La deshumanización en el lenguaje político

El medio internacional en línea BBCNewsMundo publicó el pasado 5 de noviembre un artículo de la periodista británica Sophia Smith Galler, titulado El daño que causa el uso de un lenguaje deshumanizante

El artículo hace referencia a los enfrentamientos verbales en muchos países del mundo, entre partidarios de los palestinos y simpatizantes de los israelíes y judíos, con motivo de la guerra en la Franja de Gaza que libran la fuerza armada de Hamás y el Ejército de Israel; y llama la atención hacia el lenguaje de odio y deshumanizante que usan unos y otros.

El tema alude indirectamente a Nicaragua, aunque no por la guerra en la Franja de Gaza sino por la conflictividad y la polarización política entre los nicaragüenses.

El diccionario de la RAE dice que la deshumanización es la acción de “privar de caracteres humanos” a las personas. Mientras que el diccionario Merryl Webster indica que es la “privación de cualidades humanas, personalidad o espíritu”.

Sophia Smith Galler opina que en boca de líderes políticos y comentaristas “las viejas figuras literarias y calificativos despectivos que buscan retratar a grupos enteros de personas como si fueran de alguna manera menos que humanos, puede parecer poco más que un gesto teatral”. Pero es algo muy grave, porque induce a cometer y justificar cualquier clase de atrocidades. Es por eso —sostiene la autora del artículo— que “existen razones por las cuales todos debemos estar hipervigilantes sobre las palabra que usamos y escuchamos”.

En el caso de Nicaragua, LA PRENSA, en su edición del 29 de diciembre de 2019 identificó unas 45 expresiones o epítetos deshumanizantes usados por los más altos representantes del régimen contra los activistas opositores y en general contra las personas que participaron en las manifestaciones de 2018 por la libertad y la democracia.

Cabe recordar que en América Latina la dictadura comunista de Cuba institucionalizó a principios de los años sesenta del siglo pasado el lenguaje deshumanizante contra sus críticos y opositores, a los cuales llamó “gusanos” y “gusanera” a la ciudad estadounidense de Miami, donde se refugió la mayoría de los perseguidos políticos.

Pero hay que reconocer que, al menos en el caso de Nicaragua, también gente de la oposición animaliza verbalmente a los representantes del régimen y a  sus partidarios los llama “sapos”. Una figura que por cierto se usaba en el tiempo del somocismo para calificar a los espías policiacos.  

Según investigadores sociales siempre ha existido el  fenómeno de la deshumanización del adversario, pero fue hasta en el siglo 20 que se comenzó a estudiar sociológicamente esa aberración, a partir de lo ocurrido en los campos nazis de concentración y exterminio. Pero también en los soviéticos, los que fueron llamados “archipiélago gulag” por Alexander Solzhenitzin.

El odioso fenómeno humano del lenguaje deshumanizante en contra del adversario es muy persistente, y ocurre particularmente en sociedades polarizadas, en países con dictaduras y ante las crisis internacionales agudas como la del conflicto en Oriente Medio entre árabes palestinos y judíos.

Y por supuesto que es un impedimento a cualquier esfuerzo por el entendimiento, la reconciliación y la paz entre las personas y las naciones.

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