Getty Images Hay características del conflicto en Ucrania que serían señales de que es una guerra mundial, según Paul Poast.

La guerra rusa en Ucrania muestra a Nicaragua como parte de un eje anti Occidente

Nicaragua, bajo Ortega, es el aliado más firme de Putin en América, convirtiéndolo en punta de lanza del eje en el hemisferio

Nicaragua, un país geográficamente distante de Rusia, tiene una relación política tan estrecha con Moscú que, bajo la dictadura de Daniel Ortega, es uno de los pocos en el mundo que ha tomado partido a favor de la invasión rusa a Ucrania, lo que para algunos críticos podría arrastrar negativamente a Nicaragua ante cualquier desenlace que tenga ese conflicto.

La cercanía con Putin es de larga data, expresada desde los primeros meses en que Ortega regresó al poder, pues Nicaragua fue el primero en reconocer como países «independientes», en el 2008, a Osetia del Sur y Abjasia, territorios arrebatados por Putin a la república de Georgia y convertidos en estados vasallos.

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El politólogo nicaragüense Félix Maradiaga apuntó que incluso Cuba y Venezuela, regímenes pro Rusia, han tenido el cuidado de no apoyar resoluciones referidas a la invasión rusa a Ucrania, pero en cambio Nicaragua tiene una posición extrema de apoyo a favor del régimen de Vladímir Putin.

La lealtad de Ortega llega a tal punto que en la Cumbre de la Unión Europea y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), realizada en julio pasado, el canciller nicaragüense Denis Moncada fue instruido a no ratificar la resolución que expresó «profunda preocupación” sobre «la guerra en Ucrania».

Y en febrero pasado, el Estado de Nicaragua fue el único país de Latinoamérica que votó en contra de que las tropas rusas se retiren de Ucrania, en la sesión especial que realizó la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU), en la que participaron 180 países. A nivel mundial, Nicaragua es uno de los seis países que apoyan a Rusia en su misión bélica, los otros son: Bielorrusia, Corea del Norte, Eritrea, Mali y Siria.

Félix Maradiaga. LA PRENSA/Archivo

Para Maradiaga, «Ortega ha escogido una vez más el lado equivocado de la historia y eso le puede costar muy caro». El politólogo señaló que a nivel internacional, el apoyo a Rusia significa ponerse de parte de «un estado criminal», que se ha «posicionado globalmente como un estado violador del derecho internacional» y que incluso ha llevado a que se inicien casos penales contra el presidente Putin, que está al frente de la invasión a Ucrania.

«Si Putin colapsa en sus ambiciones imperialistas contra Ucrania, es posible que en su colapso se traiga al precipicio a sus aliados más cercanos. Eso nos lleva a concluir que el desenlace de la invasión rusa a Ucrania tendrá efectos en todo el mundo», manifestó Maradiaga.

Nicaragua, punta de lanza en América de un «eje anti Occidente»

El ex primer ministro sueco, Carl Bildt, dijo en un artículo en la revista Project Syndicate que «el intento de Putin de borrar a Ucrania del mapa de Europa ha convertido a Rusia en un paria internacional, al igual que Corea del Norte». 

«La mayoría de las economías desarrolladas del mundo han firmado sanciones integrales contra Rusia y la Asamblea General de las Naciones Unidas ha emitido varias resoluciones condenando la guerra de agresión de Putin. Los muy pocos países que se han puesto del lado de Rusia constituyen una galería internacional de delincuentes: Eritrea, Siria, Nicaragua, Bielorrusia, Malí y –por supuesto– Corea del Norte», escribió Bildt.

El ex primer ministro dijo que el mundo está siendo testigo «del surgimiento de un eje de marginados». Y se refirió específicamente a los «países unidos en su voluntad de violar el derecho internacional iniciando guerras, desarrollando armas nucleares y violando sanciones».

Nicaragua, bajo la dictadura de Daniel Ortega, cumple todos los requisitos para integrar ese nuevo eje, los cuales impulsados por la desesperación «plantean una amenaza a la estabilidad regional y global que no debe subestimarse», de acuerdo con Bildt.

Sin embargo, este eje anti Occidente que menciona Bildt se complementa con otros aliados poderosos como China, la segunda economía mundial, e Irán, uno de los principales productores de petróleo. Varios analistas han repetido en diversas ocasiones que Ortega debería ser considerado una seria amenaza para la seguridad del continente por sus acercamientos con Rusia, China, Irán y Corea del Norte. Y peor aún con su apoyo abierto a la guerra rusa.

Centroamérica «no tiene» importancia en la guerra

En contraste, el profesor de la Escuela de Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Costa Rica, Carlos Cascante, no ve gran repercusión en el apoyo político de Ortega a Rusia. Cascante dijo que Ortega hace lo que está a su alcance y, además, «juega con la paranoia estadounidense de la presencia rusa en Nicaragua, ‘que es un riesgo para la seguridad de Estados Unidos'», pero para él todo esto no tiene mayor incidencia.

«A mí me parece que la guerra en Ucrania es un tema en el cual los centroamericanos no tenemos ninguna importancia, podemos darnos el lujo de decir que estamos a favor de uno u otro bando sin esperar gravísima consecuencia, porque es un conflicto donde no tenemos mayor injerencia», manifestó el profesor costarricense.

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El tema de la definición de un nuevo orden mundial, para Cascante anda más bien por la guerra tecnológica entre Estados Unidos y China o el manejo del cambio climático.

«La guerra en Ucrania es una guerra que si bien tiene efectos generalizados, es en un escenario muy localizado, no tiene ese carácter de gran conflicto transformador, es una guerra en la que interviene Rusia, pero China está en el medio, pero no es un enfrentamiento directo, entonces yo no diría que es una guerra que transforme el orden mundial, como sí lo pueden hacer otros elementos», agregó el profesor.

El rol de Corea del Norte

Las decisiones de Ortega en Nicaragua lo han ido acercando, sin embargo, a esa «galería de delincuentes» que describió el ex primer ministro sueco. La más reciente señal de esta alianza con el club de los paria fue la de abrir una embajada en Corea del Norte.

Aunque se tiene poca información de cómo avanza esto, el pasado 20 de julio la vocera y esposa de Ortega, Rosario Murillo, dijo que ambos gobiernos asumieron “el compromiso de abrir embajadas” en sus respectivos países. Y para el 19 de julio, fecha en que se celebra la revolución sandinista en Nicaragua, los medios de propaganda de la dictadura divulgaron el mensaje de saludo del presidente norcoreano, Kim Jong-un, por este aniversario.

En su artículo en Project Syndicate, el ex primer ministro sueco dijo que «no nos equivoquemos: acercarse a un país como Corea del Norte es una señal de profunda debilidad». Sin embargo, el papel del país asiático podría avanzar con la ayuda de su alianza con Rusia, en sus programas nucleares o de misiles. Esto hará que sus medidas para esquivar sanciones tengan «un efecto desestabilizador en el orden internacional».

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