“Y el ganador por decisión unánime (114-113) de Managua, Nicaragua…”, decía el anunciador oficial, mientras Félix Alvarado levantaba los brazos y cerraba sus ojos para hacer la explosión de alegría por haber logrado el triunfo hipotético hasta ese momento, pero el anunciador se detuvo: “Perdón, de Texcoco estado de México, Ángeeeeel Ayala”, desatándose la molestia en el equipo del excampeón mundial nicaragüense. De un segundo a otro el Gemelo había pasado de ser el retador oficial a la corona mundial de las 112 libras de la FIB a entrar en la incertidumbre de no saber cuál será su siguiente paso en su carrera con 34 años.
Las redes sociales estallaron, muchos nicaragüenses comenzaron a tachar el combate de robo y de fallo localista, pero los visto en el ring se ciñe a la realidad de las tarjetas. El Gemelo no supo aprovechar el momento inicial cuando mandó a la lona al Camaleón Ayala, se le vio fallando muchos golpes, pero sobre todo siendo incapaz de impactar en combinaciones de dos o más descargas al mexicano. Y lo que asombró aún más fue cuando en el octavo y noveno vimos señales de cansancio en un tipo acostumbrado a ser una locomotora. La tarjeta de LA PRENSA puntuó 114-113 al igual que la de los árbitros con cinco asaltos a favor del nicaragüense (1,5,6,10 y 12) y siete para el azteca (2,3,4,7,8,9 y 11).
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El Gemelo nunca estuvo cómodo y perdió todas las batallas en todos los terrenos. Cuando Félix entraba a la corta distancia el mexicano le sacaba mejor provecho, cuando el combate se iba a la media y en ocasiones a la larga distancia, aunque ahí era buen momento para que el nicaragüense les diera el recorrido suficiente a sus impactos no eran efectivos, sino más bien que sus golpes eran fácilmente esquivados. Y en un alarde de confianza Ayala decidió pararse a intercambiar al terreno de Félix y el azteca salió airoso en los choques frontales.
Ayala, el muchacho de 23 años y ahora de 17 triunfos, hizo su boxeo de cambio de guardia, moviéndose, pero mostró valentía cuando se fajó, además que Alvarado le facilitaba las cosas por le hecho de no poder acorralarlo. Raramente este Félix fue menos invasivo. Parte del éxito del nicaragüense es su capacidad de embestir, su boxeo desordenado pero constante suele enredar a sus oponentes hasta que aparece su mano derecha que los liquida, esta vez o fue por cansancio, por mandato de la esquina o imposibilidad de plantear su pelea, pero estuvo lejos de ser esa versión que vimos antes Randy Petalcorin o ante Juan Carlos Reveco en el pasado.