Encrucijada es en términos simples un cruce de caminos. En sentido figurado es una situación difícil ante la cual no se sabe qué conducta seguir. Pero también, según nos ilustra el diccionario de la lengua española, es una ocasión que alguien aprovecha para hacer daño a otro. O sea que encrucijada es también emboscada o acechanza.
En este momento, la encrucijada del dictador venezolano Nicolás Maduro es qué camino debe tomar respecto sobre el acuerdo que sus representantes firmaron en Barbados con delegados de la oposición, para celebrar en la segunda mitad de 2024 una elección presidencial libre y limpia, competitiva y vigilada internacionalmente.
A cambio, si Maduro cumple, Estados Unidos (EE.UU.) suspendería el embargo petrolero y financiero que mantiene contra el régimen venezolano.
Según algunos observadores bien informados, EE.UU. también suspendería las graves acusaciones por actividades criminales que pesan contra Maduro y algunos de sus más allegados en los tribunales estadounidenses. Y esto influiría en la Corte Penal Internacional para que suspenda también la investigación por crímenes contra la humanidad que sigue contra el régimen venezolano.
El dilema de Maduro es que si cumple el acuerdo de Barbados pierde las elecciones, como les pasó a los sandinistas de Nicaragua en 1990. Pero si no lo cumple, lo ahogaría la crisis económica y financiera que tiene a su régimen al borde del colapso.
Acerca de esto el director del periódico venezolano El Nacional, Miguel Henrique Otero, publicó este domingo 29 de octubre un artículo de opinión titulado “El dilema de cómo caer: o estallido social o votos”, en el cual asegura: “Si el gobierno aceptó respetar el derecho de la oposición venezolana a escoger un candidato presidencial, que se medirá con el candidato del gobierno (Maduro u otro), en el segundo semestre de 2024, ello se debe, en lo esencial, a su desesperada necesidad de dinero. No exagero cuando escribo ‘desesperada necesidad de dinero´”.
Agrega el director de El Nacional que “es tal la magnitud de la crisis que, por ejemplo, no tienen cómo pagar las utilidades y bonos de fin de año a los más de 5.5 millones de empleados públicos que hay en Venezuela. No tienen cómo pagar ni una factura a los contratistas del Estado que, en su mayoría, no reciben ni un céntimo desde junio. No tienen cómo avanzar en centenares de obras públicas que están totalmente paralizadas. Ni tampoco cómo iniciar obras y proyectos que habían sido aprobados en 2022… Ni pueden aumentar el salario mínimo, actualmente en 5.25 dólares, congelado desde hace 16 meses, el cuarto más bajo del mundo, superado por Uganda, Burundi y Ruanda”.
Según el periodista venezolano, si el país no recupera la capacidad de producir y vender libremente el petróleo, y los cuantiosos recursos que están bloqueados en otros países, podría ocurrir un estallido social que de todas maneras sacaría del poder a Maduro y su camarilla; pero caóticamente, peor que si pierde las elecciones y entrega el gobierno a la oposición.
Cabe mencionar que este lunes 30 de octubre el Tribunal Supremo de Venezuela suspendió todos los efectos de las primarias opositoras del 22 de octubre. No los anuló, solo los declaró suspendidos por tres días, antes de dictar una sentencia definitiva. Se podría deducir de esto que quizás el plan de Maduro no sea romper el acuerdo de Barbados y saltar al vacío, sino maniobrar y presionar para que la oposición afloje y designe a otro candidato presidencial, alguien que no represente tanto peligro para su régimen como María Corina Machado.
El camino de la encrucijada que tome Maduro se conocerá en la medida de que abra completamente su juego.