El secuestro de la primera magistrada de la Corte Suprema de Justicia

Los diarios reportaron la semana pasada que la doctora Alba Luz Ramos, presidente de la Corte Suprema de Justicia, había sido desalojada (yo más bien diría secuestrada) de su oficina el martes 24 de octubre por la Policía.

El secuestro de la doctora Ramos es irónico e incomprensible ya que, desafortunadamente, contrario a lo que establece nuestra Constitución Política que manda que los jueces deben ser independientes y solo deben obedecer a la Constitución (Artículo 165), la estimable dama ha seguido más bien durante su mandato los lineamientos del gobierno compartido (aunque ya no se sabe quién manda) de mi distinguido presidente y de mi más que estimada Trinidad (vale decir: primera dama, vicepresidente y vicesecretaria del FSLN).

Más importante, su secuestro muestra una vez más el irrespeto y violación del señor Presidente y

la estimada Trinidad, a nuestra Constitución que establece que el domicilio de los nicaragüenses (en este caso oficina) solo puede ser allanado por orden escrita de juez competente (Art 26); que ningún nicaragüense puede ser sometido a detención salvo por causas fijadas por la ley (Art 33); y en el caso particular de la doctora Ramos, que los miembros del

Poder Judicial gozan de inmunidad y solo podrán ser separados de sus cargos por las causas previstas en la Ley (Artículo 162).

Independientemente de lo que uno opine sobre la actuación de la doctora Ramos como magistrada, si hubiera alguna queja por parte de los otros poderes del Estado (lo que sería irrisorio), corresponde por la ley a la Asamblea Nacional juzgarla y no al Poder Ejecutivo y aún menos a los sicarios de la policía. Desafortunadamente no sé si en la práctica esto haría una diferencia ya que tristemente el servilismo en nuestro país impera no solo en el Ejecutivo y la Policía, sino también en la Asamblea.

Que el dúo presidencial y trinitario haya mandado a sus esbirros a secuestrar a la presidenta de uno de los cuatro poderes del Estado, confirma que nadie está a salvo en Nicaragua de sus caprichos y locuras. Hasta que con la ayuda de Dios volvamos a ser República como soñó y pronosticó el doctor PJ Chamorro. Seguro que así será, pero ojalá más temprano que tarde.

El autor es bachiller del Colegio Centro América de Granada.

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