Atacado perversamente por un cáncer que terminó por arrebatarle la vida, Antonio Herradora lucía muy disminuido en sus últimos días. Había pasado muchas privaciones producto del abandono y vivía prácticamente de la caridad pública. Así que, aunque todavía no llegaba a los 75 años, parecía estar en línea recta hacia los cien.
“El colmo es que hay gente que no me cree que jugué beisbol porque me miran así chiquito y arruinado. Escucho que dicen: ‘estos viejos siempre dicen que fueron buenos, aunque no lo hayan sido. Y yo nunca he dicho que fui bueno, pero cobarde si no fui”, decía con mucho aplomo el zurdo, quien conservaba su buen humor incluso casi al final.
Pero, además de valiente, Herradora fue muy bueno. Tanto así que, tras ocho temporadas en Primera División, se retiró con marca de 52-32 y 1.93 en 681.2 innings, en los que ponchó a 459 bateadores y dio solo 112 bases, mientras salvaba ocho partidos, completaba 24 y se hacía un sólido nombre como miembro de la Selección Nacional.
Herradora comenzó en Primera División en 1970 con el equipo Managua. Su balance fue 5-5 y 1.51 en 72.1 episodios con 53 ponches. Para poner en contexto el magnífico trabajo del zurdo aquel año, hay que consignar que el Managua fue un equipo malo que terminó con 11-21 esa temporada. Así que Antonio ganó cinco de los 11 partidos.
En 1971 pasó al Granada y terminó con 9-7 y 2.06 más dos juegos salvados, coleccionando 126.2 innings lanzados mientras abría y relevaba. Ese mismo año, trabajó con la Selección en el Mundial de Cuba y registró 1-2 y 0.42 en 21.1 episodios. Le ganó 3-2 a Canadá, pero perdió 2-0 con Cuba y 2-1 ante Colombia lanzando diez entradas.
Ese mismo año fue a los Juegos Panamericanos de Cali, Colombia, y terminó como líder en efectividad con 0.00 en 16 innings. Blanqueó 3-0 a Canadá y salvó juego ante Puerto Rico, mientras hacía otro relevo impecable ante México, para dejar constancia de su enorme nivel competitivo a pesar de que por su estatura muchos se confundían.
“Recuerdo que en una ocasión el gigantón ese de Armando Capiró, de Cuba, me dijo que si yo era el cargabates del equipo y aunque me arrechó, yo me dije, en el juego me desquito y así fue. A él lo ponché varias veces y después les gané a los cubanos en Dominicana cuando se hizo el Torneo de la Amistad”, decía Herradora con orgullo.
Y efectivamente así fue. El zurdo, nacido en San Isidro, Matagalpa, el 25 de diciembre de 1945, tuvo en 1972 su mejor año a nivel nacional. Terminó con 13-4 y 1.52 en efectividad, más seis juegos salvados en 130.2 innings con el Granada, donde abrió 13 juegos y relevó 15. Sin embargo, lo mejor vendría con la Selección Nacional.
Herradora le ganó a Cuba 5-4 en Republica Dominicana en una faena de relevo fantástica y ayudado por un triple valioso de Cirilo Errington, tras una salida temprana del abridor nica, Dennis Martínez. Y ese mismo año, durante el Mundial realizado en Nicaragua, el zurdo tuvo 1.08 en 8.1 innings como relevista con la tropa pinolera.
En 1973 registró otra muy buena temporada a nivel local con 10-2 y 2.63, mientras lograba 10-5 y 1.70 en 1974 con los Tiburones y 1-2 y 0.42 con el Estelí, donde lanzó brevemente. Su brazo se afectó y en los siguientes tres años acumuló 3-4 en ganados y perdidos, antes de retirarse en 1977 con el Granada, tras ocho temporadas.
Dueño de una de las mejores curvas en la historia del beisbol nacional, Herradora no era un lanzador de poner, sino de habilidad y localización. Jamás conoció el miedo y le gustaba retar a los bateadores. “Yo nunca le escuché decir que estaba cansado”, recuerda Calixto Vargas, su compañero en la Selección y un amigo cercano.
Herradora falleció el 25 de agosto del 2016. Tenía 71 años.