Jacinto Sevilla es vendedor ambulante de raspados en Upala, Costa Rica. CORTESÍA

Jacinto Sevilla, el nicaragüense “rey de los copos” en una localidad costarricense

Los copos en Costa Rica son lo que en Nicaragua conocemos como raspados, hechos a base de hielo, mieles, frutas y demás exquisiteces, pero en la ciudad de Upala, en el vecino país del sur, es un nicaragüense el que vende los copos más famosos de la localidad y es conocido como “El rey de los copos”.

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Jacinto Sevilla Gutiérrez dice que no hay nadie en Upala que no lo conozca y mucho menos que no haya probado sus famosos copos, los cuáles empezó a vender hace 10 años cuando se movilizaba por todo el poblado en una vieja bicicleta y sin que a nadie se le haya ocurrido antes ofrecerlos de manera ambulante en ese lugar.

Hoy, los Copos Sevilla son de los más conocidos en Upala por el sabor que le dan las mieles que el mismo Jacinto hace y tratando de replicar la receta nicaragüense del raspado. Cuando empezó, explica Jacinto, se dio cuenta que los ticos consumían los copos con sirope, pero él recordó que los raspados en Nicaragua sabían más deliciosos con miel natural hecha a base de frutas, así que consiguió piñas, maracuyá, tamarindo y demás para hacer las mieles él mismo. Esa ha sido la clave de su éxito, señala.

“No lleva preservantes ni saborizantes artificiales. Nada. Solo el sabor de la fruta y el azúcar que es el endulzante”, cuenta este hombre que prefiere no explicar cómo prepara sus mieles para que no le roben la receta.

A Jacinto, de 57 años, le va tan bien en su negocio que incluso dice que lleva meses buscando personal para que le ayude a vender. “Ya no doy abasto”, señala, pero todavía no ha conseguido a nadie que pueda ayudarle. Como las personas ya lo conocen en Upala, él ha compartido su número y algunos lo llaman para hacerle encargos que llega a dejar hasta sus casas o centros de trabajo.

Jacinto Sevilla hace sus propias mieles para ofrecer sus copos. CORTESÍA

Los habitantes de Upala, cuenta Jacinto, le han apodado “El rey de los copos”. Así es como lo reconocen en parques, afuera de escuelas, plazas o demás sitios concurridos. Él sale desde las diez de la mañana de su casa y regresa cerca de las cinco de la tarde, dependiendo del clima porque si está lloviendo mucho, prefiere quedarse en casa. Antes de salir por la mañana, se pone a preparar sus mieles que también vende por separado.

Teniente

Mucho antes de vender copos en Costa Rica, Jacinto relata que fue un teniente del Ejército de Nicaragua. Él nació el 16 de agosto de 1966 en Acoyapa, Chontales, en el seno de una familia campesina dedicada al trabajo de campo. Fue en ese municipio que a los 13 años, Jacinto se unió a la guerrilla del Frente Sandinista, a principios de 1979, pocos meses antes del triunfo de la Revolución.

Él recuerda que estaba bastante joven. “Yo estaba carajillo en ese tiempo. En la adolescencia. Usted sabe que cuando uno está carajillo se deja influenciar por las amistades y yo escuchaba mucho sobre la tiranía de Somoza y que había que derrocarla”, relata y recuerda los vejámenes de la Guardia Nacional. “Muchos abusaban del uniforme y del arma que andan para hacerle daño al pueblo”.

Después del triunfo, y a pesar de su corta edad, Jacinto cuenta que empezó a formar parte del recién creado Ejército Sandinista y combatió a la Contrarrevolución en varias zonas de Río San Juan, Jinotega y Nueva Segovia. Para finales de los ochenta, el hombre ya se había convertido en teniente.

En 1988, Jacinto fue herido en una de sus piernas con esquirlas de una granada y eso le ha generado problemas hasta la fecha. Para aquellos años, recibió atención médica, pero había quedado inhabilitado militarmente para combatir porque no podía caminar bien después de las heridas.

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A inicios de 1990, antes del triunfo de doña Violeta Barrios de Chamorro, Jacinto decidió solicitar su baja del Ejército motivado no solamente por sus nuevas limitaciones físicas, sino también tras darse cuenta de que la Revolución no cambió nada en el país.

“Las cosas cambiaron porque salió una tiranía, pero vino otra tiranía, y la lucha que hicimos no era lo que nosotros buscábamos, si no que queríamos algo diferente”, señala.

Tras su salida del Ejército, Jacinto decidió regresar al trabajo de campo. Su familia se había movido de Acoyapa hacia El Almendro, en Río San Juan, y vivió ahí hasta que migró a Costa Rica.

Poco a poco Jacinto se fue recuperando de sus heridas en la pierna, terminó su bachillerato y con el gobierno de Arnoldo Alemán consiguió trabajo como maestro rural del Ministerio de Educación y también estuvo como brigadista de salud.

Para cuando Daniel Ortega regresó al poder en 2007, Jacinto pensó que al país podían regresar los tiempos de persecución y confiscaciones que se vivieron en los años ochenta, así que decidió salir de Nicaragua y tratar de buscar un mejor futuro en Costa Rica.

Upala

Jacinto llegó a Costa Rica en 2008. Para entonces tenía 42 años y logró encontrar trabajo en una plantación de yuca en un lugar llamado Guayabito de Guatuso. Luego trabajaría por dos años cortando café en una localidad llamada Grecia.

Fue en 2011 cuando Jacinto tuvo su primer contacto con los copos en Upala, aunque él ya los conocía con otro nombre: raspados.

Los había probado en Managua, pero también sabía que había unos muy buenos con leche condensada en León y algunos con pan de torta en Granada, pero jamás había visto que se les echara leche en polvo a como se acostumbra en Costa Rica.

Jacinto Sevilla es famoso en Upala por sus copos. CORTESÍA

A Upala llegó porque una persona le ofreció trabajo en un local preparando y vendiendo copos, sin embargo, al poco tiempo el negocio se fue a la quiebra, pues generaba muy pocas ganancias. Jacinto sabía cuál era el problema.

“No es lo mismo que la gente llegue a un local porque no siempre van a haber clientes, pero si yo llevo el producto a los clientes, tengo más chance de que la gente compre sus copitos”, indica Jacinto y por ello decidió empezar él mismo con su propio negocio de copos de manera ambulante.

Empezó con una vieja bicicleta a la cual le instaló una parrilla en la parte de atrás para acomodar un termo rectangular y llevar ahí un enorme cuadro de hielo que compraba en una hielera de la ciudad. Sobre el manubrio de la bicicleta, instaló otra parrilla para llevar los siropes.

De esa manera trabajó durante unos seis meses hasta que una persona le vendió un triciclo y poco a poco fue equipándolo para llevar todo lo necesario para preparar los copos. Con el tiempo, compró un congelador y él mismo empezó a hacer sus propios bloques de hielo.

Poco tiempo después de haber iniciado a vender copos fue que se le ocurrió preparar las mieles de frutas que tenía a su alcance, como piña, tamarindo o maracuyá y al ver que a sus clientes les gustaban las mieles, comenzó a experimentar con otras frutas. Ahora tiene de jamaica, mora, jengibre e incluso una de café.

Jacinto prácticamente trabaja solo y se encarga hasta de administrar las redes sociales de su negocio. Por esa razón es que “El rey de los copos” también está buscando más personas que le ayuden con el trabajo y a vender de manera ambulante, pues la demanda es tanta que a veces tiene que cancelar algunos encargos. “No doy abasto porque Upala es grande y no me puedo expandir porque soy solo yo”, señala.

La Prensa Domingo Costa Rica Nicaragua sandinistas archivo

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