La disyuntiva histórica de los argentinos

El domingo 19 de noviembre se realizará en Argentina el balotaje —o segunda vuelta electoral— para escoger al nuevo presidente de ese país suramericano, el tercero más grande de América Latina.

El actual gobierno peronista alineó a Argentina con la izquierda continental, y por lo tanto su política exterior ha sido favorable, con algunos matices, al régimen de Daniel Ortega.

En el período anterior, Argentina tuvo como presidente a un líder de centroderecha, Mauricio Macri, cuyo gobierno intervenía activamente en la OEA y otros organismos internacionales en favor del restablecimiento de la democracia en Nicaragua. Tanto así, que la embajadora de Argentina en la OEA, Paula María Bertol, fue apodada “la monimboseña”.   

La rifa electoral argentina del próximo domingo será entre el candidato oficialista Sergio Massa, peronista y de izquierda, y el economista de extrema derecha Javier Milei, líder de la emergente corriente política ultraliberal llamada libertaria.

En favor de Massa se han pronunciado caracterizados líderes de la izquierda latinoamericana, como el presidente brasileño Lula da Silva, el presidente mexicano López Obrador y el expresidente uruguayo José “Pepe” Mujica, así como el expresidente socialista de España Rodríguez Zapatero y el actual presidente en funciones, Pedro Sánchez. En tanto que a Milei lo han respaldado prominentes personalidades de derecha de América Latina, y en España, Santiago Abascal quien es el líder del partido ultraderechista Vox.

En Nicaragua han causado interés los planteamientos políticos y sobre economía de Javier Milei, de modo que en la sección de Opinión de LA PRENSA ha habido un debate de altura y profundidad entre dos reconocidos intelectuales nicaragüenses, como son el sociólogo Humberto Belli y el profesor de ciencias políticas ahora retirado, Andrés Pérez Baltodano.

Ahora bien, la competencia entre Massa y Milei está tan cerrada que las firmas encuestadoras no se han atrevido a pronosticar quién de los dos se alzará con la victoria. Habrá que esperar el resultado de las votaciones.

En la primera vuelta electoral, el 22 de octubre pasado, el oficialista Massa quedó en primer lugar con una clara ventaja sobre Milei. Lo cual fue sorprendente, porque el principal problema de los argentinos en la actualidad es la crisis económica, en particular la inflación que como es bien sabido castiga más a las personas de menos recursos que son la mayoría de los votantes.

Massa es el actual ministro de Economía del gobierno peronista de Alberto Fernández y desde que asumió esa cartera el año pasado la inflación se triplicó, los argentinos perdieron hasta el 41 por ciento de su poder adquisitivo y la población de gente pobre aumentó en más de 2 millones y 200 mil personas.

A pesar de eso Massa ganó la primera vuelta electoral porque se aprovechó de su privilegiada posición en el Estado para hacer muchas regalías a los trabajadores y la población pobre en general.  Y por eso mismo podría ganar el balotaje del próximo domingo.

Sobre este fenómeno el analista venezolano Antonio de la Cruz, director ejecutivo del grupo de expertos Inter American Trends, reflexiona que en las elecciones la economía es la razón fundamental para que los electores castiguen al gobierno de turno, pero esto no aplica en Argentina. “Una gran mayoría de argentinos —explica— esperan que el Estado les dé para sobrevivir, sin importarles los grandes hechos de corrupción, la inflación, la devaluación de la moneda causados durante los veinte años de peronismo”.

Pero no siempre los peronistas ganan las elecciones. Desde que en 1983 fue restaurada la democracia en Argentina, el peronismo se ha debido alternar en el poder con el centro derecha. Lo novedoso ahora sería, si ganara Javier Milei, que el poder pasaría por primera vez a manos de una ultraderecha política y económica que inspira tanto temor como la ultraizquierda.

Pero en Argentina funciona la democracia, con elecciones regulares libres  competitivas y alternabilidad en el poder. Y eso es lo más importante. Lo malo sería que cualquiera que ganara el balotaje del próximo domingo atentara después contra las instituciones democráticas, con el malsano fin de imponer un régimen autoritario, sea de derecha o de izquierda.

Lo cual esperamos que si llegara a ocurrir las instituciones democráticas sean lo suficientemente sólidas para impedirlo.

COMENTARIOS

  1. Hace 3 años

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