Arrepentimiento y perdón en la política de Nicaragua

Llamó mucho la atención a observadores de la situación política de Nicaragua, el discurso de la vicepresidenta Rosario Murillo del martes 19 de septiembre en el que habló sobre el arrepentimiento y el perdón que, según ella, deberían sentir y pedir los opositores nicaragüenses.

Doña Rosario insultó como de costumbre a quienes adversan al régimen, a los que califica de “vendepatrias” al servicio del “imperio yanqui”. Pero esta vez inusualmente dijo refiriéndose a los opositores (y citamos aquí sus palabras publicadas por El 19 Digital respetando su lenguaje): “Dios quiera que vayan abriendo sus Corazones, Dios quiera que se perdonen a sí mismos para ver Siempre Más Allá, y Dios quiera que un día tod@s l@s nicaragüenses podamos estar junt@s, creyendo, y creando la Nicaragua que tod@s soñamos, que no és una Nicaragua de servidumbre a los Imperios, que no és una Nicaragua de indignidad o de deshonra, o de oprobio, o de sometimiento”.

Pero la Nicaragua que sueñan y quieren los opositores, según lo proclaman ellos mismos, no es un país de “servidumbre” y tampoco de “indignidad o de deshonra”, ni de “oprobio o sometimiento”. Lo que quieren es una Nicaragua libre, una patria digna y honrosa para todos. De manera que en ese sentido se podría decir que al menos de manera formal no hay contradicción entre los opositores y la vicepresidenta de Nicaragua.

Sin embargo, podemos suponer que el planteamiento de la vicepresidenta Murillo sobre el arrepentimiento y el perdón ha sido una respuesta indirecta a monseñor Silvio Báez, quien en su homilía del domingo 17 de septiembre habló sobre este tema que es esencial en la doctrina cristiana.

El obispo nicaragüense exiliado en Miami por razones políticas dijo que ni siquiera en situaciones tan terribles como las ocurridas en Nicaragua, “los cristianos podemos renunciar al perdón”. Pero precisó que según su criterio “perdonar no es olvidar, perdonar es recordar, pero recordar de otra manera, sin rencor, odio y venganza”.  

Agregó monseñor Báez que “perdonar no es ignorar el mal, negar la justicia o permanecer pasivo ante el daño recibido… un perdón otorgado a expensas de la justicia, en lugar de cerrar las heridas, las profundiza aún más”. De manera que –sentenció el prelado católico exiliado–  “los crímenes cometidos por los opresores deben ser llevados ante los tribunales”.

Ahora bien, volviendo a las palabras de la vicepresidenta Murillo sobre el arrepentimiento y el perdón, es interesante la opinión del experto nicaragüense en derechos humanos, doctor Uriel Pineda, expresada al medio de comunicación Nicaragua investiga.

Según el doctor Pineda las palabras de la vicepresidenta Murillo “asoman la posibilidad de un diálogo… Habla de que se perdonen –dice el abogado de derechos humanos que también es un exiliado político–. Lo que hay que entender es que hay un desgaste de la situación, tanto del lado opositor como del lado oficialista. Más temprano que tarde, tendrá que volverse a hablar de diálogo porque no existe otra salida para la crisis socio-política que vive Nicaragua”.

Esto parece improbable, por ahora. Pero ojalá que la apreciación del experto en derechos humanos fuese certera y no solo un buen deseo, por el bien de Nicaragua y de todos los nicaragüenses.

Editorial
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