La del domingo pasado fue una noche de recuento de los votos muy emocionante y llena de incertidumbre, pues las encuestas preelectorales daban por descontado que el ganador de las elecciones sería el bloque de la derecha y conforme avanzaba el recuento los pronósticos se iban pulverizando y en los primeros momentos contra toda previsión ganaba el PSOE.
Me explico, los resultados en cifras de escaños parlamentarios fueron los siguientes: el Partido Popular (PP) de centro-derecha ganó las elecciones con 136 escaños, seguido del PSOE presuntamente socialdemócrata con 122; Vox supuestamente de extrema derecha 33 asientos; Sumar, partido de tendencia comunista, 31 asientos; Esquerra Republicana de Cataluña, de principios izquierdistas y separatistas, 7 escaños; Junts per Cats, otro partido separatista catalán que viene de la derecha, obtuvo 7 escaños; Eh/Bildu, separatista vasco y heredero del terrorismo etarra, 6 asientos; PNV, partido de derecha separatista vasco, 5 asientos; BNG, partido gallego comunista y separatista 1 asiento; Coalición Canaria, de centro derecha, 1 diputado; y UPN (Unión del Pueblo Navarro) 1 escaño.
Estos resultados suman los 350 diputados que integran el Congreso de los Diputados y para formar gobierno según el parlamentarismo se necesitarían 176 escaños, que es la mitad más uno del total mencionado.
El PP, una vez terminado el recuento hora y media más tarde de cerrar los colegios electorales logró 136 escaños, 47 más de los que tenía en la pasada legislatura, superando en 15 escaños al PSOE, y ha pasado de tener 120 a 122 escaños, liderados respectivamente por Alberto Núñez Feijóo y Pedro Sánchez, los dos únicos partidos con posibilidades de acceder a la presidencia del gobierno, partidos que representaban el bipartidismo español hasta el surgimiento de los nuevos partidos a la izquierda como a la derecha, como Podemos y Vox y en estas elecciones Sumar, que engloba a 14 partidos izquierdistas y comunistas.
De estas elecciones no hay un resultado que determine claramente quien será el nuevo presidente del gobierno, ya que en ambos lados del arco político no llegan a la ansiada mayoría de los 176 escaños, aunque Sánchez ya gobernó en la pasada legislatura en alianza con Podemos y los separatistas vascos y catalanes e incluso con los bilduetarras, lo que le permitió lograr la confianza del Congreso y subió a la presidencia con un llamado gobierno frankestein, por los variedad de los aliados y lo mejorcito de cada caso.
En esta ocasión, aunque el claro partido ganador es el PP incluso en votos y porcentajes con un 32.98 %, encima del PSOE que obtuvo 31.72 %, no tiene posibilidades de llegar a la presidencia del gobierno por la aritmética parlamentaria, pues aunque sumando los votos de Vox y los de Coalición canaria y UPN, no llega a los 176 escaños que como he dicho es la mayoría absoluta.
Por el otro lado del escenario, tampoco el PSOE, tiene claro que pueda llegar a la presidencia aun sumando de su lado a todos los partidos más escorados a la izquierda, con Sumar como aliado preferencial y todos los demás partidos separatistas vascos y catalanes como PNV, EH/Bildu y ERC de Cataluña, tampoco la suma de los votos no da para formar Gobierno. Pero Pedro Sánchez es seguidor a pies juntillas de aquella frase que me viene a la mente pronunciada en nuestro país por Tomás Borge, que decía “hagamos lo que tengamos que hacer para conservar el poder, pero no entregarlo” con las naturales distancias y con otros adornos como “buscar votos aunque sea bajo las piedras”.
Sánchez el secretario general del PSOE, es decir su líder, es un personaje altanero, arrogante, prepotente, ambicioso como el que más y que quiere seguir en la Moncloa (sede del Gobierno), no cejará en empeño, pero la única opción en su caso sería contar con los votos del fugado líder de Junts por Cataluña, que vive en Bélgica.
En este escenario la aparición del líder de Junts per Cataluña, Carles Puigdemont, para que puedan conquistarlo para aliarlo al gobierno de Sánchez lo tiene muy difícil porque Puigdemont no quiere entrar en el juego de las ofertas que le vengan del PSOE y sus aliados, porque sencillamente no confía en Pedro Sánchez, un mentiroso de tomo y lomo que lo que dice en la mañana lo puede cambiar por la tarde.
Los medios de comunicación de España, turiferarios de Sánchez y del PSOE, creen que puede conseguir formar gobierno, pero la piedra en el zapato la tiene en Puigdemont, ya que sus seguidores saben que los dos objetivos del mismo son su inmunidad y el referéndum para la separación de Cataluña y ambos aspectos son las dos caras de una misma moneda.
Aún en el caso de que entrara en negociaciones, para conceder un indulto o una amnistía a Puigdemont, esto no es un trámite de hoy para mañana, pues lo primero sería traerlo a España, encarcelarlo y seguirle su juicio por los trámites correspondientes que tampoco termina en un mes o en unas semanas. Ya lo vimos en el caso de los encarcelados por el llamado “pròces” o referendo que fueron juzgados por sedición, les costó la cárcel y penas entre 9 y 13 años de prisión, aunque solo cumplieron tres años al ser indultados por el gobierno de Sánchez, para que le siguieran dando su apoyo al llamado gobierno Frankestein, pues en caso contrario le quitarían el apoyo con lo que el gobierno caería.
España en estos momentos está en serio problema. Renovar el mandato al PSOE y sus aliados sería seguir en una deriva peligrosa para la unidad de España y su democracia ganada en la transición Española después de la muerte de Franco, y que logró unir a todas las fuerzas políticas entonces existentes y que ha servido incluso de ejemplo para muchos otros países que han transitado de la dictadura a la democracia.
Es momento de reflexión después de estas elecciones en las que quizás el PP no logró consolidar sus resultados que todos daban por seguro que ganarían con mayor margen que el que resultó finalmente; y precisamente el otro error que cometió el PP fue no haber comparecido al segundo debate, después de haber acorralado al líder del PSOE en el primero y dejar solo a Santiago Abascal, líder de Vox, al que, como decimos en buen nicaragüense, le “echaron la vaca” Pedro Sánchez del PSOE y su aliada de Sumar Yolanda Díaz.
Pero no hay que dar todo por perdido, ya que si PSOE y sus aliados no llegan a la mayoría absoluta para seguir en la Moncloa quedará la posibilidad de repetir elecciones de conformidad con el artículo 99 de la Constitución, que en su apartado 5 dice: “Si transcurrido el plazo de dos meses, a partir de la primera votación de investidura, ningún candidato hubiere obtenido la confianza del Congreso, el Rey disolverá ambas Cámaras y convocará nuevas elecciones con el refrendo del Presidente del congreso”. Esto teniendo en cuenta que el rey con las condiciones impuestas por el apartado 1 del mencionado artículo 99 es quien propone el candidato a la presidencia del gobierno. Es decir la pelota sigue en juego y todo está todavía abierto.
El autor es abogado nicaragüense residente en España.