Con Hamás no puede haber paz en Palestina

Es un tanto difícil llevar el paso sobre ciertos acontecimientos, aunque uno lo quisiera, porque cuando ya se envió un artículo a este Diario para publicación, suceden otras cosas, y como ya he explicado antes, no interactúo en red social alguna para que no caer en la trampa de la Ley Especial de Ciberdelitos. Mis reacciones por tanto son tardías. Somos seres de este mundo y nos interesa lo que sucede en él, hasta que alguno que otro loco vaya a colonizar otro planeta.

La historia bíblica cuenta que después del diluvio y la saga de Noé, un tal Abraham escuchó la voz de una deidad que lo escogió con su esposa Sara, su sobrino Lot, sus esclavos, carneros, ovejas y camellos, para que se trasladase a una tierra distinta de la de Ur en Sumeria, donde vivía como pastor. Es de suponer que esas tierras semidesérticas estaban ya saturadas con ganado de distintas especies, y que habiendo en la región residuos de nomadismo originario de Arabia, Abraham se fue a buscar nuevos pastos a Harán (Mesopotamia), a centenares de kilómetros al norte de la Ur de los caldeos. Harán era parada de caravanas de camellos por aquello del comercio entre Asiria, Siria y Egipto, y las riberas del Tigris y del Éufrates ya estaban ocupadas.

Siendo Abraham un caldeo en tierra de asirios, imagino que no lo querían un gran qué, por lo que tuvo que marchar hacia la tierra prometida, y así llegó a Siquem, en la actual Cisjordania, otro paso de caravanas. Pero ahí no había nada de interés para él. Era tierra desértica y no se podían cultivar, aunque Abraham no era agricultor, sino que un pastor. Se trasladó por tanto al delta del Nilo en Egipto para no morir de inanición. Siendo él de una etnia distinta, con distintas costumbres y una lengua quizás incompresible, los egipcios lo enviaron de regreso un tiempo después por donde había llegado (en la Biblia se cuenta algo distinto y muy extraño, que el faraón lo desterró porque hizo pasar a su esposa Sara por su hermana, la que el faraón tomó para sí, lo que al parecer enfadó al faraón por aquello del adulterio, aún si involuntario. Más bien parece que el faraón se enojó porque Abraham le mintió).

Abraham se supone que no era tonto, y le hizo caso a su mujer no sé dónde, para que tuviera descendencia con otra porque ella, Sara, ya había dejado de ovular, pero tenía como esclava (léase colaboradora del hogar) a una joven que seguramente era una bella morena, Agar. De ella descienden los árabes de ahora, antes de los judíos que son hijos de un milagro, porque Sara ovuló y tuvo descendencia con el viejito Abraham. Yahvé, la deidad de este recuento, es por tanto el responsable de la interminable guerra entre los árabes (los anteriores) y los judíos (los posteriores).

Seguiré diciendo judíos aunque sé que no siempre fueron llamados así. Por ende, para los propósitos de este escrito, hebreos, israelíes e israelitas son todos judíos (sin ofender). Los judíos bíblicos provienen de la esclavitud en Egipto por aquello que los descendientes de Abraham y Sara se habían ido de nuevo a Egipto por la hambruna en la tierra prometida. En Egipto estuvieron algo así como cuatrocientos años. De ahí la épica de Moisés y los pecados de los judíos, por lo que regresaron al nomadismo por cuatro décadas en el desierto al sur de la tierra prometida, a la que solo entraron conquistando y desplazando a los semitas que la habitaban, es decir a los descendientes de Ismael, el hijo de Abraham y Agar.

Del norte de Canaán (reino de Israel) los asirios se llevaron a los judíos como esclavos y no regresaron. A los del sur (reino de Judá) se los llevaron los babilonios. Los judíos han sido más esclavos que libres en el transcurso de su historia, y los romanos destruyeron Jerusalén y el templo después del regreso de los judíos de Babilonia gracias a Ciro, el emperador persa que quería un reino colchón entre Persia y Egipto. Los judíos entonces se dispersaron por el mundo a vivir en guetos (juderías), por aquello de la discriminación, en particular en Europa; y los alemanes nazis intentaron aniquilarlos a todos. 

Miles de años atrás, después de que Noé y los suyos encallaron con el arca en el monte Ararat en Turquía, pudieron haber solicitado la nacionalidad turca por desplazados, pero no había oficiales de inmigración. Todos estaban muertos ahogados por un genocida universal. ¿Y qué fue lo primero que hizo Noé cuando bajó del arca según el relato? Plantar un viñedo para hacer vino y embriagarse. (Lo del incesto con sus hijas lo salto). Talvez todos somos turcos de nacionalidad por aquello del jus soli.

Divertido todo esto, ¿no es así? Pero las muertes violentas no lo son. Después de la Primera Guerra Mundial, Inglaterra y Francia se dividieron los despojos de un ya decadente imperio turco otomano. Los ingleses (Imperio británico u hoy Reino Unido) se quedaron con la llamada Palestina entre otros territorios, y después de la Segunda Guerra Mundial, los europeos, y en particular el Reino Unido, se pusieron de acuerdo con los Estados Unidos para deshacerse de los judíos sobrevivientes del Holocausto, y les inventaron un Estado en Palestina por medio de la entonces incipiente Naciones Unidas (1947). Banqueros judíos habían financiado al Reino Unido en las guerras mencionadas a cambio de un Estado judío, de donde habían sido desalojados por los romanos en el año 70 d.C., es decir hacía mil ochocientos setenta y siete años. Ese es el origen de las guerras entre lo descendientes de Abraham y Agar, y los de Abraham y Sara. Una estaca de potencias occidentales que fue clavada en el corazón de los árabes musulmanes sunitas y de los persas musulmanes chiitas.

Que conste que condeno todo acto de terrorismo independientemente de donde provenga, en particular si es producto del fanatismo religioso. A Hamás y sus similares lo único que les interesa es destruir a los judíos para reapropiarse de toda la Palestina que conocemos, y por eso los provocan, pero además desean la muerte de todos los infieles, es decir los cristianos allá donde se encuentren, y por eso los infiltran en Europa y en los Estados Unidos, e incluso en algunos países de América Latina.

Soy simpatizante de la causa de la nación Palestina, la pacífica. De hecho, desde el jardín donde vivo veo ondear la bandera de la Embajada de Palestina. El Estado de Israel igual tiene derecho a existir, pero no a colonizar territorios de los tiempos de David y Salomón. Esa es historia antigua, o quizás solo un invento de otra nación que ha deseado su puesto bajo el sol. Toda guerra es un negocio para alguien y no va a parar. De la guerra rusa contra Ucrania ya no se habla.

El autor es doctor en Derecho.

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