En la reciente celebración del 19 de julio, Ortega llamó “nazi” al presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, la acusación que más repite Putin. En verdad, es Ortega quien más se parece a Hitler, incluso, el Santo Padre definió recientemente a la dictadura de Ortega como “hitleriana”.
Pero, ¿qué tanto sabemos de las similitudes entre ambas dictaduras? Voy a fastidiarlos con una secuencia de datos históricos para demostrar lo que ambos dictadores tienen en común, o mejor dicho, en lo que Ortega se ha copiado. Me limitaré a comparar algunos episodios de la dictadura de Hitler, para que cada uno saque sus propias conclusiones.
Ambos dictadores accedieron al poder mediante elecciones en las que no lograron la mayoría de los votos. En las de 1933 en Alemania, Hitler obtuvo el 37 por ciento; es decir, menos del 38 por ciento que consiguió Ortega en la contienda electoral del 2006.
Hitler despachó muy poco en la sede de la Cancillería, sitio oficial del Gobierno alemán, prefirió hacerlo desde el Berghof, palacio personal que usó como despacho oficial. Una decisión similar tomó el dictador Ortega que, desde su retorno al poder en 2007, despacha en su casa en El Carmen.
Ambos dictadores están implicados en casos de abuso sexual a niñas pertenecientes a su entorno familiar. Después de continuos abusos y reclusión, el 18 de septiembre de 1931, Geli Raubal, sobrina de Hitler, apareció muerta de un disparo. Los abusos de Ortega a su hijastra Zoilamérica están suficientemente documentados.
Los paramilitares de Ortega están inspirados en la SS (Schutzstaffel, escuadrones de protección) y SA (Sturmabteilung, camisas pardas) de Hitler. Estas eran las fuerzas de choque de Hitler y se encargaban de sembrar el terror y generar violencia en las calles. Ambos grupos jugaron un rol importante en el ascenso del dictador alemán al poder. Los operativos más conocidos que realizaron fueron La Noche de los Cuchillos Largos, una purga política realizada en 1934 en contra de los enemigos políticos de los nazis, y en 1938, La Noche de los Cristales Rotos, cuando lincharon a los judíos y vandalizaron sus negocios. Al igual que Hitler, Ortega armó, entrenó, apertrechó y uniformó a militares retirados y activos para conformar los grupos paramilitares que sembraron el terror en 2018.
En sus políticas de comunicación, ambos dictadores emplearon la misma estrategia. Rosario
Murillo se adueñó y colocó a sus hijos al mando de canales de televisión, emisoras de radio y medios escritos. Por otro lado, acosó, cerró y confiscó medios de comunicación independientes. El equivalente a Murillo en la dictadura alemana fue Joseph Goebbels, manipulador de la verdad mediante la repetición de mentiras y el control férreo de los medios de comunicación. Hitler confiscó y cerró medios de comunicación bajo el argumento de que estaban al servicio de los judíos.
Las relaciones exteriores de Hitler las guiaba Joachim von Ribbentrop, un mediocre adulador y fanático nazi que utilizó los foros mundiales para defender a su ídolo. Hitler buscó alianzas con dictadores de la época, entre ellos, el italiano Benito Mussolini y el español Francisco Franco. Ortega usa al diminuto Denis Moncada Colindres para establecer amistades con los peores dictadores del mundo, Irán, Cuba, Rusia y Corea del Norte.
Hitler sustituyó la corte Suprema de Justicia e impartía justicia por decreto. El 14 de julio de 1934 Hitler aprobó una ley declarando al Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán, llamado popularmente Partido Nazi, como el único partido de Alemania. De la misma manera, Ortega domina a los magistrados de la Corte Suprema de Justicia y del poder Electoral, y prácticamente el FSLN es el único partido que actualmente existe en Nicaragua.
De una forma similar a la que Ortega usa para controlar a la Asamblea Nacional, el 24 de marzo de 1933, Hitler creó una ley para que el Reichstag (Parlamento) le transfiriera a él las funciones legislativas.
Desde muy temprano en su carrera política, Hitler enamoró a la mayoría de los generales del Ejército alemán, que lo apoyaron plenamente durante la guerra. A mitad de su mandato, Hitler condecoró y ascendió a todos sus generales con el fin de comprometerlos con su proyecto dictatorial. Al comprender las consecuencias que podría provocar la locura de Hitler, algunos oficiales intentaron derrocarlo, pero fueron cruelmente ejecutados. En 2007 Ortega inició su mandato recordándole al Ejército y a la Policía su origen sandinista. Luego se dedicó a comprar a muchos militares con cargos públicos para ellos o sus familiares y a muchos los ha mantenido de manera ilegal, en esas posiciones de mando. Esa ha sido su táctica para mantenerlos controlados.
Ortega aprendió de Hitler a modificar los libros de texto y la currícula escolar. En Alemania la Ley de Servicio Civil de 1937 exigía que todos los profesores defendieran sin reservas al Estado nazi. La autonomía de las escuelas fue eliminada y todos los centros de enseñanza pasaron a la jurisdicción del Ministerio de Educación nazi. Ortega acabó con los sindicatos de maestros y con la autonomía escolar y todos los centros públicos pasaron a formar parte de un sistema educativo centralizado. Ortega también destruyó la autonomía universitaria.
Hitler utilizó la desnacionalización como herramienta de persecución contra quienes consideraba enemigos, particularmente contra los judíos. La Ley de Cancelación de la Naturalización y el Despojo de la Nacionalidad Alemana del 14 de julio de 1933 tenía como objetivo quitar la ciudadanía a los judíos que se establecieron en Alemania entre 1918 y 1933. Meses después promulgó otra ley que le quitó la ciudadanía a los judíos alemanes que residían en el exterior y les confiscó sus bienes. Cualquier semejanza con Nicaragua no es mera coincidencia.
La seguridad del Estado nazi, la Gestapo, fue la precursora de la Stasi, la temida seguridad del Estado de la Alemania Comunista. Muchas de las técnicas empleadas por la Stasi fueron desarrolladas por la Gestapo. La Stasi jugó un papel fundamental en el entrenamiento de la Seguridad del Estado sandinista de los años ochenta.
Existen otras similitudes que muestran claramente que Ortega ha copiado a Hitler en muchas cosas, entre ellos la manipulación de la juventud, las políticas agrarias y la eliminación de figuras políticas populares que representaban competencia para el líder. Ni en la marca de automóvil que usa Ortega ha sido original.
Hitler creyó que su proyecto político se mantendría durante mucho tiempo, mil años para ser exactos, pero solo duró 12 años. Ortega cree que su proyecto totalitario será igualmente largo, también se equivoca, igual que se equivocó Hitler, al creer que el mal iba a perdurar. Es cuestión de tiempo: a todas las dictaduras les llega su momento, todas, tarde o temprano caen, y en eso ambas, la de Hitler y la de Ortega, también se parecerán.
El autor es economista y opositor nicaragüense en el exilio.