Periodismo en coma y relevo generacional

Tres veces en mi vida he pensado en la falta de relevo generacional. La primera cuando se cerró la carrera de Bibliotecología y pensé: está bien, el Internet avanza y ya uno busca por su cuenta, pero los libros no desaparecieron y siguen siendo necesarios bibliotecólogos para el resguardo. O no se han preguntado ¿adónde irán las investigaciones y los libros que con el tiempo desaparecerán de los estantes de las librerías comerciales?

La segunda vez fue al dejar la cobertura de temas de educación en LA PRENSA. Entrevistando a Carlos Tünnermann me hizo él una pregunta que aún hoy mantiene la misma respuesta: ¿Qué me preocupa de la educación en Nicaragua?, tras segundos de pensarlo le dije: “El relevo generacional”, de personas como él, Miguel de Castilla (q.e.p.d.), Juan Bautista Arríen (q.e.p.d.), Rafael Lucio, entre otros, hombres comprometidos con el sector educativo, aunque más bien diría enamorados de la educación, como motor para el desarrollo.

Y la tercera vez, y quizá la que más me preocupa, es el relevo del periodismo. Sentada en una mesa con colegas me planteaban que el periodismo no está en peligro, “está en coma” y nos miramos calculando años, quizá los más jóvenes de veintitantos, la mayoría entre 30 y 40 y cuestionamos, y concluimos que la generación actual es el “respirador” que mantiene al periodismo con vida.

Aunque mi carrera profesional se inclinó a la comunicación estratégica, a desarrollo de proyectos y otros campos, no dejo de amar el periodismo y verlo como ese “en todo amar y servir” que enseñaba San Ignacio de Loyola, finalmente soy como me lo han dicho muchas veces “un producto jesuita”.

Cursé la carrera de Comunicación Social en la Universidad Centroamericana. Cuando iniciamos éramos cerca de 50 alumnos, poco a poco lo que podríamos llamar una “reducción natural” nos dejó como a 25 egresando y otros tantos reparando clases y tardando un poco más de los cuatro años.

Después de más de diez años dando clases en diversas universidades privadas me di cuenta que la reducción natural no era tan natural. Al iniciar mi vida como docente llegué a los 60 alumnos por salón. En otra alma mater 25 y poco antes de dejar las aulas fueron cuatro.

Uno de ellos, aunque no parezca, me marcó increíblemente al decirme: “Profe yo quiero ser periodista, pero ya no sé si seguir en la carrera”.  Con la mayor honestidad y cariño que pude, porque miraba en él a ese relevo generacional, le contesté: Esto es como la canción de Arjona, aunque no tenemos jardín hay que comprar la podadora. Mientras las cosas mejoran hay que emprender y explorar otras ramas de la comunicación y si te gusta escribir no dejés de hacerlo.

No sé qué hizo, hace un par de años de esa conversación, pero lo cierto es que ese “yo quiero ser periodista” me alimentó la última esperanza de que el periodismo tenga un relevo generacional.

Hay personas que salen del coma tras meses postrados en una cama, quiero creer que el periodismo saldrá después de años. Que la crisis del relevo encontrará quienes amen esta profesión.

Si algo enseñó el 2018 es que, en este coma periodístico, el respirador fue creativo con el surgimiento de medios digitales. Algunos, por el incremento de la crisis y el desgaste de sobrevivir se cuestionan: ¿qué sigue?, y contra cualquier pronóstico no analizan la desaparición.

Algunos consideran una fusión, otros apuntan a un enfoque propio, desde lo local, desarrollando contenidos multimedia en diferentes plataformas o haciendo cocteles interesantes como arte y periodismo. Otros, como yo, pensamos que hay que desarrollar proyectos periodísticos que combinen otras áreas como la educación y otros derechos humanos, quizá así salvemos otro relevo generacional pendiente.

Me preguntaron si no consideraba que el relevo generacional podría encontrarse en universidades de Costa Rica, tomando en cuenta que ha recibido a periodistas exiliados y podría trabajarse algo con este país. La respuesta me la dio Mario Benedetti en su libro Primavera con una esquina rota, donde a una niña se le explica el exilio hablándole de su patria titular y su patria sustituta. Ella plantea que conoce más su patria sustituta, porque llegó de bebé.

Para los periodistas en el exilio, Costa Rica es una especie de patria sustituta, pero su amor por el periodismo fue inculcado en su patria titular. Le daré vueltas al asunto, pero creo que salir del coma, egoístamente, debe ser un trabajo del periodismo nicaragüense, para el periodismo nicaragüense y por el periodismo nicaragüense.

La autora es licenciada en Comunicación Social.

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