Del 24 de febrero del 2022 a este lunes 31 de julio de 2023, han pasado más de 500 días de la invasión del presidente ruso Vladímir Putin a Ucrania. Durante ese tiempo se han sucedido una gran cantidad de acontecimientos en dicho enfrentamiento que yo los reduzco a una frase que he compartido con ustedes en varios artículos anteriores: Putin va perdiendo la guerra militar, pero va ganando la guerra contra los edificios públicos, escuelas, edificios de apartamentos, estaciones de trenes, centros comerciales y últimamente depósitos de granos. Es decir, su incapacidad y frustración de no poder resolver una invasión que debió durar unas cuantas semanas, la desahoga destruyendo a distancia la infraestructura de un país que ahora sabemos cuán importante es en la economía mundial.
Antes de escribir esta columna me documenté investigando artículos de agencias de inteligencia de diferentes gobiernos, entre ellos el británico, el de Estados Unidos y Francia, entre otros. Todos concuerdan en que, aunque es difícil dar una cifra exacta, calculan que a la fecha han donado unos 200,000 millones de dólares y mientras don Putin se empecine en continuar en su intento de anexarse territorio ucraniano, esa cifra continuará incrementándose, así lo han declarado varios presidentes entre ellos Joe Biden, de EE. UU., Macron de Francia, el primer ministro inglés y otros.
En cuanto al costo que está pagando Putin, este es inmenso sobre todo en lo político. Pues después de ver la incapacidad de su ejército y su tecnología militar de lograr los objetivos deseados, el mundo le ha perdido el respeto. La invasión a Ucrania supuestamente era para defender sus fronteras del avance de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) pero resulta que hoy esta ha aumentado en más de mil kilómetros su frontera con Rusia después de la adhesión de varios países europeos a esa alianza militar.
Pero a lo que venimos Tencha, dice un adagio popular y la intención de este artículo es dar a conocer los costos económicos de dicha invasión. La revista británica The Economist calcula el costo que está pagando Putin en un poco más de 67,000 millones de dólares, sin contar el valor de los bienes confiscados a los oligarcas rusos, más el dinero y oro congelado en diferentes bancos a su gobierno, lo que eleva dicha suma considerablemente. Tampoco incluye otros gastos que ya comienza a pagar en infraestructura y los miles de equipos militares que le han destruido incluyendo los abandonados en sus retiradas apresuradas de diferentes escenarios de guerra.
Ahora permítanme un comentario a lo nica sobre esas cifras astronómicas. Recuerdo que durante la guerra que libró la contra en los ochenta con el apoyo de los presidentes Ronald Reagan y George Busch, también se mencionaron cifras que en su momento fueron consideradas enormes para un apoyo a una contrarrevolución. Con ese dinero se compraron fusiles y municiones de todo tipo, se pagaba al directorio político de la contra, los viajes de los funcionarios americanos asignados al proyecto, el pago de aviones y gasto de combustible, compra de alimentos para nuestros comandos y uno que otro viático a algunos comandantes.
Hay un dicho nicaragüense que dice que el que parte y reparte le toca la mayor parte y los costos de todo lo que he mencionado anteriormente lo asignaban los donantes. Recuerdo que a raíz de la investigación por el dinero entregado a la Contra producto de la venta de armamento a Irán por parte de los Estados Unidos, en la que hasta yo testifiqué, en dicha investigación se descubrió una cuenta “olvidada” que contenía varios millones de dólares de los que nadie sabía nada.
Es posible que a eso se deban las cifras gastadas por los aliados en sus donaciones, me refiero al valor que le dan al armamento y municiones donadas por los Estados Unidos y aliados. Nada que ver con el comentario que hice de la cuenta olvidada que jamás llegó a manos de los combatientes por la libertad como nos llamó el presidente Ronald Reagan.
Para finalizar solo me resta decir que es una lástima, por donde se vea, semejante cantidad de dinero utilizada en una guerra sin sentido, que solo dolor destrucción y muerte ha generado. Gracias a Dios pareciese que la era de los anexionistas está finalizando y la posibilidad es que Ucrania emerja de esta guerra con su territorio incólume. Lo que creo muy pronto será una realidad.
El autor es analista político y directivo nacional de las Fuerzas de Veteranos de Guerra de la Resistencia Nicaragüense.