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Era la noche del martes 1 de septiembre de 1992. Una noche muy calurosa en la capital. Todo transcurría con normalidad en una nación que se reponía de la posguerra de los años ochenta, pero esa tranquilidad se vio interrumpida cuando un violento sismo de 7.2 en la escala de Richter con un epicentro a 142 kilómetros del pacífico de Nicaragua causó temor entre los ciudadanos que 20 años atrás habían experimentado el terremoto del 23 de diciembre que destruyó por completo Managua.
Este nuevo movimiento no causó daños en la capital, pero el daño fue para los habitantes de toda la franja del pacífico donde se formó un tsunami de grandes proporciones que golpearía severamente a todos los habitantes de la zona.
En el balneario de El Transito sus pobladores, en su mayoría pescadores, sintieron el fuerte retumbo en sus hogares. Confundieron el sonido con helicópteros o creían que eran camiones pesados entrando a las pequeñas calles de tierra del famoso balneario, cuando se percataron por el aviso de otros vecinos que había que correr porque el mar se les venía encima con olas de 10 metros.
¡Corran que el mar nos va a matar! ¡El mar nos va a tragar!
El maremoto castigó con mucha fuerza las costas de Corinto, Poneloya, Puerto Sandino, El Tránsito, Huehuete, Casares, La Boquita, Masachapa y Pochomil. Fueron olas de 2 a 10 metros, arrasando con sus viviendas, sus botes de pesca y los centros turísticos como hoteles y restaurantes que estaban con vista al mar en las diferentes playas. Entre las historias que se recuerdan de esa tragedia está la de un grupo de pescadores que salieron a faenar por la tarde en aguas profundas y cuando regresaron por la madrugada creían que se habían equivocado de ruta, porque no encontraron sus hogares en una Masachapa desolada y destruida.
A las 10 de la noche empezaron a llegar los primeros heridos procedentes del balneario El Transito al hospital Lenín Fonseca de Managua. En el parqueo de Emergencias era un caos por la cantidad de heridos que estaban llegando en todo tipo de vehículos. Un camio alemán IFA que acababa de llegar bajaba heridos y en el fondo del camión una madre joven arrullaba en sus brazos a su hijo de un año de edad que ya estaba fallecido.
Luego bajaron cargando en brazos a una niña de 13 años de nombre Patricia Salazar Navarrete, la pequeña lucía serena a pesar de que venía sin su brazo derecho que a la hora del tsunami había sido cercenado por una lámina de zinc. Cuando la pequeña entró a la sala de urgencias y el médico de turno le examinó la amputación, ella lloró de dolor.
Esa dolorosa imagen fue la portada del diario Barricada y se convirtió en una campaña internacional de solidaridad para las víctimas del maremoto. La Revista Magazine en el año 2017 fue a buscar a Patricia Salazar a su natal balneario de El Transito donde contó cómo ha sido su vida después de la tragedia que enlutó a muchas familias nicaragüenses que dejo más de 170 personas fallecidas, 500 heridos y 13,500 personas sin hogar.











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