Los primeros pasos para la conquista de la autonomía universitaria

Circunstancias políticas adversas no permitieron, por mucho tiempo, que el clamor en favor de la autonomía universitaria fuera escuchado por quienes tenían en sus manos los destinos del país y de nuestra alma mater.  Precursores de este movimiento del universitariado nicaragüense fueron los líderes de las jornadas de 1944-47, quienes ante las violentas intervenciones del Poder Ejecutivo en la vida de nuestras universidades proclamaron, repetidas veces, la necesidad de separarlas del engranaje estatal. Un grupo de los militantes en aquel movimiento enarbolaba como lema: “Luchamos por una Universidad Única, Autónoma y Popular”.

Clausuradas por Somoza García las universidades Central de Managua (1946) y de Granada (1951), la juventud universitaria nicaragüense encontró su alma mater en la ya centenaria Universidad de León, fundada en 1812 y elevada a categoría de Universidad Nacional el año de 1947. León, la ciudad colonial y metropolitana, “seminarista y universitaria, conventual y caballeresca”, en feliz frase de Mariano Fiallos Gil, de apacible vida provinciana y reconocida tradición cultural, se transformó así, en el año de 1951, en sede de la única universidad del país.

De pronto, la ciudad de vetustos campanarios “que elevan su canto de piedra hacia un claro cielo desvanecido”, en hermosa metáfora de don Mariano, se vio invadida por la juventud bulliciosa de toda la República, que acudía a las aulas de su antañona universidad en busca de las enseñanzas de sus profesores. Transcurrido el primer año, durante el cual puede decirse que la ciudad aprendió a asimilar a la nueva e inusitada población estudiantil y los estudiantes, a su vez, se fueron acostumbrando al sonido de sus viejas campanas y al chirrido estruendoso de las carretas que en la madrugada recorrían sus viejas calles empedradas, comenzó la inquietud de los estudiantes, inconformes con la situación de su universidad, entregada por completo a las directrices del Poder Ejecutivo, a través del Ministerio de Educación Pública, amo y señor de los destinos de la alma mater. Algunos catedráticos, y la mayor parte de los jóvenes universitarios de esa época, comprendimos lo insostenible y perjudicial que era, para el decoro y el progreso de la universidad, el sistema imperante. Y el ejemplo de la autonomía universitaria, plenamente consagrada en casi todos los países de Centro y Sur América, nos alentaba para empeñarnos en la lucha por la conquista del ideal de la autonomía.

La falta de autonomía había conducido al alma mater a un completo estado de vasallaje en relación con el Poder Ejecutivo y el partido político en el poder, el Partido Liberal Nacionalista, dominado por Anastasio Somoza García. Como consecuencia, la política partidista se había entronizado en ella. Contra esa situación, se pronunció el estudiantado en distintas formas. Pero quizás el grupo estudiantil que se definió del modo más firme y eficaz, fue la agrupación de estudiantes de la Facultad de Derecho conocida por su sigla Cejis (Círculo de Estudios Jurídicos y Sociales) y del que era mentor el catedrático de Filosofía del Derecho, doctor Mariano Fiallos Gil.

Como para lograr la tan ansiada autonomía era imperativo transformar el régimen jurídico de la universidad, el Cejis recibió, en 1953, por parte de la directiva del centro universitario de entonces el encargo de redactar un “proyecto de Ley Orgánica de la Universidad Nacional”. El proyecto lo elaboró, por decisión del Cejis, quien escribe estas líneas durante unas vacaciones. Me auxilié de un libro recién publicado por la Universidad de San Carlos de Guatemala, que aún conservo. Es un estudio comparado de las leyes orgánicas de las universidades de América Latina. Su título es: La Universidad Latinoamericana y su autor el exrector de la Universidad de San Marcos de Lima, doctor Luis Alberto Sánchez, por entonces exiliado en Guatemala por la dictadura de Leguía en Perú. Fue amplia y favorablemente comentado por la prensa nacional y presentado a la consideración del gobierno, de las autoridades universitarias y de la ciudadanía en general.

Del prólogo del folleto que contenía el proyecto de ley, transcribo los párrafos siguientes: “La Autonomía Universitaria es y ha sido siempre, desde el pronunciamiento de Córdoba (Argentina) en 1918, uno de los postulados alrededor del cual gravita la política universitaria hispanoamericana. Nuestras Universidades, al influjo de sus juventudes no pudieron escapar al movimiento envolvente que subió del Sur y bajó del Norte, y desde hace 10 años y más, los universitarios pidieron Autonomía. Nosotros, fieles a nuestros deberes de representantes del conglomerado estudiantil universitario, hemos querido concretizar esas aspiraciones y con ese fin, presentamos a la consideración de nuestros compañeros universitarios —catedráticos y estudiantes—, de las autoridades universitarias, del gobierno nicaragüense y de la ciudadanía en general, el Proyecto de Ley que organiza la Universidad Nacional con el carácter de Autónoma; Proyecto que va precedido de una Exposición de Motivos, la que junto con aquel, serán la petición de Derechos del Universitariado Nicaragüense”. Junta Directiva del Centro Universitario. Carlos Molina del Campo, Rodolfo Sánchez, Jaime Rodríguez, Tomás Borge, Ramón Espinal, Julián N. Guerrero, Noel Lindo, Salvador Gaitán y Fernando Silva”.

Al mismo tiempo que se redactaba el proyecto, el Cejis organizó un ciclo de conferencias para estudiantes y catedráticos, sobre los diferentes aspectos de la autonomía universitaria, habiendo tenido a su cargo quien escribe, entonces alumno del tercer año de la Facultad de Derecho, la exposición de un estudio comparativo de las leyes universitarias de América Latina, que demostraba claramente la lamentable situación de inferioridad institucional en que se encontraba la Universidad Nacional de Nicaragua, no solo con respecto a sus hermanas de la América del Sur, sino aún en relación con sus vecinas de Centroamérica. El cuadro tan descorazonador presentado en esa conferencia motivó la creación, por parte del Centro Universitario, de un Comité de Acción Permanente Pro-Autonomía Universitaria, del cual fui nombrado presidente.

Este Comité desarrolló, en el curso del año 1955, una intensa campaña en favor de la aprobación del proyecto de ley preparado en 1953. A tal efecto, se logró el decidido apoyo de la prensa nacional y se llevaron a cabo una serie de entrevistas con los representantes más caracterizados de la intelectualidad del país, quienes se pronunciaron en favor de la autonomía y elogiaron los avanzados principios que consagraba el proyecto de ley. Lamentable fue, en aquel momento, constatar que los únicos que veían con desagrado el proyecto de una Universidad Nacional Autónoma, eran los directivos de la propia Universidad.

En el mes de octubre de 1955, el Comité de Acción Permanente Pro-Autonomía Universitaria, consiguió la colaboración de un diputado de la minoría en la Cámara de Diputados, que entonces lo era el Partido Conservador, el doctor Eduardo Conrado Vado, para que presentara el proyecto de ley orgánica elaborado en 1953.  Precedió a la presentación del proyecto de ley, una campaña auspiciada por todos los diarios del país, menos los controlados por Somoza García, campaña que procuraba crear conciencia en favor del ideal universitario e influir en el ánimo de los diputados.

El día miércoles 5 de octubre de 1955, un numeroso grupo de estudiantes universitarios nos trasladamos a Managua y llenamos las galerías de la Cámara de Diputados, para presenciar y respaldar con aplausos el momento de la presentación del proyecto de ley de autonomía universitaria. Todos los periódicos del país se ocuparon del acontecimiento, y publicaron crónicas y fotografías de la presencia de los estudiantes en el Congreso, demandando la autonomía universitaria.

El proyecto fue enviado a comisión para su dictamen y el propio presidente de la Cámara, ingeniero Luis Somoza Debayle, anunció que la comisión tendría cinco días para dictaminar el proyecto, dada su importancia. Pero, sorpresivamente, y de seguro para evitar nuevamente la presencia de los estudiantes, el dictamen fue presentado cuarenta y ocho horas después, un día sábado por la mañana y rechazado por la aplanadora liberal, dirigida por Luis Somoza, alegando supuestos roces con la Constitución Política. Se argumentaba que solo podían existir entes autónomos en los dominios comercial y empresarial del Estado, pero no en el campo educativo. Además, para darle el tiro de gracia al proyecto, se le dispensó el trámite de segundo debate. El diputado Conrado Vado se retiró de la sesión en protesta por la maniobra del presidente de la Cámara. La votación fue de 23 votos liberales en contra del proyecto y solo 5 conservadores a favor.  Se levantó la sesión y el Congreso se recetó quince días de vacaciones. Los estudiantes ni siquiera tuvimos esta vez, la oportunidad de movilizarnos hacia Managua. Así se manejaban las cosas en esa época.

Al día siguiente, el doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, publicó en el Diario LA PRENSA un editorial intitulado: “Los estudiantes y su autonomía”, del que transcribo el párrafo siguiente: “Los estudiantes universitarios puede que vuelvan con sus cartelones y sus proyectos a León sin llevar siquiera la crónica de un segundo debate sobre su iniciativa, pero la próxima vez que la Junta Universitaria quiera interferir en sus asuntos, o trate de manchar la dignidad estudiantil, el poder de los jóvenes universitarios se hará patente una vez más y servirá como reproche a quienes se negaron, por debilidad, a escuchar la voz universitaria”.

El autor es educador, académico y escritor. Fue rector universitario.

COMENTARIOS

  1. Hace 3 años

    La otra versión de los hechos es de que Luis Somoza sí era partidario de que la universidad gozara de autonomía; sin embargo, ciertos miembros del Partido Liberal Nacionalista del cual Luis era miembro se oponían a la autonomía temiendo que la universidad se convirtiera en bastión de sujetos simpatizantes del Marxismo lo cual efectivamente ocurrió. La universidad se convirtió en un cuartel del Frente Sandinista. Fiallos Gil al conversar con Luis Somoza le puso como condición de aceptar la rectoría siempre y cuando a la universidad se le otorgara la autonomía.

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí