La crisis política electoral de Guatemala

Decíamos en el editorial de ayer que, salvo Costa Rica, toda el área centroamericana está dominada por el autoritarismo político.

Los grados de autoritarismo son distintos entre Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua, pero en toda esa parte de Centroamérica el maligno virus político carcome —y en algún caso ya ha liquidado— las flojas instituciones y la débil cultura de la democracia.

La crisis política actual de Guatemala, creada alrededor y después de la elección presidencial del 20 de agosto recién pasado, es una clara muestra de esa desgracia política centroamericana.

 Resumiendo los elementos de dicha crisis, debemos puntualizar primero que el candidato presidencial de un nuevo partido político surgido de las luchas populares masivas contra la corrupción, el Movimiento Semilla, ganó la elección presidencial con una mayoría de casi sesenta por ciento.

 Bernardo Arévalo, hijo y heredero político de un icónico presidente democrático de Guatemala del siglo pasado, fue electo como próximo presidente y aunque con poco respaldo legislativo se ha comprometido a sanear el Estado, lo que irrita a la corrupta clase política tradicional.

 El partido derrotado por Semilla y Arévalo denunció un supuesto fraude electoral con el propósito de que las elecciones del 20 de agosto sean anuladas y se convoque a nuevos comicios.

Una Fiscalía corrupta irónicamente llamada “contra la impunidad”, coludida con un funcionario judicial de dudosas credenciales éticas, declaró ilegal al partido Semilla y el nuevo Congreso Nacional decidió calificar como independientes a sus diputados (de Semilla), sin derecho a ocupar puestos directivos en las estructuras legislativas.

 Con un lenguaje oscuro, el presidente saliente Alejandro Giammattei declaró que si no hay presidente el 14 de enero del año entrante (fecha en la que terminará su mandato), él le entregará el cargo al Congreso Nacional.

Claramente se ve que esta conspiración contra la frágil institucionalidad democrática del país, y contra la voluntad soberana del pueblo guatemalteco que se manifestó mayoritariamente en la elección presidencial del 20 de agosto, apunta a que el Congreso Nacional anule esa elección legítima, nombre un presidente provisional y convoque a una nueva votación en la cual ya no podría participar el Movimiento Semilla.

 La OEA observó las elecciones y no detectó más que irregularidades menores. De manera que por medio de su Consejo Permanente realizó este viernes 1 de septiembre una sesión especial sobre la situación de Guatemala, llamando a respetar la institucionalidad democrática y el resultado de la elección de Bernardo Arévalo. Esa misma demanda han presentado el Gobierno de Estados Unidos y otras entidades de la comunidad internacional.

 Ojalá que sus presiones de buena voluntad democrática tengan un resultado positivo. De otra manera Guatemala daría un salto hacia una situación de más corrupción gubernamental y mayor autoritarismo político.

 Apenas dentro de dos semanas, Guatemala celebrará el 202 aniversario de su independencia nacional y de toda Centroamérica. O sea que han pasado más de dos siglos desde que Guatemala y Centroamérica dejaron de ser tuteladas políticamente por España.

Sin embargo hay quienes siguen demonizando al hace mucho tiempo desaparecido imperio colonialista español, junto con el imperialismo yanqui, culpándolos del atraso socioeconómico, político y cultural de  Latinoamérica y el Caribe. De manera absurda, para decirlo con suavidad, culpan a otros de la propia incapacidad para promover el desarrollo, la prosperidad y una vida civilizada.

En el caso de Centroamérica, la verdad es que si sus países al norte de Costa Rica siguen siendo “repúblicas bananeras” o Estados africanizados, la culpa es de los mismos centroamericanos, en particular de sus astrosos políticos gobernantes.

 

 

COMENTARIOS

  1. Hace 3 años

    Dejemos d añorar el imperio español.

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