Conflictivo. El fundador de la Compañía de Jesús fue el español Ignacio de Loyola. Nacido en 1491 en una antigua familia noble del País Vasco, de joven fue “conflictivo, violento y vivía una sexualidad irresponsable”, dice un artículo de ACI Prensa, agencia de noticias católica. También era militar y poseía antecedentes policiales por peleas nocturnas. Pero en 1519, cuando tenía 28 años, fue alcanzado por una bala de cañón y sus heridas lo obligaron a pasar un largo período de convalecencia en el que leyó muchos libros religiosos y desarrolló una gran devoción por la Virgen María.
Eliminados. En 1773 el papa Clemente XIV decretó la supresión de la Compañía de Jesús, presionado por los principales monarcas católicos de la época (Portugal, España y Francia), quienes ya los habían expulsado de sus territorios por “alterar la paz de sus pueblos”, narra la BBC Mundo en un reportaje publicado en julio de 2023. Durante 40 años la orden estuvo suprimida, pero logró volver en 1814, con el visto bueno del papa Pío VII. Se estima que actualmente hay más de 16,000 jesuitas, siendo la orden religiosa masculina más grande de la Iglesia católica.
Universitarios. La orden inició con Ignacio de Loyola y otros siete estudiantes de la Universidad de París, en 1534. En adelante se concentró en la expansión de la educación y sus métodos de enseñanza son la base de muchos sistemas educativos usados hoy día. Hasta enero de 2022, la Compañía de Jesús poseía 200 universidades, 850 colegios y miles de obras sociales, culturales y religiosas en 127 países. Actualmente, el Observatorio Vaticano (centro de investigación astronómica y educativa que se remonta al siglo XVI) está dirigido por jesuitas y la mayoría de sus investigadores pertenecen a esta orden.
Fuera de control. Además de los tradicionales votos de pobreza, castidad y obediencia que hacen las otras órdenes de la Iglesia católica, los sacerdotes jesuitas toman un cuarto voto: el de obediencia al papa católico. Históricamente ese voto extra los ha colocado fuera de la jurisdicción de Estados y monarquías, otra característica que no les ha caído en gracia a muchos gobernantes.
“Papa negro”. Aunque hacen su voto de obediencia al papa, los jesuitas también eligen a un Superior General como líder de la orden. Actualmente ese cargo pertenece al padre Arturo Sosa, venezolano, quien fue electo en 2016, convirtiéndose en el primer General jesuita no europeo. Algunos se refieren a la persona que ocupa este cargo como el “Papa negro”. El nombre no fue inventando por la orden, sino por la misma gente, hace siglos, luego de ver “el poder y la influencia de los jesuitas, así como sus roces con el Vaticano y el uso de sotanas negras”, destaca el sitio católico Aleteia.
El papa Francisco, nombrado en 2013, también pertenece la Compañía de Jesús. De hecho, fue el primer jesuita en ocupar el mayor cargo de la Iglesia católica.
Rebeldes. Desde sus inicios, aunque eran confesores de reyes y reinas, sus ideas políticas molestaban enormemente a los monarcas. Por si fuera poco, la Compañía asumió la doctrina del “tomismo”, que cree que el rey debe rendir cuentas tanto a Dios como al pueblo. Desarrollado por Santo Tomás de Aquino, el tomismo considera lícito que los gobernados se rebelen contra sus gobernantes cuando estos se comportan como tiranos, siempre y cuando se hubiesen agotado las alternativas para resolver la situación.
Expulsados. Los jesuitas se establecieron en territorio nicaragüense en 1871, provenientes de Guatemala, de donde ya habían sido expulsados. Sin embargo, en junio de 1881 también salieron de Nicaragua, por orden del presidente Joaquín Zavala, luego de ser culpados por el levantamiento violento de los indígenas en las cañadas de Matagalpa. “Los que han profundizado el tema aseguran que no existían motivos justificados para la expulsión, más bien era una decisión que había tomado el presidente Zavala y aprovechó la guerra en las cañadas de Matagalpa para echarles la culpa a los jesuitas”, escribió el historiador Enrique Belli Cortés. 35 años después de aquella expulsión el expresidente Zavala estaba muerto y los jesuitas fundaban en Granada el Colegio Centro América, uno de los más prestigiosos en la historia del país.
Non gratos. En siglos pasados fueron expulsados de Ecuador, Guatemala, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica, México, Chile, Colombia, Paraguay, Italia, España, Francia, Portugal, Suiza, Austria, Países Bajos, el imperio austrohúngaro y Rusia, en distintos momentos y diversos contextos sociopolíticos. Se les acusaba de intervenir de más en asuntos políticos y a menudo se les señalaba como autores intelectuales de alzamientos, revueltas e incluso conspiraciones. A veces se decía, además, que se habían enriquecido en sus misiones y que conocían secretos de los feligreses que les permitían tener influencia sobre ellos.
Rubén Darío. “El primer contacto formal que Rubén Darío tuvo con la literatura fue a través de los jesuitas”, dice Jorge Eduardo Arellano en su texto “Darío y su amistad con los jesuitas”. El niño poeta fue iniciado por sacerdotes jesuitas en la lectura de algunos clásicos españoles y junto a ellos escribió sus primeros versos. Sin embargo, tras la expulsión de la orden, cuando Darío tenía 14 años, escribió su breve poema “El Jesuita”, retado por “amigos del libre pensamiento” que le suministraron 20 palabras. “El jesuita es Belcebú/ que del Averno salió/ ¿Vencerá al progreso? ¡No!/ ¿Su poder caerá? ¡Oh, sí!/ Ódieme el que quiera a mí;/pero nunca tendrá vida/ la sotana carcomida/ de estos endriagos aquí”, dice la última estrofa. Un año después uno de los jesuitas expulsados se refirió escuetamente a la composición, calificándola como “niñerías”. Ya en su madurez, Rubén Darío escribió elogios hacia Loyola y la labor de los padres jesuitas.
UCA. La Universidad Centroamericana (UCA), confiscada el pasado 16 de agosto de 2023 por órdenes de Daniel Ortega, es propiedad de los jesuitas, quienes la fundaron en 1960. Ahora el campus expropiado se llama “Universidad Nacional Casimiro Sotelo” y está en manos del sandinismo. El propio padre Arturo Sosa, máxima autoridad de la orden jesuita en el mundo, se pronunció contra las acusaciones por “terrorismo”, “totalmente falsas y sin fundamento alguno”, que se le hacen a la UCA mientras se le niega “el derecho a la legítima defensa”. Por su parte, los jesuitas de Centroamérica declararon que “la confiscación de facto a la UCA es el precio por pagar por la búsqueda de una sociedad más justa, proteger la vida, la verdad y la libertad del pueblo nicaragüense, en consonancia con su lema: La verdad los hará libres”.