La respuesta a esta pregunta es fácil: Nicaragua no gana nada con esa relación, inclusive podría perder, a juicio de analistas internacionales independientes.
Pero la verdad es que el régimen sí podría obtener algún beneficio material con el estrechamiento de esa relación, aparte de la satisfacción ideológica de “hermanarse” a un régimen afín y por el avance del plan para sacar a Nicaragua de la órbita del mundo democrático occidental liderado por Estados Unidos y la Unión Europea, y ubicarla en la zona de influencia de Rusia y China.
Decimos lo anterior a propósito de la información y los comentarios acerca de que el régimen de Nicaragua establecerá una embajada en Corea del Norte y que esta instalará la suya en Managua.
A juzgar por sus comentarios, es evidente que los analistas de línea independiente y los portavoces opositores siguen sin entender por qué el régimen de Nicaragua establece relaciones diplomáticas con Estados como el de Corea del Norte, que no reportan ninguna clase de beneficios económicos al país ni al pueblo nicaragüense. Por el contrario, causan gastos innecesarios con la instalación de embajadas y más tensiones internacionales, por tratarse en el caso de Corea del Norte de un enemigo declarado de EE.UU. y de las democracias liberales de Europa y Asia, como Japón, Corea del Sur y la República China de Taiwán.
Precisamente fue para comentar la ruptura de relaciones diplomáticas del régimen de Nicaragua con Taiwán, a fin de sustituirlas con la China comunista, que el 6 de marzo de este año publicamos un editorial titulado Ideología y pasión en las relaciones internacionales.
Vale la pena recordar ahora algunos conceptos de aquel editorial, en el cual comentamos que Nicaragua salió perdiendo económicamente con el cambio de socio chino. “La explicación de esto —dijimos entonces— es que las relaciones internacionales de los Estados no se determinan solo por conveniencias económicas, sino también, y a veces sobre todo, por motivos ideológicos y alineamientos con los bloques geopolíticos”.
“Obviamente —agregamos en aquella ocasión— si se cree que la política exterior de los países se mueve solo por el utilitarismo económico, la ruptura con Taiwán y la relación con China comunista no tiene sentido. Como tampoco la tiene la hostilidad oficial ´por principios´ hacia Estados Unidos (EE. UU.), considerando que se trata del principal socio comercial y la mayor fuente de inversiones y de remesas monetarias familiares para Nicaragua”.
Señalamos además que “hay una gran diferencia entre la estrategia de relaciones internacionales de gobiernos democráticos y la de regímenes radicales de izquierda y populistas”. Por supuesto que también a estos les interesa la riqueza y la utilidad económica en las relaciones exteriores… pero más importante para ellos es la afinidad ideológica y la coincidencia en su lucha contra un imperialismo occidental que ya no existe.
Citamos en aquella oportunidad a un renombrado científico político como es el español Antonio R. Rubio Plo, profesor de Relaciones Internacionales y de Historia del Pensamiento Político en la Universidad Complutense de Madrid, quien ha escrito que “no siempre las decisiones de los gobernantes resultan de un enfoque racional… En algunos casos sus decisiones obedecen a la ideología, e inclusive son consecuencia de sus pasiones partidistas, personales y familiares. Por eso es que tales decisiones resultan incomprensibles para los observadores democráticos”.
Esto hay que tenerlo claro para entender por qué el régimen de Nicaragua decide establecer una embajada en Corea del Norte. Pero también en otros países que ni siquiera existen realmente, como Abjasia y Osetia del Sur, que son territorios arrebatados por el imperialismo de Rusia a la República de Georgia mediante una guerra de agresión.