Nos preguntan si LA PRENSA está de acuerdo con que se impongan sanciones económicas internacionales al régimen de Nicaragua. La pregunta es por la publicación, este viernes 25 de agosto, de un artículo titulado Remesas y exportaciones, ¿por qué EE. UU. no le cerrará esa válvula de oxígeno a Ortega, aunque este se radicalice más?
La respuesta, rotunda y categórica, es no. LA PRENSA no está de acuerdo con las sanciones, no las promueve ni pide que EE. UU. y otros países de la comunidad democrática internacional las impongan, aunque se diga que no son para castigar a la población nicaragüense sino al régimen imperante.
El título de la mencionada publicación de LA PRENSA no se debe entender como un reclamo a EE. UU. porque no sanciona al régimen de Nicaragua en los rubros económicos de exportaciones y remesas familiares. Porque no lo es, sino el enunciado de una explicación que se da en el texto de la información, de por qué la gran potencia estadounidense no impondrá esa clase de sanciones que serían catastróficas, pero no para el régimen sino para la población.
En realidad, LA PRENSA cumple su función de medio de comunicación profesional e independiente, de brindar información de calidad, pero también de ser tribuna de discusión de los temas de interés público, que por eso mismo se deben debatir públicamente.
De allí que en el referido artículo informativo se han presentado opiniones de personas que están de acuerdo con las sanciones, de otras que dudan de su eficacia porque las consideran insuficientes, pero también de quienes expresamente se oponen a esas medidas de castigo internacional por considerar que es al pueblo al que más daño le pueden causar.
Como ya lo hemos dicho en otras ocasiones, LA PRENSA no está de acuerdo con las sanciones a la economía nacional, primero porque a quienes lastimarían directamente sería a los nicaragüenses que no son parte del régimen, sobre todo a los sectores más vulnerables. Y segundo, porque las sanciones no ponen fin a las dictaduras ni producen la democracia. Así lo ha demostrado la experiencia internacional.
Por cierto que el tema de las sanciones internacionales, unilaterales o colectivas, también es objeto de debate público en los países cuyos gobiernos imponen ese tipo de castigo a los regímenes autoritarios.
Al respecto, en el mes de julio pasado la prestigiosa revista estadounidense Foreing Policy publicó un documentado artículo del académico Chistopher Sabatini, titulado El amor de Estados Unidos por las sanciones será su caída. Según Sabatini, las sanciones no derriban a los regímenes autoritarios, ni siquiera los obligan a mejorar. Y a la larga terminan perjudicando a los mismos países sancionadores.
Argumenta Sabatini que las sanciones se han convertido en el arma principal de los gobiernos occidentales liderados por EE. UU., que ya no recurren a la fuerza militar —o lo hacen muy raramente— para imponer sus razones y condiciones políticas.
Informa que según una base de datos de la Universidad de Columbia, seis países (Cuba, Irán, Corea del Norte, Rusia, Siria y Venezuela) están bajo sanciones integrales de EE. UU. Otros diecisiete, incluidos Afganistán, Bielorrusia, República Democrática del Congo, Etiopía, Irak, Líbano, Libia, Malí, Nicaragua, Sudán y Yemen, están sujetos a sanciones selectivas.
Además, de acuerdo con datos de la Universidad de Princeton, siete países más, “incluida China, Eritrea, Haití y Sri Lanka, están sujetos a controles específicos de exportación. Esta lista ya extensa no incluye siquiera las sanciones dirigidas a individuos y empresas en países como El Salvador, Guatemala o Paraguay, o las sanciones impuestas a territorios como Hong Kong, los Balcanes o las regiones de Crimea, Donetsk o Luhansk en Ucrania”.
A pesar de las sanciones numerosas y diversas, en todos los países mencionados la situación sigue igual. Pero además de que las sanciones no han tenido ningún efecto en favor de los objetivos que persiguen, los regímenes sancionados se están uniendo bajo la sombra y liderazgo de China, para defenderse y unirse en contra de las potencias sancionadoras.
“Una coalición creciente de gobiernos autocráticos busca reescribir las reglas del sistema financiero global —dice Sabatini en Foreing Policy—, en gran parte en respuesta a la omnipresencia de las sanciones estadounidenses. Es hora de reconsiderar cómo estas medidas punitivas están erosionando el propio orden occidental que pretendían preservar”.
Habría que agregar que además las sanciones son aprovechadas hábilmente por los regímenes autoritarios sancionados para victimizarse, como Cuba, que cada año recibe en la ONU el respaldo de casi todos los países del mundo por ser una supuesta víctima del “poderoso y cruel imperialismo yanqui”.