Después de más de tres meses y tres semanas de que se celebraron las elecciones generales o parlamentarias del 23 de julio pasado en España, el Congreso de los Diputados pudo elegir de su seno al presidente del Gobierno para la siguiente legislatura o período gubernamental. O mejor dicho que reeligió al presidente en funciones Pedro Sánchez, líder del Partido Socialista Obrero Español (PSOE).
Esta es la primera vez desde que comenzó la transición democrática de España, en 1978, que el líder de un partido político que no ganó las elecciones es nombrado presidente del Gobierno. En las elecciones del 23 de julio el PSOE consiguió 122 diputados, 14 menos que los 136 del Partido Popular (PP), de centro derecha.
Pero eso no significa un fraude electoral, como han alegado los detractores de Pedro Sánchez y el PSOE. En un sistema parlamentario como el de España para liderar el gobierno se debe tener la mayoría absoluta del total de los diputados, que en el caso español son 350; o sea que se necesitan los votos de 176 diputados.
De manera que se elige como presidente del Gobierno al líder de aquel partido que mediante alianzas, pactos, acuerdos, compromisos o componendas con los demás grupos parlamentarios, suma la mayoría absoluta que es indispensable para gobernar.
Pedro Sánchez, líder del PSOE, fue reelegido este jueves como presidente del Gobierno de España con 179 votos, 3 más que la mayoría absoluta y 57 más que la cantidad de diputados que pudo elegir ese partido el 23 de julio pasado. Y consiguió la mayoría necesaria para seguir gobernando, pactando sobre todo con los minoritarios partidos independentistas, sobre todo los de Cataluña, a cambio principalmente de una amnistía para todas las personas que fueron condenadas por sedición al haber proclamado ilegalmente la independencia catalana en 2017.
Pedro Sánchez y el PSOE, igual que los demás líderes y partidos no independentistas de España, habían rechazado categóricamente la amnistía por considerarla inconstitucional y que viola la autonomía del poder judicial y el principio de la separación de poderes consagrado por la Constitución.
Sin embargo, para poder seguir controlando el Gobierno de España Sánchez y el PSOE renegaron de aquella posición y pactaron la amnistía con los independentistas, además de darles otras concesiones que fortalecerán a los partidos secesionistas y según observadores pondrán en grave peligro la unidad nacional y la integridad territorial de España.
Sánchez ha justificado su nueva posición sobre la amnistía y la unidad de España, con el cuento de que para mantenerse en el poder tenía que “hacer de la necesidad virtud”. En realidad han actuado de acuerdo con la regla política amoral y maquiavélica de que “el fin justifica los medios” y que en la lucha por el poder todo se vale.
Igualmente han apelado a la norma de la dialéctica marxista-leninista, de que ante un cambio súbito de la realidad hay que cambiar la estrategia y la acción política. Dicho con otras palabras, que lo que antes fue correcto y necesario ya no lo es por el cambio de circunstancias. Pero quienes deciden si las circunstancias cambiaron son el mismo partido y su liderazgo.
Sin duda que España sigue dando grandes lecciones de política, algunas éticas, pero otras que son amorales.