El pueblo católico de Nicaragua conoció consternado la triste noticia de que la personería jurídica de la orden religiosa de los franciscanos fue cancelada por el régimen; lo cual ha significado la prohibición de su funcionamiento en el país.
Eso ocurrió el martes de esta semana, 20 días después del 4 de octubre cuando los padres franciscanos, los devotos de San Francisco de Asís y todos los católicos de Nicaragua, celebraron jubilosamente la festividad de este santo paradigma de la humildad y el amor al prójimo, al mundo animal y a la madre Naturaleza.
La justificación para liquidar a la orden franciscana en el país es la misma que se ha utilizado para cancelar una gran cantidad de ONG, instituciones religiosas y educativas, organizaciones de caridad y otras que se dedicaban al servicio humanitario religioso y civil.
Probablemente la comunidad franciscana estaba en la mira desde que el 8 de diciembre de 2019 su organización provincial denunció “la persecución contra los jóvenes, laicos, religiosas, religiosos, sacerdotes y obispos de la Iglesia” en Nicaragua. Señaló que “la represión, el asedio y la violencia que padecen es nuestro sufrimiento y el de Dios”; y clamó para “que llegue la solidaridad, amanezca el respeto por la vida y florezca el perdón y el diálogo franco… que el Príncipe de la Paz, Jesucristo el Señor, habite en todos inspirando entre los gobernantes y el pueblo una reconciliación duradera”.
Las órdenes religiosas franciscanas fueron creadas por el mismo San Francisco de Asís, en el año 1029. A Nicaragua se conoce que los primeros padres franciscanos llegaron en 1502, se establecieron en León, muy pronto también en Granada y luego en otros lugares del norte del país.
El más insigne franciscano en Nicaragua ha sido el padre Odorico D’Andrea, a quien la Iglesia lo declaró Siervo de Dios, está en proceso de ser santificado y tiene un santuario de peregrinación nacional en San Rafael del Norte, Jinotega, donde sus restos mortales están sepultados.
La congregación franciscana ha dado también otros venerables líderes de la Iglesia católica de Nicaragua, como los obispos de Matagalpa Julián Barni y Carlos Santi, que en paz descansen, y el actual obispo de Jinotega y presidente de la Conferencia Episcopal, monseñor Carlos Herrera.
Inclusive, uno de los sacerdotes católicos más representativos de la Teología de la Revolución y la Iglesia Popular en Nicaragua fue el padre franciscano Uriel Molina Oliú, quien se identificó plenamente con la Revolución Sandinista y con el partido FSLN.
Los católicos nicaragüenses aman a los virtuosos padres franciscanos y son muy pocos los que no conocen la célebre oración de San Francisco de Asís que entre otras palabras santas dice las siguientes:
“Señor, hazme instrumento de tu paz. Donde haya odio que lleve yo el amor. Donde haya ofensa que lleve yo el perdón. Donde haya discordia que lleve yo la unión. Donde haya duda que lleve yo la fe. Donde haya error que lleve yo la verdad. Donde haya tristeza que lleve yo la alegría. Donde haya tinieblas que lleve yo la luz… Porque es dando que se recibe y perdonando, que se es perdonado…”
Sin duda que es una tragedia espiritual y moral que la orden de los sacerdotes de San Francisco de Asís en Nicaragua haya sido cancelada.