Este martes 19 de septiembre fue inaugurado el 78º periodo de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, ONU, con un discurso de su secretario general Antonio Guterres quien advirtió al mundo que “la democracia está bajo amenaza, el autoritarismo avanza y el discurso de odio cobra auge”.
El máximo funcionario de la ONU mencionó prácticamente todos los problemas más importantes del mundo actual. Pero llamó la atención el énfasis que puso en su alerta sobre los peligros que amenazan a la democracia y la necesidad de detener el avance del autoritarismo gubernamental.
Por la vastedad de su representación la Asamblea General de la ONU es el foro más importante de la comunidad internacional. Está formada por los gobernantes o los más altos representantes de los 193 Estados miembros de la ONU, pero no es una audiencia que esté predispuesta a atender llamados en favor de la
democracia.
En realidad, la ONU no es en general una organización internacional de Estados democráticos. De los 193 países miembros, solo 23 son democracias plenas, o sea reales, efectivas y funcionales. Todos los demás se hacen llamar democracias, inclusive Corea del Norte, para mencionar al peor de los casos, pero están lejos de serlo.
Según la ciencia política, una democracia debe tener por lo menos 11 características básicas para que pueda ser reconocida y respetada como tal.
La primera es el Estado de derecho. Segunda, la libre participación política de los ciudadanos. Tercera, elecciones periódicas justas y alternabilidad en el poder. Cuarta, pluralismo partidista político e ideológico. Quinta, autonomía o independencia de los poderes del Estado. Sexta, rendición de cuentas de los gobernantes y demás servidores públicos. Séptima, responsabilidad de los ciudadanos fundada en el respeto a la ley. Octava, libertad de expresión y de información. Novena, diálogo, debate y negociación para resolver los conflictos. Décima, promoción del desarrollo humano y la justicia social. Y, undécima, descentralización y limitación del poder.
Eso no significa que para que haya democracia el mundo, la sociedad, el Estado y el gobierno deben ser perfectos. La perfección no existe en la vida humana y social. Pero los requisitos de la democracia se pueden cumplir cuando se quiere y se les considera indispensables para que haya respeto a la dignidad humana. De hecho se cumplen en los 23 países calificados como democracias plenas y también es posible cumplirlos en todos los demás, porque no hay razas, naciones ni pueblos superiores a los demás.
Reduciéndola a una tecnología y estadística fría, los centros de pensamiento dividen la democracia en categorías. De esa manera, aseguran que hay democracias plenas, democracias débiles o insuficientes y gobiernos híbridos, o sea que son democráticos y autoritarios al mismo tiempo y en determinados porcentajes.
Pero la verdad es que hay democracia o no la hay. La ambigüedad en este caso solo sirve para maquillar y hasta justificar a dictaduras de cualquier clase o ralea.
Otra cosa es cuando se habla de transición democrática, ya sea concedida, pactada, conquistada o forzada. Esta tiene que ser un proceso gradual porque la democracia no se constituye de la noche a la mañana, tiene que ir construyéndose poco a poco y mejorando paulatinamente.