Centroamérica ha sido convertida políticamente en “un verdadero y enorme agujero negro”, asegura el científico social y escritor argentino Carlos Malamud, principal investigador para América Latina del Real Instituto Elcano de Estudios Internacionales y Estratégicos.
El Instituto Elcano es un centro español de pensamiento político y socioeconómico cuyo objetivo declarado es “proporcionar ideas que promuevan y fortalezcan la sostenibilidad, la paz y la seguridad, la prosperidad y la reducción de desigualdades, la democracia, la libertad y los derechos humanos, y la igualdad entre hombres y mujeres”.
La comparación de Centroamérica con un gran hoyo negro, que hace Malamud, es terrible y desoladora, considerando que los hoyos negros según los astrónomos son los restos helados y oscuros de antiguas estrellas desaparecidas, de los cuales no puede escapar ninguna partícula material, ni siquiera la luz. “Los agujeros negros —dice la explicación científica— representan la última fase en la evolución de enormes estrellas que fueron al menos de 10 a 15 veces más grandes que nuestro sol”.
En un artículo de opinión publicado este martes 8 de agosto en el diario venezolano El Nacional, Malamud sostiene la idea de que Centroamérica se ha convertido en un agujero negro porque “la calidad de su democracia ha sido puesta en cuestión en prácticamente toda la región y sus instituciones por lo general distan mucho de cumplir los propósitos para los que fueron creadas”.
Advierte el prestigioso investigador político internacional que “en la mayor parte de los países centroamericanos los pesos y contrapesos (en el Estado) han saltado por los aires en beneficio de presidentes capaces de concentrar en torno a su figura un poder casi omnímodo, incluso dictatorial”.
La mala situación de la democracia en Centroamérica es tan deprimente y deplorable, dice Malamud, “que hasta Costa Rica, otrora modelo democrático, ha cedido al empuje del populismo”. En este sentido advierte el investigador del Instituto Elcano, “no se debe olvidar a Rodrigo Chaves, (presidente) de Costa Rica, más indefinido políticamente (que Ortega de Nicaragua o Bukele de El Salvador) pero igualmente peligroso por sus ataques a los pilares de la representación política y sus tendencias claramente caudillistas”.
La ventaja de Costa Rica sobre los demás países de Centroamérica —esto debemos decirlo nosotros— es que en ese país centroamericano funcionan en general las instituciones democráticas que garantizan la separación de poderes. Y el pueblo costarricense podrá en las próximas elecciones escoger una opción presidencial distinta (y ojalá que mejor) a la de Chaves.
Carlos Malamud señala que “con independencia de su adscripción política es notable cómo los gobernantes centroamericanos se protegen entre sí, emulan aquellas medidas jurídicas más adecuadas para mantenerse en el poder o replican políticas represivas”. Esto último con la excepción de Costa Rica, también es justo que lo aclaremos.
Con amarga ironía el investigador del Instituto Elcano señala que “de alguna manera, aunque con un propósito diferente, se puede decir que la integración centroamericana funciona, aunque más no sea que para avanzar en la internacionalización del crimen organizado o en la regionalización de la corrupción”.
Carlos Malamud no propone salidas del agujero negro centroamericano, porque no es esa su tarea y porque probablemente no las hay, al menos por ahora. Y como se ve la situación quién sabe por cuánto tiempo.
Aunque quién sabe, porque como dicen los historiadores el viejo topo de la historia cava subterráneamente y puede salir a la superficie cuando menos se espera.