El fin de semana recién pasado se realizó en Ciudad de México la 79 Asamblea General de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP).
El Diario LA PRENSA es parte de la SIP desde comienzos de los años cincuenta del siglo pasado, pero no pudo participar en la asamblea general de México por la situación crítica de Nicaragua que afecta gravemente al Diario de los Nicaragüenses.
En realidad, en su reunión de cuatro días en la capital mexicana la SIP constató que en todo el hemisferio la libertad de prensa está pasando por malos momentos, en unos países peores que en otros.
El Informe Chapultepec de la SIP que monitorea y analiza los problemas que sufre la libertad de prensa en cuanto a represión y violencia contra los periodistas, censura directa e indirecta y limitado o nulo acceso a la información, puntualizó que la situación en Nicaragua es la peor de las tres Américas: del Norte, del Centro y del Sur.
Desde que LA PRENSA fue asaltada policialmente y confiscadas sus instalaciones el 13 de agosto de 2021, Nicaragua es el único país del hemisferio occidental donde no existe un solo diario impreso. Hasta en países de última categoría por tener Estados fallidos, como son Afganistán, Siria, Somalia, Sudán del Sur y Haití, se imprimen y circulan algunos periódicos, menos en Nicaragua.
Entre los 22 países de las Américas en los que el Informe Chapultepec de la SIP examinó la situación de la libertad de prensa, encontró que la de Nicaragua es peor incluso que la de Venezuela y de Cuba, ubicados en el segundo y tercer lugar. Esto es una vergüenza para el país de insignes y modélicos periodistas, como Rigoberto Cabezas, Rubén Darío, Hernán Robleto y Pedro Joaquín Chamorro Cardenal.
La libertad de prensa no solo es condición indispensable para la democracia, sino también un factor para determinar el grado de civilización de los países y la dignidad de sus habitantes.
Sin libertad de prensa la gente no puede informarse verazmente sobre los asuntos de interés público y los ciudadanos carecen de capacidad para exigir la rendición de cuentas a las autoridades gubernamentales.
Inclusive, sin libertad de información ni derecho a la libre expresión las personas pierden su calidad de auténticos ciudadanos porque no pueden compartir libremente opiniones y posiciones sobre los asuntos de interés común.
El derecho a la libertad de expresión y de información pertenece a todas las personas y por eso está protegido jurídicamente por la Declaración Universal de Derechos Humanos, por la Convención Americana de Derechos Humanos, e inclusive por la Constitución Política de Nicaragua. Pero en la realidad esos derechos no existen porque no son respetados.
La libertad de prensa y el derecho a la libre expresión son primordiales. De manera que deberán ser los primeros en ser restituidos cuando llegue el momento de recuperar la democracia —que sin duda llegará— antes de cualquier otra medida indispensable para garantizar la nueva transición democrática.