En la política la unidad es hija de la desunión

La unidad opositora es el tema de mayor discusión y paradójicamente del permanente desacuerdo en la oposición al régimen que obligadamente se encuentra en el exilio.

Se dice inclusive que todos los grupos y activistas opositores exiliados hablan de que la unidad es de primera necesidad, pero al mismo tiempo practican el cainismo político y se atacan ferozmente unos a otros.

Pero la verdad es que hay movimientos, grupos y activistas de la oposición que promueven realmente la unidad y se abstienen de atacar a los demás. Por lo que vemos, oímos y leemos en los medios y las redes sociales, este es el caso del llamado Grupo de Monteverde.

 El tema de la unidad en la política hay que verlo y tratarlo como es realmente y no como un fetiche. A nuestro juicio, para entenderlo y manejarlo mejor es útil acudir al auxilio de los estudiosos y expertos objetivos en la materia. Personas como el filósofo político chileno radicado en Alemania, Fernando Mires, quien ha dedicado mucho tiempo y esfuerzo intelectual a estudiar y explicar este problema tan importante.

Las expresiones de Mires sobre la materia no son  elucubraciones ni fantasías. Son fruto del estudio con criterio científico de las realidades y las experiencias políticas en distintos países, particularmente las más relevantes.

Ante todo, el maestro Mires (quien publica un excelente blog titulado POLIS: Política y cultura, y sus ensayos breves pero consistentes son publicados en diversos medios acreditados de América y Europa), parte de la tesis fundamental de que “la desunión y no la unidad es condición elemental de la política”.

Explica que “la política en sentido histórico es —invirtiendo la famosa fórmula de Clausewitz— la continuación de la guerra por otros medios. Sin diferencias y desuniones no hay política. La política, por lo tanto, ha de tener lugar sobre un campo dividido e incluso fragmentado”. Y así es en la realidad, para comprobarlo basta con ver la política de Nicaragua.

 “La unidad en la política —asegura Mires— surge frente a la necesidad de dirimir diferencias con un enemigo al cual no podemos derrotar con nuestras propias fuerzas (números, medios, dinero). Frente a ese enemigo buscamos unirnos con otras fuerzas diferentes a nosotros y para eso deponemos, aunque sea por un breve plazo, las diferencias, para lo cual se requiere que esas diferencias existan. La unidad, no hay otra posibilidad, es hija de la desunión”.

Analiza el maestro chileno que “el objetivo de toda política es sumar y eso significa restar fuerzas al enemigo. Quien no sabe sumar debe ir a la escuela, no a la política. La unidad política solo puede tener lugar entre quienes buscan una mayoría. Quienes no tienen vocación de mayoría no solo pueden, tampoco deben formar parte de un bloque unitario. La unidad —esa es la idea— nunca puede ser un fin en sí. No existe la unidad por la unidad”.

De manera que “la conclusión es drástica: Hay que alejarse lo más rápido posible de quienes están en contra de la unidad política —aconseja Fernando Mires—. Eso quiere decir que hay veces en las cuales la matemática política debe ser aplicada en sentido inverso. Bajo determinadas condiciones, más puede ser menos y menos puede ser más. Una unidad con los que no están de acuerdo con la lucha por la mayoría, no es sumatoria, luego tampoco puede haber unidad con ellos”.

Más explícito no se puede ser. Quienes se dedican a la política y quieren solucionar —o ayudar a resolver— la dura y angustiosa problemática política de Nicaragua, deberían leer a Fernando Mires. Aunque como suele suceder, muchos se negarían a atender sus enseñanzas, se aferrarían a sus ideas preconcebidas aunque sean dañinas para la misma causa que dicen representar y defender.

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