Más de cinco mil estudiantes de la confiscada Universidad Centroamericana (UCA) quedaron en el limbo con el robo que ejecutó la dictadura de Daniel Ortega a los jesuitas. Aunque sobre lo robado el régimen montó la Universidad Casimiro Sotelo, esto no da seguridad a los estudiantes y al menos 1,600 jóvenes, es decir, el 32 por ciento del estudiantado, han aplicado a la Universidad Centroamericana Simeón Cañas (UCA de El Salvador) y Rafael Landívar de Guatemala, para poder continuar sus estudios.
Ante las miles de solicitudes, el ingeniero Andreu Oliva, rector de la UCA de El Salvador, explicó en una entrevista al medio Confidencial que «es difícil atenderlos rápidamente», por lo que posiblemente empezarían a responder el próximo año.
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«Nosotros estamos haciendo todo lo posible, pero ciertamente no podríamos hacerlo de manera inmediata. También ya tenemos los cursos iniciados en ambas universidades y quizás no podremos responder y comenzar a hacer un trabajo hasta principios del próximo año (2024). Y eso es lamentable, porque este es uno de los efectos importantes de esa confiscación, que se les está quitando a estas personas el derecho a estudiar, personas que ya estaban muy cerca de terminar sus programas de estudio, incluso algunos ya lo habían completado todo y no saben qué va a ocurrir con su título universitario. Es uno de los temas que más nos preocupa y que deben ser denunciados a nivel internacional, para que el Gobierno de Nicaragua pueda revertir esa medida en beneficio de estos miles de estudiantes», dijo Oliva.
Otros obstáculos
Entre otras situaciones, el rector de la UCA se refirió a las diferencias que existen en la regulación de la educación superior entre Nicaragua, El Salvador y Guatemala, y el hecho de que en esas universidades no tienen programas de estudios plenamente virtuales, sino que a lo sumo son semipresenciales.
«Hemos recibido una enorme cantidad de solicitudes, más de 1,600, y en primer lugar las clasificamos. Hemos pedido que nos den cada uno de ellos más datos sobre su situación, para poder ver si los atendemos», expresó.
Asimismo reconoció que «la situación no es fácil, porque lamentablemente en Centroamérica, a pesar de que en algunos aspectos avanzó la integración, no ha avanzado en el sistema educativo a nivel superior y en cada país tenemos regulaciones distintas. Por ejemplo, en Nicaragua, una carrera a nivel de licenciatura se podía cursar en cuatro años. En El Salvador, requiere de cinco años más el proceso de graduación. A la hora de dar equivalencias, los programas son distintos».
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«También en la medida en que valoramos el trabajo académico. En El Salvador se utilizan unidades valorativas. En Nicaragua se utilizan créditos. Todo eso requiere de un trabajo para ver cómo gestionar cada uno de los casos», agregó.
Además detalló que hay unos requerimientos que son necesarios: «En El Salvador, se requiere el título de bachiller autenticado para ser inscritos en una universidad. Necesitan tener también las notas de las asignaturas que han cursado antes autenticadas. Esos dos requisitos son muy importantes».
Programa Universidad Sin Fronteras
Los exalumnos de la UCA, también tienen la opción de continuar sus estudios, gracias a que la Universidad de San José, Costa Rica, sede San Ramón, en acuerdo con el Centro Nicaragüense de Educación y Formación Abierta-Universidad Paulo Freire Costa Rica (Cenief-UPF), abrió un programa que les permite convalidar clases y seguir sus carreras en línea.
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El programa abierto fue nombrado Universidad Sin Fronteras y permite a los estudiantes de la UCA “explorar la ruta de continuidad” de sus estudios en carreras como: Administración de Empresas, Derecho, Educación, Nutrición y Tecnología de Alimentos.
Para el rector de la UCA de El Salvador, la confiscación de la UCA en Nicaragua «nos parece totalmente injusta, sin fundamento, un atropello a la autonomía universitaria, a la libertad de cátedra y al derecho a la educación que tienen todos los pueblos».