra o se casa con una carrera de comunicación, puedes acumular seguidores sin estudiar para eso.

En mis tiempos, los influencers eran esas personas que por su trayectoria tenían mucho que decir. Escritores, periodistas, deportistas, en fin. Aún recuerdo la colección de artículos de opinión de Jorge Ramos, que resguardaba en mi cuarto.

Cuando el internet empezó a esparcirse, o para ponernos en sintonía usaré el término de boom del internet, llegué a pensar que surgirían personas que tuvieran esos talentos y que aprenderían a usar las plataformas digitales, para influenciar a otros y contribuir con el desarrollo del conocimiento y las personas.

Hoy veo influencers haciéndose famosos por hacer bromas, por dar consejos que me hacen perder mi fe en la humanidad, por ejemplo, “cómo sacar provecho económico a las relaciones con hombres”. 

No le daré muchas vueltas a los contenidos porque para gustos los colores, pero iré al punto de “no se vive de los likes”. Los influencers que considero realmente influencia ganan generando contenido útil. Mencionaré a dos de mis favoritos en el campo de la comunicación digital: Vilma Núñez, mentora de marketing y negocios, en su sitio y en sus redes promueve tips extremadamente útiles para los que cursamos la carrera sin Google, y el calendario para community manager que elaboran año con año los Cuartero Agurcia.

Para mí, este tipo de influencers son como los columnistas que me inspiraron, que mostraron un camino, que me cambiaron la vida. Esos que se prepararon para ser ejemplo. No se vive de los likes. Se gana likes generando contenidos que aporten y para esa generación de contenido, podría no haber una carrera de cuatro o cinco años, pero hay un conocimiento desarrollado.

Me planteaban que una encuesta, desconozco cuál, decía que el trabajo más deseado en Nicaragua era ser influencer. Me suena a historia conocida con los que deseaban ser presentadores, pero mis colegas tenían claro que no era solo leer un telepronter, era saber comunicar.

Me decían que los aspirantes a influencers necesitan un camino porque no van a vivir de los likes, ni van a ser virales por mucho tiempo, porque es una “carrera” que va hacia abajo. Yo no lo llamaría carrera, pero sí coincido que esto va hacia abajo.

Mientras menos elaborados o respaldados son los contenidos en las redes sociales, son más fácilmente duplicables. Y cuando tienes a varios haciendo lo mismo, te cansas. Hasta las plataformas lo saben. Hi-5 dejó de ser atractivo cuando Facebook dominó el compartir imágenes, superado por Instagram (aunque ambas son de Meta), los blogs, primera casa de los nuevos influencers, terminaron por perder fama, superados por la facilidad de hacer videos y YouTube se volvió rey.

Actualmente Tik Tok con sus filtros, con su facilidad de edición de video está gobernando las plataformas y siendo el escenario de las nuevas generaciones. Esperemos que cuando el mundo se canse de hacer las cosas más fáciles empiecen a concentrarse más en el contenido.

Sobre todo, porque algunos de los nuevos influencers han venido a contribuir con el fenómeno de la desinformación, mala información y la trivialidad, en esa necesidad de hacer todo “bonito”, positivo y fácil.

La carrera de comunicación está evidentemente en crisis y el que no se estudie para ser influencer complica las cosas. Los que no somos nativos digitales aprendimos a vivir en este mundo, la pregunta es si esta nueva generación recuperará el arte de desarrollar contenidos educativos, que promuevan valores, que signifiquen algo, que contribuyan con la sociedad, con la humanidad, que cambien vida y que realmente sean una influencia.

La autora es licenciada en Comunicación Social.

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