En el día memorial de los difuntos

La celebración cada 2 de noviembre del Día de los Difuntos tiene dos sentidos, uno religioso y otro sentimental y cultural.

En su sentido religioso es el Día de los Fieles Difuntos. Fue instituido en el año 998 por el monje benedictino francés Odilón de Cluny, quien posteriormente fue declarado santo por la Iglesia católica que lo venera como San Odilón de Francia. La Iglesia oficializó el Día de los Fieles Difuntos en el siglo XVI y desde entonces es una de sus principales  celebraciones.

La significación del Día de los Fieles Difuntos se basa en la doctrina de que las almas de las personas creyentes que al morir no estaban limpias de sus pecados veniales, no pueden ir directamente a ocupar un sitio junto al supremo Creador. Para que lo puedan lograr los creyentes vivos deben rogar por las almas de aquellos, sobre todo en las misas y en la celebración universal del Día de los Fieles Difuntos.

En cuanto a su sentido sentimental y cultural, se trata de que no obstante que  en general las personas siempre guardan en su memoria a los seres queridos que han fallecido, en el Día de los Difuntos los recuerdan especialmente y suelen ir a los cementerios para visitar sus tumbas, limpiarlas, enflorarlas, orar por sus almas y rendirles un tributo particular.

Es que como dijera Marco Tulio Cicerón, el gran pensador latino del siglo primero antes de Cristo, “la vida de los muertos perdura en la memoria de los vivos”. Que recuerdan no solo a las personas cercanas y queridas que ya fallecieron, sino a todos los muertos.

La muerte es la gran igualadora de todas las personas, borra sus diferencias de sexo o género, de raza o nacionalidad, de clase social o estatus económico, de religión o creencia, de afiliación política o ideología. Memento mori, dice la antigua y sabia frase latina que nos recuerda que inevitablemente vamos a morir y que con la muerte todos seremos iguales.

En relación con esa verdad absoluta, en el editorial del 2 de noviembre de 2020 dijimos algo que consideramos necesario repetir ahora: Que tenemos la “obligación moral de recordar a los centenares de muertos de abril de 2018 y los meses subsiguientes de represión de la dictadura, y honrar su memoria. Pero honrarlos a todos, no solo a los de uno de los bandos”.

Dijimos en aquella ocasión que honrar a todos los muertos, a los nuestros pero también a los de los otros, es un primer paso hacia la reconciliación nacional, indispensable para “restañar las heridas dolorosas que sus muertes causaron y reconstruir el tejido moral de la nación que ha sido roto en dos grandes pedazos…”

Así lo pensamos y dijimos en aquella ocasión y así lo seguimos creyendo y volvemos a decirlo ahora, tres años después, porque nada se ha avanzado hacia una –otra— reconciliación nacional. Que para ser eficaz y duradera debe ser en libertad y democracia.

 

Editorial
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