Boric salvó el decoro democrático latinoamericano en Cumbre UE-Celac

El retroceso de la democracia en el mundo no se debe tanto a la fortaleza del populismo y el empuje del autoritarismo en sus diversas variantes, como a la flojera de los mismos demócratas en particular de los que gobiernan en sus respectivos países.

Esto se ha visto con nitidez en la Cumbre de la Unión Europea y la Comunidad de Estados de América Latina y el Caribe (UE-Celac), realizada esta semana en Bruselas, Bélgica, los días lunes 17 y martes 18 de abril.

Para regocijo de los cabecillas de los regímenes autoritarios y de sus padrinos y amigos, esta Cumbre que reunió a los gobernantes o sus delegados de 60 países de Europa y América Latina y el Caribe, omitió deliberadamente hablar y pronunciarse sobre la gran tragedia de las violaciones masivas a los derechos humanos practicadas como política de Estado, y la supresión o menoscabo de las libertades democráticas en diversos países latinoamericanos y caribeños.

 Solo el presidente chileno de izquierda democrática, Gabriel Boric, tuvo la gallardía de denunciar esas terribles desgracias políticas, así como llamar guerra de agresión a la que está librando actualmente la Rusia autocrática contra la Ucrania democrática.

Es meritorio rescatar aquí algunos de los conceptos fundamentales de la presentación del primer mandatario chileno ante la Cumbre UE-Celac.

Categóricamente Boric expresó que “se debe caminar en la senda del respeto irrestricto a los derechos humanos como avance civilizatorio, independiente del color del gobierno que esté en el poder. En ese sentido —agregó— me siento en el deber de decir que no debieran ser tolerables en América Latina ni en ninguna parte del mundo situaciones como las que ocurren en Nicaragua hoy o la terrible crisis que ha llevado al éxodo de más de 6 millones de venezolanos que lo vemos en nuestra patria donde hemos acogido a más de un millón de ellos”.

 Fiel a sus convicciones, el presidente de Chile planteó también a sus colegas que deben “pensar conjuntamente cuál es la manera de solucionar esto y no de agravar el problema. Y por eso —agregó—  sin tutelajes debemos decir con claridad que las sanciones que se imponen de manera unilateral no están aportando a la solución”. Obviamente Boric se refería a que las sanciones como se están imponiendo ahora perjudican a la gente común y dan argumentos a los regímenes autoritarios para presentarse como víctimas y alimentar su narrativa política antiestadounidense, antieuropea y antidemocrática.

En cuanto a la guerra de agresión imperialista de Rusia contra Ucrania, el primer mandatario chileno llamó a “avanzar hacia el respeto irrestricto al derecho internacional. Lo vemos en diferentes lugares de nuestro planeta —dijo—, pero hoy, en este lugar, ha estado en debate la situación en Ucrania. Creo que es importante que desde América Latina lo digamos con claridad: lo que sucede en Ucrania es una guerra de agresión imperial, inaceptable, en donde se viola el derecho internacional”.

Hoy es Ucrania, pero mañana podría ser cualquiera de nosotros —siguió diciendo el presidente Boric—.En esto no dudemos por complacencias que se pueden tener en otro momento con algún líder, da lo mismo si cae bien o cae mal el presidente de un país, lo importante es el respeto al derecho internacional y acá se ha violado, claramente, el derecho internacional no por las dos partes, sino por una parte invasora, que es Rusia”.

La Cumbre UE-Celac de Bruselas  logró después de muchos esfuerzos una Declaración colectiva en la que se omitió la palabra agresión, pero se expresa una «profunda preocupación por la guerra en curso contra Ucrania, que continúa causando un inmenso sufrimiento humano y está exacerbando las fragilidades existentes en la economía mundial, restringiendo el crecimiento, aumentando la inflación, interrumpiendo las cadenas de suministro, aumentando la inseguridad energética y alimentaria y elevando los riesgos para la estabilidad financiera. En este sentido —se dice en la Declaración de la Cumbre— apoyamos la necesidad de una paz justa y sostenible…”

Por cierto que todos los gobernantes izquierdistas de América Latina y el Caribe aprobaron esa Declaración, incluyendo a los de Cuba y Venezuela. Solo el de Nicaragua “la embarró” al no firmar, como dijo el periódico español El Mundo, mientras que el de Chile salvó el menguado honor democrático de Europa Occidental y América Latina y el Caribe.

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