El desmesurado poder de los modernos medios de comunicación masiva ha sido palmariamente confirmado con el escándalo español por el llamado “beso de Rubiales”.
Se trata del caso del presidente de la Federación Española de Futbol, Luis Rubiales, quien besó en la boca, en público y sin su consentimiento, a Jenni Hermoso, la futbolista estelar de la selección nacional de España que ganó la Copa Mundial Femenina realizada en Australia y Nueva Zelanda.
Hasta los más famosos medios informativos —ya no se diga las redes sociales— se han ocupado y siguen ocupándose de este hecho. La misma celebración de la histórica hazaña del futbol femenino español fue opacada por el escándalo Rubiales.
La explicación de este fenómeno habría que buscarla en el hecho de que ha ocurrido cuando en el mundo libre y democrático hay mucha sensibilidad por todo lo que se refiere a los derechos y la dignidad de las mujeres.
Fue Amado Nervo (cuyo nombre real era Juan Crisóstomo Ruiz de Nervo y Ordaz), quien rescató para la literatura hispanoamericana el antiguo proverbio persa “No hieras a una mujer ni con el pétalo de una rosa”, al cual el gran poeta mexicano agregó: “Y no la hieras ni con el pensamiento”.
La frase ha sido como una norma de honor para muchos hombres que han respetado siempre la dignidad de la mujer, tanto como la propia. Pero también, como es fácil de entender, sonaba como una hipocresía en sociedades donde la cultura machista reinaba a sus anchas; la que afortunadamente ha venido cediendo sobre todo por las luchas de las mismas mujeres por el reconocimiento de sus derechos, que jurídica y socialmente son iguales que los hombres.
Algunos críticos masculinos del feminismo porque según ellos exagera la demanda de igualdad de la mujer, preguntan a propósito del escándalo por el beso de Rubiales a la futbolista Hermoso, por qué no se hace la misma alharaca ante un caso contrario. Es decir, cuando es una mujer la que besa a un hombre en la boca, en público y sin su consentimiento, en un momento de euforia por un triunfo deportivo o de cualquier otra clase.
Se menciona al respecto el hecho público de que una semana después del caso Rubiales en España, en el Reino Unido una mujer llamada Jolene De´Lemos, dueña de un caballo de carreras, besó en la boca sin su consentimiento al jinete irlandés Sean Kirrane quien ganó la competencia a pesar de que no era el favorito. Y no hubo un escándalo por eso.
Pero cualquiera que sea la explicación que se dé a este otro caso, no le quita razón a la protesta de la futbolista ni al movimiento de repudio español e internacional por el abuso de Rubiales. El hecho es que este hombre cometió un grave abuso al besar en la boca a la futbolista Jenni Hermoso sin que esta lo hubiera consentido. Y ofendió así a todas las mujeres que defienden su integridad moral y siguen librando una lucha cuesta arriba contra la cultura machista, tan profunda que resulta muy difícil desarraigarla.
Lo que dijera poéticamente Amado Nervo sobre el respeto que el hombre le debe a la mujer, debe ser trasladado al ámbito del derecho y de la nueva cultura de relaciones entre las personas humanas de ambos sexos, que es necesario arraigar e institucionalizar.
A la mujer no se le debe lastimar ni con el pétalo de una flor y ni siquiera con el pensamiento. Luis Rubiales lo ha hecho, se ha jactado de eso y debe pagar las consecuencias. Como deberían pagarlas todos los hombres machistas que actúan de esa manera y quieren seguirlo haciendo impunemente.