En un artículo de opinión publicado en varios periódicos de América Latina —incluyendo al Diario LA PRENSA de Nicaragua que lo publicó este miércoles 9 de agosto—, el periodista uruguayo Danilo Arbilla Franchia se pregunta “para qué sirve la ONU”. Es una buena cuestión, sin duda, tratándose de la más importante organización internacional de Estados y gobiernos en el mundo.
Está claro que la Organización de Naciones Unidas (ONU) no sirve para impedir ni detener las guerras de agresión de las grandes potencias del mundo contra países más débiles, como la de Rusia contra Ucrania en la actualidad. No lo puede hacer a pesar de que esa es la razón principal de su existencia, según lo establecido en su Carta constitutiva.
Para lo que es buena la ONU —y esto hay que reconocerlo— es para movilizar recursos de ayuda a gente en situaciones de extrema necesidad y promover celebraciones internacionales en apoyo de buenas causas, aunque muchas veces las conmemoraciones mundiales se quedan en retórica.
Tal es el caso de la celebración del Día Mundial de los Pueblos Indígenas, la cual ha sido este miércoles 9 de agosto. Pero al menos sirve para poner en evidencia las violaciones a los derechos fundamentales de esas poblaciones, lo que es reconocido por la misma ONU como “un problema persistente.”
Como lema para la última celebración del Día Mundial de los Pueblos Indígenas la ONU escogió “Juventud Indígena, agente de cambio hacia la autodeterminación.” Con este lema la ONU reconoce que la autodeterminación de los pueblos indígenas es una tarea pendiente, inclusive en países altamente desarrollados, ricos y de sistemas políticos democráticos.
De los países atrasados y no democráticos no se puede esperar mayor cosa, pues allí no solo los derechos de los indígenas sino también los de grupos sociales mestizos y blancos son habitualmente ignorados y vulnerados.
No obstante, debemos reconocer como un hecho positivo al menos simbólicamente que el régimen de Nicaragua haya designado oficialmente un día nacional del huipil y declarado esta vestimenta femenina típica y ancestral, como “patrimonio inmaterial, artístico y cultural de la nación.”
El huipil es definido en el Diccionario del Español de Nicaragua como una “blusa o camisa de la mujer indígena, generalmente de algodón, sin mangas y hermosamente bordada.” De manera que aunque el decreto oficial no lo especifique de esa manera, la consagración del huipil como símbolo de identidad nacional es un reconocimiento implícito a la importancia de la mujer y toda la gente indígena.
Por supuesto que mucho mejor sería que se reconociera, pero de verdad y con políticas públicas prácticas, los derechos de los nicaragüenses indígenas cuyas tierras ancestrales en territorios “protegidos” como la Reserva de Bosawas y otras zonas del Caribe Norte, son invadidas y depredadas por los “colonos” que llegan de otras partes del territorio nacional. Los cuales de hecho sí gozan de la protección del Estado.
En un documento de la ONU sobre la celebración este año del Día Mundial de los Pueblo Indígenas, se dice que “las poblaciones autóctonas han buscado durante años el reconocimiento de sus identidades, su forma de vida y el derecho sobre sus territorios tradicionales y recursos naturales. Pese a ello, a lo largo de la historia, sus derechos han sido siempre violados. En la actualidad, se encuentran sin duda entre las poblaciones más vulnerables y perjudicadas del mundo. La comunidad internacional reconoce ahora que se necesitan medidas especiales para proteger sus derechos y mantener sus culturas y formas de vida.”
Sin embargo en la realidad la llamada “comunidad internacional” no puede ni quiere dignificar a las poblaciones y comunidades indígenas, comenzando por el respeto a sus derechos personales y comunitarios. Eso le corresponde hacerlo a las autoridades nacionales de cada país donde hay poblaciones indígenas, pero hasta ahora no lo hacen.